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La Regla de San Benito aplicada a la empresa

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Entrevista al prior de la comunidad de Montserrat

La Regla de San Benito, que ha inspirado la vida de monjes durante más de 1.500 años, se puede interpretar en clave de empresa y ofrece grandes claves para la dirección y la gestión: la capacidad para delegar, el uso adecuado de la palabra, el valor de la humildad,…

Lo explica en la siguiente entrevista a Aleteia el prior de la comunidad benedictina de Montserrat, Ignasi Fossas, uno de los diseñadores de las jornadas Valores y liderazgo. La Regla de San Benito, un camino para una buena dirección, celebradas en el monasterio español el año 2013.

¿Qué puede aportar la regla de san Benito a una empresa de hoy?

Puede aportar la experiencia de siglos de la sabiduría monástica condensada en un texto que ha servido para inspirar la vida de los monjes, también en su vertiente de trabajo y por lo tanto también de organización económica.

¿Cómo se aplica esa amplia experiencia en un ámbito tan distinto a un monasterio?

La Regla de San Benito ofrece lo que en las escuelas de negocio llaman job profiles, el perfil de determinadas responsabilidades.

Por ejemplo, el capítulo dedicado al ecónomo (el 31 de la regla) ofrece un perfil ideal de un consejero delegado de una empresa.

Otro ejemplo: los capítulos dedicados al abad ofrecen el perfil ideal del presidente de una compañía. O el mismo enfoque del maestro de novicios.

Aunque evidentemente en la regla está muy enfocado a la vocación monástica, puede ofrecer también elementos adecuados para la dirección de personas.

También hay otros elementos ya más generales como el dominio de la lengua -más que el silencio, lo que la regla llama en el capítulo sexto la taciturnitas, el uso adecuado de la palabra. O por ejemplo el valor de la humildad, la capacidad para delegar las propias responsabilidades cuando habla de los decanos, etcétera.

La ventaja de la sabiduría monástica benedictina en este sentido es que todos los monasterios tienen una experiencia empresarial, desde los más pequeños que tienen simplemente una tienda para vender recuerdos o comercializar los productos que elaboran hasta grandes que tienen universidades, empresas de servicios o que gestionan muchas personas, porque la misma regla insta a los monasterios a ser autosuficientes económicamente también y esto significa ganarse la vida con el propio trabajo y por tanto organizar.

Se trata no sólo de una teoría recogida en un texto clásico, sino de unos principios contrastados por la práctica secular. Una historia de 1.500 años en la que ha habido de todo pero que funciona.

Un elemento interesante o curioso es que por nuestra corta experiencia, a las personas que asisten a estos cursos de la regla benedictina aplicada a la empresa les sorprende muy positivamente descubrir un texto tan cercano culturalmente a nosotros como es la Regla de San Benito, en el que pueden encontrar elementos de inspiración, porque para la mayoría -por no decir para todos- era un texto desconocido.

Les sorprende: “¿Cómo es que no nos habían dicho antes que ustedes tenían esto?”…

¿Qué tipo de personas han asistido al curso?

Muy variado, desde directivos de empresas familiares de distinto tamaño, hasta propietarios de empresas que tenían que repensar su negocio totalmente en el momento actual; también hay consultores, …

No es la primera vez que se habla de la aplicación de la regla de san Benito a la empresa. ¿Qué experiencias ha habido en este sentido?

En Alemania sobre todo, llevan años trabajando en esto a partir de monasterios benedictinos, principalmente el padre Anselm Grün, que es ecónomo del monasterio de Münsterschwarzach (Alemania). En el ámbito anglosajón también, sobre todo en Estados Unidos y en Inglaterra.

Y a nosotros nos pareció que valía la pena. Yo personalmente inicié ya hace unos cuatro años algo parecido con una profesora de la universidad Bocconi de Milán.

Reunimos en Montserrat a un grupo de ocho o diez personas del mundo de los negocios, de la empresa, de la gestión, con dos profesoras, y un servidor y el ecónomo actual de Montserrat, el padre Manel Gasch.

