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América Latina: Golpes desde el Estado

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En América Latina se han instalado gobiernos que, aun elegidos por voluntad popular, se han transformado en autoritarios

¿Qué más puede haber para preservar la democracia y el régimen de libertades en un país determinado? De allí un instrumento fundamental: la Carta Democrática Interamericana fue ideada antes de 2001, para evitar y prevenir los denominados golpes de Estado. Éstos eran, ciertamente, actuaciones de militares o civiles o civiles y militares que asumían los poderes públicos de manera voluntaria y sin tomar en consideración las formalidades que exigen los ordenamientos jurídicos democráticos.

En dos palabras, los golpes de Estado constituyen mecanismos de ascensos al poder sin la aprobación formal de la voluntad popular, o a través de elecciones. Hay toda una clasificación de los golpes de Estado, que la Carta Democrática asume de variada forma y denominación: riesgo democrático; alteración o quebrantamiento del hilo constitucional; ruptura democrática, la cual constituye, esta última,  la más significativa violación a la democracia como sistema de organización y a la democracia como derecho, muy principalmente.

Ahora, desde hace aproximadamente unos 15 años, en América Latina se han instalado gobiernos que, aun siendo elegidos por voluntad popular, han transformado sus actuaciones gubernamentales en claras tendencias autoritarias, hasta el extremo de transformarse en regímenes autocráticos. Significa, entonces, que desconocen abiertamente los criterios objetivos del sentir democrático, de la cultura democrática, como lo son: el respeto de los derechos humanos, la separación de los poderes públicos, la autonomía del poder judicial, la independencia del órgano electoral, y la violación al principio de la libertad de expresión, lo que configura en todos ellos verdaderos golpes a la democracia, que la doctrina moderna denomina con entera propiedad golpes desde el Estado.

Esto es, golpes conferidos por las autoridades públicas, a las constituciones y a las leyes, en clara usurpación de poderes, las cuales ellas de por sí, -las leyes- forman parte del armazón o andamiaje formal de la democracia. ¿Qué va a suceder en un futuro cuando los golpes desde el Estado se hagan de manera rutinaria, y cuál organismo internacional se encargaría de prevenir y sancionar a estos gobiernos acostumbrados a violar las constituciones y las leyes?

La OEA deberá reformarse y fortalecer sus controles sobre lo que significa la democracia en un determinado régimen político. No será una limitación a la soberanía, como lo alegan siempre los acostumbrados dictadores en nuestra América Latina, al contrario, el control sobre los golpes desde el Estado configuraría un mecanismo ideal para impedir los autoritarismos y sus manifestaciones perversas.

Nuestro sufrido y alterado continente latinoamericano se encuentra saturado de ejemplos de ellos, y al escribir este artículo, con la sola intención de alertar, son tantas las manifestaciones de autoritarismo, de arbitrariedad y de golpes desde el Estado, que me impide intelectualmente hacer formalmente una descripción de ellos.

Fíjese, estimado lector, lo grave del asunto y el urgente deseo de analizar su problema. 
     
Por Gustavo Briceño Vivas. Artículo publicado originalmente por Reporte Católico Laico

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