Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
domingo 28 noviembre |
Santa Catalina Labouré
Aleteia logo
Espiritualidad
separateurCreated with Sketch.

También cuando quedas apartado: la lección de Tomás

© pedronchi / Flickr / CC

Carlos Padilla Esteban - publicado el 28/04/14

Sufrió por no estar presente en la aparición del resucitado a los apóstoles, pero Cristo volvió por él

Hay veces en la vida en las que no estamos en el lugar correcto. Nos equivocamos. No estamos presentes cuando ocurre algo importante. Nos lamentamos después.

Lo mismo le pasa a Tomás. Justo en el momento en que llega el Señor, el momento en el que se hace presente, no está él.

Justo cuando tenía que experimentar su amor, tocar sus heridas, escuchar sus palabras, recibir su paz. Justo ese día está ausente. ¡Cómo sería su dolor y su pena! Sufre la angustia ante un Dios que se hace presente y no echa de menos su presencia. Un Dios que elige el día y la hora equivocados. Un Dios que se abaja y justo no cuenta con él. Siente que todo pasó cuando él no estaba.

Los demás tampoco le echaron de menos. ¡Cuántas veces nos pasa eso! Queremos estar, queremos que las cosas pasen cuando estamos nosotros, y que nosotros seamos los protagonistas. Queremos que todo gire en torno a nosotros. Estar al tanto de todo, saberlo todo, estar informados.

El error de Tomás no fue tanto no creer que Jesús había resucitado, sino no admitir que hubiese venido sin estar él presente. Nos cuesta alegrarnos por el otro. Tenemos que aprender a salir de nosotros mismos y a mirar la vida del otro con alegría, a dar gracias por lo que le sucede al otro aunque yo no tenga parte en ello, aunque no haya sido gracias a mi ayuda.

Tomás no fue capaz. Su herida le dolía tanto. ¿Por qué justo cuando él no estaba? No se lo merecía. La indiferencia, ¡cuánto nos duele! Que no se acuerden de nosotros es muy doloroso.

Fueron ocho días entre la primera y la segunda aparición de Jesús. Ocho días en que Tomás se sentiría excluido de la alegría y la esperanza del resto de los apóstoles. Seguramente se cerró su corazón, se aisló.

Cuando estamos tristes nos duele la alegría de los demás. Quizás Tomás prefería que no se hubiese aparecido, que no estuviese vivo, a que todo sucediese cuando él no estaba. Nuestra envidia, nuestros celos. Nuestra autorreferencia.

Siempre me impresionan esas personas que se preocupan por otros sin pensar en ellos. Que se alegran de corazón ofreciendo su renuncia sencillamente, sin esperar el agradecimiento. Esas personas aman como Jesús, como María. Y hacen que el mundo sea mejor.

Tenemos que trabajar los sentimientos del corazón. Cada uno de nosotros tiene su lugar en la vida, su misión. Tenemos que educarnos, y pedir ayuda a María, para cuidar el lugar del otro y proteger su misión. Admirar al otro por lo que es. Agradecer por la vida de los más cercanos.

«Hemos visto al Señor», es lo que le dicen a Tomás. Quieren compartir con él lo que han vivido, su alegría. Seguramente se lo cuentan todos atropelladamente, quizás ninguno supo ver cuánto le dolía.

Tomás no se fía de los otros. ¡Qué valioso es aprender a fiarse de lo que los otros viven aunque yo no lo viva, de lo que los otros creen! Pero Tomás quería tocar a Jesús. No le valía que otros lo hubiesen visto. Quiere ser él. Quiere tocar sus heridas.

Pero Jesús ya no está. Él lo había dejado todo por seguirlo. Lo había amado, lo necesitaba tanto, y ahora no está y no sabe qué hacer. Su vida no tiene sentido. Y encima los demás dicen que lo han visto.

Él no estaba allí y no lo cree. No puede creerlo. Fueron los ocho días más difíciles de la vida de Tomás. Se sentía solo. Antes, desde la muerte de Jesús hasta ahora, había compartido el miedo con el resto de los apóstoles y su falta de paz. Pero ahora, su alegría le molestaba. Nadie le comprendía. Y él, deseaba con todas sus fuerzas creer y estar con Jesús.

Pero Jesús siempre vuelve, siempre sorprende de nuevo. Pasados ocho días Tomás sí estaba presente. Estaban todos. Jesús volvió por él, porque lo amaba. Lo miró con ternura, viéndolo tan débil. Tomás temblaría, recordando su incredulidad.

Jesús vio detrás de esa incredulidad y su dureza su anhelo de estar con él. Vio cuánto necesitaba Tomás tocarle para creer, no ya en su resurrección, sino para creer en su amor. Se adaptó a su petición, a su capricho de niño frágil. A su pequeñez. Y Tomás le tocó. Acercó su mano. Le reconoció en su herida. 

Tags:
almafe
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.