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España y la educación: El Informe PISA, demoledor

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El problema de la educación sigue sin resolverse: el problema es la crisis de la familia

Los nuevos datos del informe PISA 2012, referidos al nivel de conocimientos en Matemáticas, comprensión lectora y capacidad científica, nos dicen algo que no era difícil de prever: los españoles estamos instalados en la mediocridad más absoluta, ocupamos exactamente el lugar medio de la tabla de los países en los que la OCDE ha hecho la evaluación, en el bien entendido que en esos hay muchos que por su grado de desarrollo se sitúan raramente por debajo del nivel español. En otras palabras, que el ámbito de comparación no es ni mucho menos el de la excelencia. Aunque, al mismo tiempo, es necesario advertir que el peso de las sociedades asiáticas en el informe, que copan los primeros lugares, tiran enérgicamente de la media hacia arriba.
 
España no llega a la media de la OCDE en ninguno de los tres ámbitos de medición. Donde en términos relativos se obtienen mejores resultados es en Matemáticas, y los peores son los de comprensión lectora, y también en capacidad científica. Hay ahí una cierta pista de cuál es el problema. Dentro de España, se encuentran sustanciales diferencias entre comunidades, y se percibe claramente que el sur, Andalucía, Extremadura y Murcia, junto con el epicentro turístico que es Baleares, ocupan en todos los casos las posiciones de cola. También ahí hay un elemento de reflexión.
 
Decíamos antes que los países asiáticos copan los primeros lugares, y es así. El primer europeo es el diminuto ducado de Liechtenstein, en el octavo puesto, seguido de Suiza y Holanda. Finlandia, que en los últimos años se había puesto de moda entre nosotros como modelo de excelencia, retrocede hasta el lugar número 12. Al mismo tiempo se contempla el ascenso fulgurante de Polonia, que se sitúa ya en el lugar 13. Queremos subrayar en este punto que un estudio que ForumLibertas publicó en su momento (enlace), realizado por el Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, señalaba ya tiempo atrás, al indagar la relación entre rendimiento escolar y recursos, que Polonia reunía una serie de condiciones que la situaban por encima, no ya de España, algo que ahora se comprueba, sino de los resultados que debería obtener por los medios que ponía a disposición de las escuelas. Allí, este estudio situaba un elemento de reflexión que es el papel de la familia y de la sociedad en los resultados educativos. Porque esta es la cuestión. Los países asiáticos se sitúan en primer lugar por el esfuerzo, la presión, las largas jornadas de clase que desempeñan. Pero esto es lo que resulta evidente, lo que hay en el trasfondo de todo ello, sea excesivo o adecuado, es la voluntad de las familias y de la propia sociedad de empujar a sus alumnos por el camino del esfuerzo y de la exigencia.
 
España es especialista en hacer leyes educativas que no hacen otra cosa que confirmar los sucesivos fracasos. Pero, a pesar de la diversidad de estas normas, nunca hasta ahora se ha planteado ninguna relación entre la educación y la familia. Y esto es un error brutal, grave, que solo puede ser producto de la ceguera ideológica. Porque, científicamente, sabemos, como mínimo desde los estudios de Coleman, en la primera mitad de los años ochenta, que el elemento determinante del rendimiento escolar no es el centro de estudio sino la familia, y que este resulta el factor decisivo. Una familia con capacidad educativa que lleve a sus hijos a una escuela mediocre obtendrá muchos mejores resultados que una familia que no se ocupe de la educación y que lleve a su hijo a un centro de excelencia. Estos estudios se realizaban en el marco de la relación entre capital social, aquel que poseían las familias, y el capital humano en términos de rendimiento escolar. Todo esto lo sabemos, y ahora además conocemos muchos más datos, y nos referimos otra vez a uno de los estudios del INCAS (enlace), sabemos de la relación que existe entre la velocidad de aumento de la tasa de divorcios -por consiguiente no solo la cifra absoluta- y el fracaso escolar. Es uno de los múltiples datos que hoy están a nuestro alcance.
 
Pero, todo ello no sirve de nada porque seguimos empeñados en resolver la educación sin observar que ésta es el espejo de las contradicciones y fracasos de la propia sociedad. Nuestros hijos, en general los jóvenes, no hacen nada más que reflejar lo que es el conjunto del país, que, en términos de capacidad educativa, hace tiempo que es un fracaso. Porque educar significa conducir, esto es dar sentido, guiar hacia alguna parte. Y la pregunta es: ¿hacia dónde guían muchas familias españolas, hacia dónde guían los medios de comunicación de masas, el entretenimiento, a nuestros jóvenes? Ese es el problema de fondo. Y no lo resolveremos sin abordarlo. Ahora se alzarán voces que empezarán a observar a Shangai, a Singapur, a Hong Kong, para ver cuál es el secreto de su éxito, como antes se alzaron otras, a la moda, indagando por Finlandia y clamando por la equiparación. Es una visión de vuelo gallináceo, porque se detiene en el resultado final, pero no observa las raíces que propician el éxito, y estas siempre son las mismas. Por convencimiento o por la fuerza, sin estudio ni finalidad debida, sin implicación de la familia, sin conseguir que la sociedad, sus medios de comunicación, no deseduquen, es imposible obtener un buen resultado; y el retroceso que se observa en general en toda Europa, con excepciones como la ya apuntada de Polonia, y también hay que decirlo, el progreso continuado que viene registrando Portugal, nos indican bien a las claras que el mal español también está presente en otras sociedades que hasta ahora eran vistas como modelos educativos. Véase sino el vergonzante 38 lugar de Suecia, incluso por detrás de España.
 
Resumen y final: el país que se olvida de la familia, palma.
 
Artículo publicado originalmente por Forum Libertas

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