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Luz en las tinieblas: el tremendo martirio de la familia Ulma

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Gerardo Rodríguez - publicado el 07/01/14

José y Victoria con sus hijos son venerados como Justos entre las Naciones por el pueblo judío

Esta historia de una familia polaca que se inscribe en el drama del holocausto es también la historia y la memoria de aquellos que el mismo pueblo judío llama Justos entre las Naciones.

La pequeña patria de la familia Ulma era Markowa, una localidad situada cerca de Łańcut, que en el período de entre guerras fue una de las aldeas rurales más grandes de Polonia.

En 1931 contaba con más de 4.000 habitantes, entre los cuales había un grupo de 120 judíos. Estos últimos se ocuparon principalmente del comercio, aunque también había entre ellos un grupo de profesionales.

Las relaciones con los polacos eran buenas, sólo se registraban algunos incidentes menores.

Después de la invasión alemana y de acuerdo al orden establecido por el ocupante, los gendarmes tenían la función de vigilar, con el apoyo de la policía de la marina de guerra.

Esta última tenía sus puestos de avanzada en todas las aldeas más grandes, también en Markowa, y se componía de polacos o ucranianos.

Desde el comienzo de la guerra, los judíos fueron privados de cualquier derecho. En el Gobierno General como primera medida fueron discriminados y luego comenzó su exterminio.

La discriminación se manifestaba primero en la deportación forzada de los judíos desde el norte al sur de Polonia junto a la confiscación de sus bienes y al maltrato de una crueldad excepcional.

Más tarde se les prohibió viajar y fueron obligados a trabajar para el ocupante.

Sin embargo el exterminio comenzó con la creación de guetos en las ciudades más grandes, y más tarde con el traslado de los judíos a los campos de exterminio, donde murieron en masa.

También se aplicaron severas represalias para los polacos. Hans Frank, el gobernador general, introdujo la pena de muerte para aquellos que conscientemente prestaban ayuda a los judíos o los escondían.

A pesar de estas severas sanciones, los polacos actuaron con valentía y se salvaron durante la segunda guerra mundial aproximadamente 500.000 judíos polacos.

Una de las familias que trataban de ayudar a los judíos fueron los Ulma, José y Victoria.

Jozef Ulma nació en 1900 en el seno de una familia campesina pobre. Hizo la escuela primaria hasta cuarto grado y en 1921 fue llamado al servicio militar.

A los 29 años inició los estudios en la escuela agrícola de Pilsen. Para aquellos tiempos él era un hombre inusual, propagador de la jardinería y de la horticultura.

Instaló un vivero de árboles frutales y propició el cultivo de la morera y la cría de gusanos de seda. También fue bibliotecario en el Círculo Católico de la Juventud.

Su gran pasión era la fotografía: el mismo construyó una cámara fotográfica, donde plasmó la vida de su familia y su pueblo.

José se casó a la edad de 35 años con Victoria Niemczak, nacida en 1912. En el transcurso de siete años seis hijos alegraron el hogar, primero nació Estanislao, y luego Bárbara, Wladyslaw, Francisco, Antonio y María.

Si no fuera por un suceso trágico, hubieran disfrutado del séptimo hijo, que habría de nacer en la primavera de 1944.

Los esposos Ulma, queriendo alimentar a un grupo tan grande de hijos, compraron 5 hectáreas de tierra en la lejana Wojstawice cerca de Sokal.

Sin embargo, no pudieron instalarse allí porque repentinamente los envolvió el torbellino de la guerra.

Desde el comienzo de la guerra, José dio refugio a diferentes personas. La casa, situada lejos de la aldea, creó una cierta sensación de seguridad.

En esta casa también había lugar para los judíos: la familia Szall, compuesta por seis personas y dos mujeres de apellido Goldman y la hija de una de ellas.

A pesar de la considerable distancia y la absoluta discreción, el hecho de este escondite no pudo permanecer por mucho tiempo en la clandestinidad.

Sigue siendo un misterio quién y por qué informó a los alemanes sobre el lugar donde se escondían los judíos.

El 24 de marzo de 1944, poco después de la medianoche, desde el puesto de la policía alemana de Łańcut partieron tres carros llevando ocho funcionarios. Eran cuatro policías y cuatro agentes de la policía naval.

Al amanecer rodearon la casa de José y Victoria Ulma. En el ático estaban ocultos los judíos. Fueron los primeros en ser fusilados, y un momento más tarde, José Ulma y su esposa Victoria, que se encontraba en el séptimo mes de embarazo.

Tras el asesinato de sus padres, en medio del llanto y los gritos, los alemanes se preguntaron qué hacer con sus seis hijos. Entonces decidieron que ellos también debían ser fusilados.

A las palabras «mira cómo mueren estos cerdos polacos, que mantienen a los judíos», fueron brutalmente asesinados.

Así perecieron Estanislao, Bárbara, Wladyslaw, Francisco, Antonio y María. El mayor tenía 8 años y el más pequeño un año y medio.

Los conductores de los carros, testigos oculares de este brutal crimen refirieron que los policías luego se entregaron a la bebida y, completamente borrachos, saquearon todos los bienes de la familia Ulma.

Después de tantos años de aquellos acontecimientos se puede decir que el motivo principal de caridad que guió a los Ulma era su fe.

Testigos de su vida subrayaron que José y Victoria eran católicos, no sólo de palabra, sin con obras y de verdad.

Educaron a sus hijos ejemplarmente y con amor. Decidieron heroicamente dar la vida por los demás y así dieron testimonio de amor cristiano.

La familia Ulma fue declarada en 1995 “Justa entre las Naciones”. El Yad Vashem, el memorial del Holocausto, premió a más de 6.000 polacos, que representan el grupo nacional más consistente entre los más de 20.000 Justos reconocidos hasta ahora.

En agosto de 2003 se introdujo el proceso de beatificación de la familia Ulma en la diócesis de Przemyśl. Los documentos fueron consignados en el Vaticano el 24 de mayo de 2011.

Hasta este momento han nacido dos asociaciones católicas que han elegido los Ulma como patrones y se ocupan de sostener a las familias en dificultad.

En 2003 se comenzó a construir en Markowa un monumento en honor a los Ulma, en cuya inauguración en 2004, estaban presentes entre otros, el arzobispo Józef Michalik, obispo metropolita de Przemyśl y presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, y Abraham Segal, uno de los judíos supervivientes de Markowa.

Sobre el monumento hay una leyenda que dice: “Salvando las vidas de los otros, sacrificaron las propias: Józef Ulma, su mujer Wiktoria y sus hijos Stasia, Basia, Władzio, Franuś, Antoś, Marysia, un niño todavía no nacido”.

“Escondiendo a ocho de nuestros hermanos mayores en la fe, judíos de las familias Szall y Goldman, murieron juntos en Markowa el 24 marzo 1944 a manos de la policía alemana”, dice la inscripción.

“¡Que su sacrificio sea un llamamiento al respeto y al amor debido a todos!! Eran hijos e hijas de nuestra tierra y permanecen en nuestro corazón. La comunidad del distrito de Markowa.”

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