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Papa Francisco: El dinero y el poder no dan la verdadera paz

© Sabrina Fusco / ALETEIA
Pope Francis during the Palm Sunday celebration - 13 April 2014
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Quien acoge en el Espíritu Santo en el corazón tendrá una paz sólida y sin fin, a diferencia del que elige confiar de modo “superficial” en la tranquilidad ofrecida por el dinero o por el poder. Es la enseñanza que Papa Francisco ha propuesto en la homilía de la Misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta.
 
La paz de las cosas: el dinero, el poder, la vanidad y la paz en Persona, la del Espíritu Santo. La primera siempre puede desaparecer, hoy eres rico y “alguien”, mañana no, y la segunda, sin embargo, nadie te la puede “quitar”, es por tanto, la paz definitiva. La homilía de Papa Francisco es como un paso por las dos orillas de los deseos más grandes de la humanidad de todos los tiempos. Ha comenzado por la página del Evangelio de Juan, propuesto por la liturgia del día. Jesús está a punto de afrontar la Pasión y antes de ir anuncia a los discípulos: “Os doy mi paz”. Una paz, observa el Papa, que difiere completamente de “la paz que da el mundo”, porque “es un poco superficial”, de una “cierta tranquilidad y de una cierta alegría”, pero solo a un pequeño nivel.
 
“Por ejemplo, nos ofrece la paz de las riquezas: ‘Yo estoy en paz porque tengo todo arreglado para vivir, para toda mi vida, no debo preocuparme…’. Esta es una paz que da el mundo. No te preocupes, no tendrás problemas porque tienes mucho dinero… la paz de las riquezas. Y Jesús nos dice que no confiemos en esta paz, porque con gran realismo nos dice: ‘Mirad que hay ladrones… los ladrones pueden robar tus riquezas’. No es una paz definitiva la que te da el dinero. Incluso el metal puro se arruina, ¿no? ¿qué quiere decir? ¡Una caída de la Bolsa y todo tu dinero desaparece! No es una paz segura: es una paz superficial, temporal”.
 
Y con el mismo desencanto, Papa Francisco valora los otros dos tipos de paz mundana, La primera, la del “poder” que incluso, dice, no funciona: “un golpe de Estado te la quita”. Pensad, añade, en el “fin que tuvo la paz de Herodes” cuando los Magos “le dijeron que había nacido el Rey de Israel: ¡la paz se evaporó inmediatamente!”.
 
O bien la paz de la “vanidad” que Papa Francisco define como una “paz coyuntural”, “hoy te quieren, mañana te insultan”, como Jesús en el Domingo de Ramos y el Viernes Santo. La paz que da Jesús es de otro tipo.
“La paz de Jesús es una Persona, ¡es el Espíritu Santo! El mismo día de la Resurrección, Él llega al Cenáculo y el saludo es: ‘Paz a vosotros. Recibid el Espíritu Santo’. Esta es la paz de Jesús: es una Persona, es un regalo grande. Y cuando el Espíritu Santo está en nuestro corazón, nadie puede quitarnos la paz. ¡Nadie! ¡Es una paz definitiva! ¿Qué tenemos que hacer? Custodiar esta paz. ¡Custodiarla! Es una paz grande, es una paz que no es mía, es de otra Persona que me la regala, de otra Persona que está dentro de mi corazón y que me acompaña toda la vida. ¡El Señor me la ha dado!”.
 
Esta paz se recibe con el Bautismo y con la Confirmación pero sobre todo, afirma papa Francisco, “se recibe como un niño recibe el regalo”. “sin condiciones, a corazón abierto”. Y el Espíritu Santo es custodiado sin “enjaularlo”, pidiendo ayuda a este “gran regalo” de Dios.
 
“Si queréis esta paz del Espíritu, si quieres el Espíritu dentro de vosotros y sois conscientes de esto, vuestro corazón no se turbará. ¡Estad seguros de esto! Pablo nos decía que para entrar en el Reino de los Cielos es necesario pasar por muchas tribulaciones. Pero todos, todos nosotros, tenemos muchas ¡muchas! Más pequeñas, más grandes… ¡No se turbe vuestro corazón’: y esta es paz de Jesús. La presencia del Espíritu hace que nuestro corazón esté en paz. ¡No anestesiado, no! ¡En paz! Consciente, en paz: con la paz que solo la presencia de Dios da”.
 
 

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