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¿Qué ha hecho la Iglesia católica por la paz?

© Sabrina Fusco / ALETEIA
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Grandes iniciativas como las instituciones medievales de Paz y Tregua y las iniciativas de los papas contra las guerras han marcado la historia

La Iglesia siempre ha considerado la defensa de la paz como un acto de caridad cristiana porque la guerra, la violencia y la inseguridad son males endémicos de la sociedad contrarios al Evangelio. Sus pronunciamientos, iniciativas, experiencias,.. a favor de la paz son incalculables.
 
Sí pueden recordarse algunas grandes iniciativas pacificadoras que ha llevado a cabo a lo largo de la historia, como hizo el historiador y vicario episcopal de Barcelona Joan Galtés el pasado 21 de enero en una conferencia enmarcada en las Jornadas de Cuestiones Pastorales Castelldaura 2014.
 
Enfocando la atención en algunos territorios europeos, el sacerdote se refirió en primer lugar a las instituciones de Paz y Tregua, nacidas en el siglo X, con las que la Iglesia pretendía limitar los estragos de la violencia y crear espacios de paz, incluso dentro de los periodos de guerra.
 
Como explicó Galtés, los obispos de Elna y de Vic , hacia el 1020, habían establecido unos primeros estatutos en favor de la paz. El 16 de mayo de 1027, el gran Oliba, obispo de Vic , presidió un sínodo en Toluges, cerca de Perpiñán, que reunía al clero y a una multitud de fieles, hombres y mujeres, y por primera vez Oliba proclamó la Paz y Tregua.
 
La Paz de Dios, ya instituida anteriormente, prohibía atacar en todo tiempo un monje, un clérigo, las mujeres y las familias en sus ocupaciones domésticas, violar una iglesia y las casas situadas en su entorno dentro de un espacio de treinta pasos (la Sagrera).
 
La novedad de la Paz y Tregua era que imponía un cese temporal de hostilidades en determinados momentos y períodos del año litúrgico.
 
A partir de ese momento, esta institución benéfica se extendió por otras regiones de Francia y de España, y pasó a Alemania e Inglaterra e Italia. Desde entonces se celebraron asambleas de Paz y Tregua con la adhesión de la autoridad civil, es decir, los condes y los reyes. Muchos acuerdos pasaron a los repertorios de los juristas, como por ejemplo los Usajes.
 
Aparte de ello, la idea de la guerra justa también se desarrolla en la época medieval, aunque ya se encuentra en el pensamiento de San Agustín. Se establece que la violencia podía ser aceptable cuando se trata de una causa justa o defensiva. De esta idea se ha derivado la justificación por parte de la Iglesia de determinados enfrentamientos bélicos.
 
Para el historiador, “la cuestión, sin embargo, es saber cuándo y quién debe determinar la supuesta causa justa. De hecho, toda guerra es un gran mal que se opone al amor efectivo del Evangelio”.
 
Respecto a la época contemporánea, Galtés señaló que los Papas han interpuesto su autoridad moral contra la guerra y a favor de la paz.
 
Benedicto XV, durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), procuró por todos los medios conseguir una paz justa, pero no encontró apoyo en los responsables de los diversos países y su neutralidad fue mal entendida y criticada.
 
También Pío XII intentó romper la espiral beligerante que llevó a la Segunda Guerra Mundial: "No se pierde nada con la paz, todo puede perderse con la guerra”, dijo el 24 de agosto de 1939, pero su clamor no fue escuchado; tampoco fue atendida su petición de una tregua por Navidad. Años más tarde, Pío XII fue reprobado injustamente por no haber defendido suficientemente los judíos durante la persecución nazi, sin tener en cuenta su actuación por la vía diplomática y su acción caritativa en favor de los judíos.
 
Finalmente, el historiador recordó “el gran número de cristianos que arriesgaron sus vidas para salvar a otros”, y algunos ejemplos actuales, como la actuación decidida de Juan Pablo II contra la guerra de Irak y la más reciente del Papa Francisco contra la guerra de Siria y la intervención armada de los Estados Unidos en ese país.
 

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