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Generación sexting: el desafío más difícil para familias y educadores

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Emanuele D'Onofrio - publicado el 25/11/13

En la lucha contra la difusión de mensajes, fotos o chat de contenido sexual entre adolescentes, la ley no es suficiente

Jóvenes y pornografía, dos universos cada vez más dramáticamente en contacto. No son sólo los casos noticiosos que aparecen en los medios de comunicación: en Italia, acaba de publicarse una investigación del Instituto Internacional de Sexología, que desde hace muchos años trabaja en las escuelas para difundir entre los más jóvenes los valores de una correcta y sana educación sexual, así como ofrecer a padres y educadores instrumentos para ayudar a formar a los jóvenes en el respecto de la dignidad propia y de los demás.

Esta investigación revela que cada vez más jóvenes se envían imágenes eróticas de sí mismos o de otros, a través de SMS o de las redes sociales, por diversión, por acoso o con fines de lucro, lo que muestra enormes lagunas emotivas y afectivas.

Para conocer mejor esta preocupante tendencia y las armas con las que se intenta combatirla, Aleteia ha entrevistado a una de las autoras de la investigación, la psicóloga y sexóloga Elena Lenzi, y al secretario de la Unión de Juristas Católicos Italianos, Fabio Macioce, profesor de Filosofía del Derecho y Biojurídica en la Lumsa. El parecer de un jurista es de la mayor importancia, si se tiene en cuenta que fue precisamente una asociación de abogados de familia de Estados Unidos la que lanzó hace unos años el grito de alarma sobre este fenómeno.

– Es aumento de este fenómeno, ¿qué problemas pone de manifiesto en la psicología del adolescente: emocionales, de aceptación, de ausencia de modelos y valores espirituales?

Lenzi: Ciertamente, la psicología del adolescente está en formación. En consecuencia, la práctica de la seducción o del envío de imágenes propias del sexting lleva a que no se permitan vivir una serie de emociones. Hay un dato preocupante respeto a la negación de las emociones: las imágenes de aparatos genitales o de sexo dejan indiferentes a un porcentaje bastante alto de adolescentes, el 16%, y esto significa que hay una negación de la emoción.

Hay también un problema de homologación: hacemos formación en las escuelas porque existe el gran problema de que los chicos de hoy quieren ser como los demás. Se llega incluso a la primera experiencia sexual para comportarse como los demás, y este es un problema enorme que se une a la carencia emotiva.

En lo que respecta a la ausencia de modelos y valores, debemos recordar que los chicos son lo que nosotros les enseñamos. Por eso, lo que los adultos debemos dar es una buena educación en la sexualidad, en la afectividad, en el respeto de sí mismo y del otro; la ausencia de esto, sin duda alguna les deja solos. De hecho, lo que encontramos son chicos que viven en gran soledad y que se sienten menos solos gracias al “me gusta” que les llega a través del envío de ciertas imágenes. Usted sabe bien que desde Facebook – y el sexting lo practican también a través de Facebook, hay aplicaciones específicas – llegan los “me gusta”, y recibir 100 “me gusta” te hace sentirte importante.

– ¿Cómo definiría la relación de los adolescentes con su proprio cuerpo?

Lenzi: Efectivamente, con el uso desproporcionado de internet – y por esto es importante ofrecer las instrucciones correctas de cómo utilizar la red – se produce una deprivación sensorial. Por eso, incluso el mostrar el propio cuerpo está vinculado al hecho de que no hay otra persona delante, ni otras miradas sobre el cuerpo, sino que el chico o chica está solo en su habitación. Por tanto, hay una relación parcial también en cuanto a la conciencia de lo que se está mostrando del propio cuerpo: muestran el cuerpo sin ser conscientes precisamente porque es un cuerpo que se está desarrollando, con el que deben volver a sentir confianza. Por otro lado, exponerlo por los motivos que decíamos – la necesidad de autoafirmarse, el sentido de la soledad – puede llevar a fenómenos graves como el ciberacoso.

– El sexting está difundido tanto entre adolescentes como entre adultos. ¿cuáles son las diferencias, desde el punto de vista psicológico?

Lenzi: La prolongación del adolescente que utiliza esta modalidad de entrar en contacto con los demás a través del sexting puede llevar a una dificultad en el adulto a manejarse en las relaciones. Cuando hablamos de sexualidad, ponemos mucha atención en la relación de los adolescentes consigo mismos y con los cambios de su propio cuerpo. Esto incluye saber decir que no, y pedir permiso. Si el adolescente no se forma en esto, surgen después los problemas que encontramos hoy en las relaciones entre adultos, donde se dan por sentados ciertas formas de actuar que deben ser por fuerza aceptadas. No se escucha, este es un problema grave del adulto.