Ya teníamos por tanto un poco de experiencia con esto y además hemos dado conferencias a grupos más uniformes, por ejemplo un grupo de una empresa que nos lo había pedido.

¿Cómo valora el curso que se ha llevado a cabo en Montserrat?

Hemos hecho una primera convocatoria. La valoración es positiva. Ayuda también al contenido el hecho de celebrarlo en el monasterio de Montserrat: poder participar en la plegaria de vísperas y laudes de la comunidad, oír el canto de la Salve de la escolanía, participar en cierto modo del ambiente y la vida del monasterio en el contexto geográfico de Montserrat es un factor añadido que ayuda a desconectar por un lado y a conectar más profundamente por otro.

¿Por qué cree que fracasan tantas empresas hoy en nuestro país?

No soy experto y no tengo soluciones. Supongo que habrá muchos motivos, hay motivos estructurales por la situación económica, por la situación global y seguramente también por defectos de gestión, en los cuales evidentemente inciden también los principios, digamos las actitudes o los valores con las que se toman las decisiones.

¿Cuáles son los errores de dirección empresarial más comunes que la Regla podría iluminar?

Una cosa me parece importante: la primacía de la persona, la preocupación por cada persona concretamente, por definir bien el papel que tiene cada persona, la  flexibilidad dentro de la estructura, que sería complementaria a la definición y al hecho de que la estructura esté muy clara.

La regla prevé una cierta flexibilidad para desarrollar determinadas responsabilidades. Pueden dejar de ejercerse y no pasa nada.

La estructura monástica tiene una diferencia importante respecto a una empresa: el objetivo de la actividad económica del monasterio no es directamente remunerar a los accionistas ni los propietarios, sino mejorar o favorecer el servicio que se quiere ofrecer o mantener el patrimonio para que así pueda continuar con la actividad que se lleva a cabo.

En una empresa esto es distinto, no necesariamente tiene que ser así. Este es un elemento interesante: al plantear la posible utilidad de la Regla en la gestión empresarial creo que hay que ser honrado también y plantear junto a lo que puede ser útil para las empresas, lo que es diferente.

En los monasterios, uno ingresa porque siente la vocación y por tanto compromete de alguna forma toda su vida y toda su persona. En el ámbito del trabajo las personas se comprometen, pero no toda su vida ni toda la persona necesariamente. No planteamos a los empresarios que jueguen a ser monjes.

¿Cuál es su experiencia en su empresa de Montserrat?

Yo estuve seis años de administrador y para mí una lección importante es la importancia de las relaciones humanas.

El porcentaje más elevado de mi trabajo, con mucho, son las relaciones humanas y esto es fundamental: tener un buen equipo, establecer relaciones sanas con las personas que ayuden a colaborar, a estar motivados, a gestionar también las diferencias, a enfocar los problemas positivamente, esto es importante.

Y en segundo lugar, poder descubrir que la gestión, que parece lo más material de la vida en el monasterio, precisamente puede ser una ocasión de crecimiento espiritual, incluso una aventura espiritual.

A veces en los monasterios parece que el ecónomo tiene que ser el que está más en contacto con las cosas materiales porque tiene que preocuparse por la economía de la comunidad y en cambio, como explica Anselm Grün, es precisamente una de las responsabilidades donde se incide más en el ámbito espiritual.

Hay quien dice que en lo relacionado con el dinero es donde se conoce mejor a las personas…

Nosotros empezamos el curso diciendo: cualquier trabajo –todos tienen una cierta dimensión de liderazgo- afecta a la persona entera: cuerpo, alma, espíritu.

Es una oportunidad privilegiada para desarrollar todos estos aspectos de la persona, porque uno tiene que enfrentarse consigo mismo, confrontarse con su propia realidad, con lo peor y lo mejor de sí y cuanto más alta es la responsabilidad más intensa es esta confrontación.

Por eso, si se aprovecha la oportunidad, se pude uno desarrollar, crecer personalmente. La gente pasa una parte muy importante de su vida en el trabajo. Por tanto es normal que sea el lugar donde se conoce bien a las personas.

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