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¿Qué tienen que ver la inmigración con el terrorismo y la delincuencia?

© DR
"Plus jamais ça !"
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La llamada del Papa Francisco en Lampedusa “ha entrado por un oído y ha salido por otro"

A expensas de que se de luz sobre estos hechos, ha entrado en la agenda informativa de los medios esta semana no sólo el fallecimiento de catorce subsaharianos en las costas de Ceuta que intentaban entrar en el España, sino también la denuncia de varias ONG´s de ayuda al desarrollo sobre una previsible ilegal, y en todo caso, inmoral, acción policial. 
 
Al margen de esto, pero indirectamente muy relacionado con ello, estoy completamente de acuerdo con Manuel Rivas, que en el diario El País advierte de la frivolidad del despacho de los ministros de interior de la Unión Europea reunidos en Cracovia esta misma semana, en el que se dice que su reunión ha sido muy satisfactoria pues ha servido para reforzar las fronteras “con el objetivo de mejorar la lucha contra el terrorismo internacional, la inmigración irregular y la delincuencia organizada”.
 
Yo tampoco alcanzo a entender que tiene que ver la inmigración con el terrorismo y la delincuencia, lo que en castellano popular viene a ser una inmensa “empanada mental”. Pero desgraciadamente si que lo entiendo. La frase revela la mentalidad política de los gobiernos europeos, que en el orden de sus prioridades políticas no esta en primer lugar el drama social y los derechos humanos de los emigrantes, sino la “irregularidad” de sus papeles, lo que les sitúa al mismo nivel que los delincuentes y los terroristas.
 
Un emigrante que para sacar adelante su familia comete el delito de intentar atravesar las fronteras de los países que colonizaron a sus antepasados, es para los gobiernos europeos igual de peligroso que un terrorista. Parece que a estos trajeados ministros de interior europeos la llamada de conciencia del Papa Francisco en Lampedusa diciéndole a sus gobiernos que todo esto es una vergüenza, les ha entrado por un oído y les ha salido por otro.
 
En realidad se desvela el mismo criterio de fondo que utilizaba recientemente la concejala socialista de Boadilla del Monte en Madrid, al defender que a los niños con discapacidad no se les debe dejar nacer por lo mucho que le cuesta la Estado su tratamiento. En el caso de los emigrantes, ni sus derechos, ni su dignidad, y ni siquiera su vida, valen nada al lado de lo mucho que le cuesta a los estados europeos acogerlos, aunque sólo sea unas horas para dejar que les den una manta, un bocadillo, rellenar unos impresos, y repatriarlos. 
 
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