– Cuéntenos su experiencia y la de otros investigadores del IRF en el día a día de la formación de jóvenes y adultos.

Lenzi: Nosotros hacemos educación sexual en escuelas de toda Italia, así como a grupos de familias que requieren nuestra intervención. La formación la hacemos a niños, desde los 3-5 años en adelante, y al mismo tiempo, a las familias y educadores, a los profesores. Responden bien, hay mucha implicación: los chicos se alegran de tener adultos de referencia con los que poder hablar, pero también las familias quieren comprender cómo pueden interactuar con los chicos. Los educadores, por otro lado, necesitan tener personas que les enseñen cómo actuar, porque el problema de la educación afectiva y sexual es que todos necesitan una formación.

– ¿El Derecho ha empezado a tomar en cuenta este fenómeno?

Macioce: El fenómeno del sexting en cuanto tal, al menos en Italia, no es objeto de legislación, es decir, no existen normas directamente destinadas a tratar el sexting. Esto no significa que el legislador no tenga sus instrumentos, no haya normativizado de otra forma estas prácticas: si dos menores de edad se intercambian material erótico a través de mensajes telefónicos, se producen comportamientos que están sujetos a ciertas leyes, aunque no se refieran específicamente al sexting.

Por ejemplo, si uno a través de Facebook u otras redes sociales difunde una foto erótica de una chica que me la ha enviado al móvil: si la chica es menor de edad, entramos en el ámbito de la pedopornografía, que en la ley italiana está muy duramente castigada; si el culpable es también menor de edad, en cualquier caso se ha violado la privacidad de esa persona, y ese es también delito punible. Si una persona se hace fotos de su propio cuerpo y la envía a otros con fines eróticos, si la envía a menores de edad, el comportamiento puede ser considerado acoso o violencia sexual, y si la envía a adultos, también puede considerarse acoso, o stalking, según la finalidad con la que se haga. Es decir, el legislador tiene instrumentos para hacer frente al fenómeno.

– El límite entre lo legal y lo ilegal, ¿coincide con lo que es o no es lícito desde el punto de vista moral y educativo? Por ejemplo, si dos menores de edad se intercambian imágenes entre sí, de forma consensual sin difundirlas, ¿los padres y educadores cuentan con instrumentos legales para impedirlo?

Macioce: En este caso, depende de la edad. Si superan la edad de consentimiento sexual, hay poco que hacer. Si no, los instrumentos en manos de los padres y de las autoridades son mayores, porque el material puede considerarse pedopornográfico, y su posesión ya es en sí un delito. Ciertamente, es un delito por en que un menor no puede ser castigado, pero los padres tienen la posibilidad de intervenir, según la ley italiana. Ciertamente, cuanto mayor es la edad del hijo, es menor esta posibilidad de intervención.

Una cosa es cierta: no podemos pensar que estos problemas los puede resolver el Derecho. No se puede pedir al legislador que haga lo que las familias no consiguen hacer, porque si una familia – lo hemos visto con el caso de la prostitución de menores en Roma – es tan incapaz de gestionar la relación con sus propios hijos que no puede impedir a una jovencita prostituirse, ciertamente es difícil que lo pueda hacer la autoridad judicial o la policía, a no ser que se cometan graves delitos. El Derecho es ciertamente mucho más débil desde este punto de vista: no podemos pedir al Derecho que impida a chicos de trece años que se intercambien mensajes de este tipo si no lo consiguen los padres. El Derecho no puede resolver lo que la conciencia común ha decidido que no puede resolver. Hay un problema educativo, antes que jurídico.

– También porque es difícil comprender si detrás de un intercambio de imágenes hay promesas de algún tipo.

Macioce: Ciertamente, el Derecho frente a un episodio de este tipo debe preguntarse y valorar todas las circunstancias del caso, por lo que habrá que ver si el intercambio de imágenes es con fines de lucro, de acoso, de violación de la privacidad, etc. En todo caso, sean cuales sean las circunstancias del caso, a nivel moral ya es preocupante de por sí, sea cual sea el motivo, lucro o diversión, el que dos adolescentes se intercambien fotos eróticas. A nivel moral es muy preocupante la ausencia de pudor, la ausencia de respeto por uno mismo y por el propio cuerpo.

Por esto digo que hace falta una obra educativa, de trabajo sobre las conciencias y la dignidad de las personas, sobre la capacidad de percibir la propia dignidad, sobre todo los menores. El Derecho puede intervenir también frente a violaciones de gran calado, pero está claro que llegará siempre tarde y de forma parcial.

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