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¿Apertura del Archivo Secreto de Pío XII? Ya falta poco

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Habla Peter Gumpel, relator de la causa de beatificación: los primeros interesados en que se sepa la verdad sobre Pío XII somos nosotros

Pocos días después de la publicación de nuevas indiscreciones sobre la apertura del Archivo Secreto Vaticano, noticias prontamente puntualizadas por el portavoz vaticano Federico Lombardi, Aleteia ha querido encontrar a la persona que mejor que nadie ha extudiado las cartas del Archivo Secreto de Pío XII, el jesuita Peter Gumpel, Relator de la Causa de Beatificación del Papa Pacelli.
 
Se trata de una larga entrevista que publicaremos en varias entregas. En esta primera parte, el padre Gumpel nos cuenta todo lo que es posible saber sobre el Archivo Secreto Vaticano.
 
– Padre Gumpel, ¿cómo ha llegado a ocuparse de Pío XII?
 
El 1 de septiembre de 1960 fui llamado a la Cura generalicia de la Compañía De Jesús; hasta aquel momento había trabajado como prefecto y profesor en el Pontificio Colegio Germánico Húngaro. Fui nombrado primer asistente y, en el caso de que fuera necesario, Sustituto del Postulador General de nuestra orden, que tenía 70 causas de beatificación y canonización, y 30 causas de no jesuitas, especialmente de laicos. Por tanto, un gran trabajo. Al mismo tiempo fui encargado de asistir al profesor Paolo Molinari, el Postulador general, que había sido llamado como Perito del Concilio Vaticano II, un nombramiento que querían darme también a mí y que rechacé, con la condición de que siguiera todo el desarrollo del Concilio desde dentro y tuviera libre acceso al trabajo de las Comisiones, también de la teológica. Después, en 1983, tras haber sido durante 12 años Consultor Teologo de la Congregación para las Causas de los Santos, el papa Juan Pablo II me nombró, tras la nueva legislación de 1983, Relator.
 
– ¿Qué es un relator? ¿Qué derechos le daba este papel respecto a los archivos?
 
El relator es un oficial de primera clase en la jerarquía vaticana. Yo fui asignado a la Congregación para las Causas de los Santos, con la tarea de ocuparme de 80 causas y verificar si por el lado histórico y teológico todo el material presentado a la Congregación era fiable, o si había lagunas, y eventualmente ordenar nuevas investigaciones: en resumen, tenía que controlar todo. Y para hacer este trabajo, por orden de Juan Pablo II, se me dio acceso libre e ilimitado a todos los archivos vaticanos, y de modo particular, al Archivo Secreto y al Archivo de la Secretaría de Estado.
 
– ¿Cuál fue su impresión al abrir los archivos?
 
A raíz de esta orden del Sumo Pontífice, fui invitado a dar un vistazo, una primera visita a este Archivo Secreto Vaticano, y un alto oficial tuvo la bondad de acompañarme durante tres cosas para ver lo que había y que me diera cuenta de la situación. En esta visita vi estanterías de muchos centenares de metros de largo, y en los estantes había largas cajas de cartón. A petición mía, uno o dos de ellos fueron abiertos, y pude ver lo que había dentro. Encontré una mezcla de cosas, materiales muy distintos y heterogéneos, y me pregunté cómo se había llegado a esta situación. Se me explicó esto: durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, a menudo llegaban al día unas mil cartas a la Santa Sede, de contenido muy dispar, muy diverso. En aquella época el personal era limitado, daban una rápida respuesta, y después las cosas se colocaban en estos contenedores con la esperanza de poderlas ordenar un día.
 
– Pero ¿por qué este material ha permanecido “secreto”?
 
Hay que saber una cosa, y esto es importante: todos los Estados tienen un límite de tiempo en el que no se pueden consultar los archivos estatales. En algunos casos son 30 años, en otros 50, en algún caso incluso 100 años. En el Vaticano no hay una ley que determina esto, pero hay una norma según la cual los archivos relacionados con un pontificado son accesibles 70 años después de la muerte del Sumo Pontífice. Esto quería decir que, en el caso de Pío XII, de cuya causa yo era responsable como Relator, las actas de su pontificado deberían abrirse en 2028, al haber muerto él el 9 de octubre de 1958.
 
– ¿Qué consistencia tiene el material de este archivo de Pío XII?
 
Muchas personas no se dan cuenta. ¡Hablamos de 16 millones de folios! Una enormidad de cartas enviadas a la Santa Sede, de respuestas dadas, etc. Usted puede comprender que para poner el orden este material ha hecho falta un trabajo enorme. El personal era muy limitado: durante los primeros 20 años, había sólo 2 archiveros profesionales. Ahora hay muchos más, dada la exigencia de hacer finalmente accesibles estos archivos. Y es lo que nosotros queremos, también para poder combatir tantos ataques y tantas idioteces que se han dicho sobre este pontificado.
 
– ¿Qué periodo cubre el material del archivo?
 
El archivo es relativo a todo el periodo de Pío XII. Si uno quiere entender lo que sucedió durante la guerra tiene que ver también lo que la precede, porque esto explica muchas decisiones tomadas. Es interesante mirar también los 12 años en que Pacelli fue Nuncio Apostólico en Alemania, y después los 9 años en que fue Secretario de Estado de Pío XI: Pío XI murió en febrero de 1939, y por tanto las actas y los archivos están abiertos. ¿Pero quién los consulta? Casi nadie.
 
