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Mediación familiar, ¿hay esperanzas para un matrimonio «muerto»?

MEDIACJE RODZINNE
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El orientador familiar Max Galdeano, del Centro de Orientación Familiar de Terrassa (España), nos habla de este servicio poco conocido

Luis y Teresa habían decidido divorciarse de mutuo acuerdo y en el juzgado, les entregaron las medidas provisionales de separación. Iniciaron una nueva vida de separados, pero se encontraron con que había una serie de cuestiones y situaciones que les hacían discutir frecuentemente. Recordaron que alguien les habló de  la mediación familiar como ayuda para solucionar sus conflictos. No les apetecía nada a ninguno de los dos, pero hicieron el esfuerzo.

A medida que fueron dialogando y avanzando en las sesiones con el mediador, ambos fueron recuperando el interés por aquel proyecto común que creían acabado. Al final, tanto él como ella esperaban que llegaran esos encuentros, se arreglaban, e incluso los concluían con una cena.

Y volvieron a ilusionarse, a convivir, a luchar juntos. Tuvieron que hacer un papel en el juzgado que atestiguaba su “reconciliación”. Durante un par de años este matrimonio estuvo  enviando dos botellas de cava por Navidad a su mediador como muestra de agradecimiento.

Quizás este no es el final habitual de las rupturas familiares, pero también existen casos de parejas que logran reconciliarse. Por eso, su mediador, Max Galdeano, no cierra la puerta a esa posibilidad cuando se encuentra frente a un matrimonio “fracasado”.

¿Cuál es la frontera entre la mediación y la orientación familiar? ¿Qué ofrecen los Centros de Orientación Familiar de la Iglesia? Para intentar clarificar un poco este tema, nos lo explica en la siguiente entrevista a Aleteia este orientador y mediador familiar, voluntario en el COF Mare de Déu de la Salut del Obispado de Terrassa y responsable de la ONG Acción Familiar de Barcelona en temas de familia.

– ¿Qué podemos entender por mediación?

El inicio de la mediación familiar está en los procesos de separación y divorcio. Surge como un método para gestionar los conflictos que se forman por dificultades que bloquean los acuerdos entre los miembros de la familia, evitando los procesos judiciales de carácter contencioso ( si es posible), o bien para poner fin a los ya iniciados o bien para rebajar su alcance e intensidad.

En cualquier caso se pretende facilitar la comunicación entre las personas para que gestionen ellas mismas una solución a los conflictos que les afectan. Lo hacen con la presencia del mediador o mediadora.

Los principios por los que se rige un proceso de mediación son la voluntariedad, la confidencialidad, la neutralidad y la imparcialidad, así como la buena fe y la presencia de los protagonistas.

Ahora bien, las familias cambian, así como sus necesidades y demandas. No todas las familias que están pasando una dificultad o tienen un conflicto, han o van a iniciar un proceso de ruptura.

Cuando acuden a ti, lo hacen pidiendo ayuda; muchas veces no saben si eres mediador, orientador, psicólogo, trabajador social, etcétera. Ellos saben que les han dicho que les puedes ayudar.

Muchos vienen con la idea de que el problema que ellos tienen, “tú se lo vas a solucionar” y eso no es así. Cuando vas hablando con ellos descubres cuál es la “realidad” de su relación, y muchas veces no tiene nada que ver con la demanda inicial.

Por lo tanto se inicia un proceso en el cual, muchas veces, no se sabe la dirección que tomará.

– ¿Entonces mediación incluye posibilidad de reconciliación?

Yo creo que sí. Seguro que hay otros mediadores profesionales que negarán esta posibilidad. Yo hablo por experiencia personal de bastantes años. Está claro que si una pareja tiene decidido separarse, nadie se lo va a impedir. Tu trabajo está en ayudar a que lleguen a un acuerdo en su convenio regulador y si no lo consigues, pues intentas rebajar un poco la tensión en su relación. El resto es terreno de los abogados y del juez.

Yo he tenido bastantes parejas, que habiendo iniciado el proceso de separación, han venido derivadas del Centro de Mediación Familiar y una vez finalizado el trabajo, me han comentado que si ellos, antes de iniciar su separación, hubieran sabido de la existencia de la mediación, seguramente no hubieran terminado así.

También hay demandas de personas que, ante unas dificultades, no saben qué camino seguir y acuden a ti. Tú trabajas con ellos, los acompañas, pero la decisión siempre es de la pareja, de los cónyuges, pues ellos son los protagonistas.

El proceso de mediación familiar, y también de orientación familiar, trabaja siempre en contextos no clínicos, lo hace en contextos relacionales; este es el terreno del mediador y orientador. Cuando intuyes alguna dificultad diferente a la relacional, los derivas otros profesionales para que realicen una intervención más adecuada.

– ¿Habría que hablar entonces de terapia familiar?

En algunos casos sí, pero no en todos. Pueden necesitar la ayuda de un psiquiatra, de un psicólogo clínico, o de un terapeuta familiar. El terapeuta familiar, como profesional homologado y habilitado, ayuda a resolver conflictos o situaciones que pasa un grupo familiar.

Aquí la familia es vista como un todo, es decir se toma al grupo entero como sujeto de tratamiento y no sólo a algunos miembros. Se considera siempre que el objetivo principal es un mejor funcionamiento de la familia completa, es decir, como un todo, y aboga por su bienestar y el de cada uno de sus miembros.

Como se puede comprobar es un trabajo muy diferente y más complejo que un proceso de mediación u orientación familiar.

– ¿A dónde puede acudir alguien que quiera solucionar sus problemas de pareja?

En principio a muchos profesionales. Antes de indicarlos, sería conveniente dejar muy claro que cuando una pareja tiene un problema, un conflicto, o está pasando una mala “racha”, en la inmensa mayoría de casos no es una pareja enferma, no tiene ninguna patología. Es decir, que en estos casos la vía clínica no será la indicada.

Se trata de una pareja, de un matrimonio cuya relación no está siendo satisfactoria o positiva para ellos. Y es a la pareja, al matrimonio, al que hay que ayudar.

Lo principal es que cuando se acuda a algún centro o profesional especializado, tengas alguna referencia de su trato, de su formación, de su experiencia; en definitiva que te genere confianza, pues sin este ingrediente es imposible mejorar y ayudar.

A nivel Iglesia, son cada vez más numerosos los Centro de Orientación Familiar, conocidos com COF’s diocesanos, que son servicios de ayuda a los matrimonios y parejas y un instrumento de ayuda para los párrocos y sacerdotes de toda una diócesis.

Aunque suelen ofertar bastantes actividades, quizás no se conocen mucho; son algo distinto a Cáritas, al Teléfono de la Esperanza, a los Servicios Sociales; tampoco son centros clínicos de Terapia Familiar o Psiquiatría.

Son lugares donde se escucha a las personas, se les acompaña, asesora, deriva y ayuda desde una visión de Iglesia. Es la cara acogedora de la Iglesia ante unas personas que lo están pasando mal, que reclaman tu atención, que te piden ayuda.

No siempre les puedes ayudar directamente, ni solucionar sus problemas, pero sí que siempre les escuchas, ayudas, alientas y estás a su lado; hablamos siempre de atender problemas matrimoniales, de pareja y también de relaciones paterno filiales.

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