Debemos también recordar que la Santa Sede con Pablo VI dio orden de publicar documentos diplomáticos que se refieren a la Segunda Guerra Mundial. Se trata de 12 volúmenes con miles y miles de documentos, una colección titulada Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial. Estos ya están publicados: yo he renido contactos con los tres expertos que se han ocupado de preparar estos volúmenes. Su primer volumen salió en 1963, y el último, es decir, el décimo segundo, en diciembre de 1981, es decir: han hecho falta 18 años. Estos expertos encontraron las cajas como yo las encontré: una tras otra, cogieron cada documento, seleccionaron lo interesante y finalmente publicaron miles y miles de páginas que son accesibles. ¿Pero quién las lee? Poquísimas personas. Lo he podido constatar en comnversaciones privadas con profesores universtarios, sobre todo en Norteamérica, y me he dado cuenta de que muchas de estas personas no conocen ni el italiano, ni el alemán, y por tanto no han tenido la posibilidad de estudiar estas Actas. También el francés les crea problemas. Nosotros, en cualquier caso, esperamos que en un periodo ya relativamente breve todas las Actas del Archivo Secreto Vaticano y del Archivo de la Secretaría de Estado sean accesibles.

 
– ¿Cómo han trabajado los archiveros?
 
El trabajo era ante todo una selección, es decir, poner junto lo que debía estar junto, porque algunas cuestiones se extendían durante años, con documentos diseminados en varias cajas. Después era necesario hacer una división según varios tipos de asuntos: algunas cartas pedían dinero, otras pedían informaciones sobre personas desaparecidas, otras eran documentos estrictamente diplomáticos. Por tanto, había una mezcla de cosas.
 
En segundo lugar, había dos posibilidades: encuadernar estas cosas o ponerlas en carpetas. La ventaja de las carpetas es que los documentos quedan sueltos y pueden fotocopiarse más fácilmente. En las carpetas es necesario asignar al material una numeración que permita al investigador encontrar fácilmente lo que busca. Además – y esto es un trabajo enorme – se tienen que indizar las decenas de miles de nombres que se mencionan: este es un primer índice, un índice de personas, que me permite verificar con relativa facilidad si una persona X tuvo contactos con la Santa Sede, y por qué motivo.
 
Después hay un segundo índiceC: según las diócesis, según los países, etc. con lo que  uno puede saber si una diócesis tuvo contactos con la Santa Sede en este periodo, de qué se trató, cuál fue la respuesta, etc. Después, el tercer índice es temático: según los temas, uno puede saber las respuestas de la Santa Sede a los distintos gobiernos, las tomas de postura fundamentales. Todo esto requiere mucho tiempo.
 
– ¿En estos años aún están trabajando en esto?
 
Sí, y han llegado ya a buen punto. Yo regularmente pregunto al Prefecto del Archivo Secreto, el obispo Sergio Pagano, “¿cuándo estais listos?”. Él naturalmente es muy cauto y no quiere fijar un día determinado, pero sin esecificar cuándo se abrirán los archivos, puede pensarse que la espera será breve.
 
– ¿Usted hace ya treinta años, de algún modo, pudo ya acceder a esas cajas?
 
Sí, inmediatamente después de mi nombramiento como relator yo acordé con los pocos archiveros de entonces, con los que tenía relaciones muy cordiales y también porque sabían que el Papa me lo había ordenado, que si en su trabajo encontraban cosas que pudieran interesarme, me mandaran una copia del documento. Esto lo hicieron regularmente, de manera que – a medida que el trabajo procedía – pude trabajar en la Posición que presentamos en 2004.
 
Por tanto, no hemos tenido prisa. En algunos casos las Postulaciones han ido de prisa, y esto a mí nunca me ha gustado. Yo soy historiador de profesión: hay que examinar cada una de las cuestiones para tener certeza científica. En este archivo no hay nada que yo no haya visto: el postulador, el profesor Molinari, y yo, hemos querido examinar cada cosa a fondo para presentar después las causa a la Congregación y someterla a las tres discusiones: primero por parte de los historiadores, después por parte de los teólogos, y finalmente de los cardenales y obispos de la Congregación. Hubo 13 votantes que dieron por unanimidad su parecer extremamente positivo y que aconsejaron al entonces Pontífice, hoy emérito, Benedicto XVI, de proceder en seguida a la Declaración de heroicidad de las virtudes del Papa Pacelli. Benedicto XVI, para el cual trabajé mucho cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, quiso considerar el tema en persona, pues hay varias oposiciones a la causa de beatificación.
 
– ¿Por parte de quién en particular?
 
Vienen principalmente de tres fuentes. Ante todo por parte de los comunistas, que hicieron una gran propaganda, llena de noticias falsas, contra Pío XII: en particular los rusos soviéticos, pero también los comunistas italianos, aunque en menor medida. La segunda categoría es la masonería, que en buena parte ha sido siempre muy anticatólica. Hay también grupos masónicos humanitarios, pero los verdaderos masones, ingleses y franceses, se dicen librepensadores y van contra toda religión.
 
El tercer grupo, y esto es penoso para mí, son algunos grupos judíos. Con todo, cuando se habla de grandes grupos de personas de una nación, de una religión, etc,. siempre hay que distinguir: yo he recibido una visita de 800 rabinos, muy fieles a la ley mosaica, que me han dicho: “nosotros no tenemos nada que ver con estos ataques a Pío XII, sabemos que ha salvado a miles y miles de personas. Le estamos reconocidos”. Pero hay judíos, a menudo ateos, que han lanzado una campaña afirmando que el Papa no hizo nada, y yendo contra las afirmaciones de muchos hebreos destacados. Por citar sólo un ejemplo, Martin Gilbert, que es considerado el mayor especialista del Holocausto, está a favor de Pío XII al 100%.

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