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Trata de personas, la esclavitud del siglo XXI

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La prostitución, un sector «sin crisis económica»

La trata de personas es la esclavitud más extendida de este nuevo siglo. Lo ha recordado el papa Francisco, quien combatió con valentía esta lacra durante sus años de ministerio apostólico en Buenos Aires.
 
No es casualidad que quienes caen en las trampas de esta esclavitud procedan mayoritariamente de los países más pobres del mundo. Como muy bien señala el estudio La trata de personas con fines de explotación sexual, publicado por Cáritas Española hace dos años, “la diferencia de oportunidades para la población de los países del Sur en relación al Norte, las migraciones propiciadas por alcanzar la supervivencia y la cultura del placer como objetivo en los países desarrollados son el caldo de cultivo para la creación de redes operadas por mafias oportunistas que se enriquecen mediante la comercialización de personas”.
 
Entre las víctimas de esta codicia están las decenas de miles de mujeres de países de África Occidental que cada año emigran a Europa para buscar una vida mejor. Para muchas de ellas, esta búsqueda acabará en tragedia. En el sur de Italia, por ejemplo, infinidad de jóvenes nigerianas caen en las redes de la prostitución.
 
Según datos del Instituto de las Naciones Unidas de Investigación sobre Justicia y Crimen Interregional (UNICRI), Italia es el principal destino donde han ido a parar al menos 10.000 mujeres nigerianas, entre muchas otras miles que varias organizaciones de tráfico de personas han distribuido, sobre todo desde Benin City, en el sur de Nigeria, a ciudades europeas.
 
Recientemente, la cadena de televisión Al Jazeera difundió una serie de reportajes de investigación donde desenmarañaba los entresijos de este turbio negocio. En su primera emisión, citaban a Giovanne Conzo, un conocido fiscal antimafia de Nápoles que se explicaba así: “Los delincuentes nigerianos se ponen de acuerdo con todas las mafias, desde las colombianas hasta las chinas. Pero en Italia, este juego lo tienen aún más fácil por una razón muy sencilla: el gran número de clientes italianos que buscan a las prostitutas de día y de noche”.
 
En España las cosas no son muy diferentes. Un reportaje de investigación publicado el pasado 6 de abril por The New York Times afirma que “mientras el resto de la economía en España está en crisis, la prostitución –casi siempre alimentada por el tráfico despiadado de mujeres extranjeras– prospera y se ofrece a plena vista de todos en ciudades grandes y pequeñas”.
 
El rotativo cita datos de 2010 del Departamento de Estado norteamericano, que ofrece cifras muy preocupantes: entre 200.000 y 400.000 mujeres trabajan en la prostitución en España, “y al menos el 90% de ellas son víctimas del tráfico”. Durante los últimos años se han publicado varios informes sobre el volumen económico generado por esta actividad. Uno de ellos, Los amos de la esclavitud en España, publicado por el periodista Joan Cantarero, asegura que asciende a 18.000 millones de euros al año.
 
Si hay alguna duda sobre la calificación de esclavitud que merece este negocio basta pensar en las condiciones en las que muchas de ellas son forzadas a vivir. El periódico neoyorquino menciona el caso de una joven rumana de 19 años rescatada por la policía a primeros de abril en La Jonquera, localidad fronteriza con Francia tristemente conocida por su turismo sexual de fin de semana. Sus “amos” le habían tatuado en la muñeca la cantidad que les debía: 2.500 euros. En el caso de las jóvenes nigerianas víctimas de la trata, las “deudas” que pesan sobre ellas suelen ser mucho más elevadas, del orden de las decenas de miles de euros. familiares de chicas secuestradas protestan contra trata de personas
 
Mujeres aterrorizadas
 
En su explotación intervienen dos tipos de personajes: los brothers, encargados de traerlas a Europa, y las madams, que las mantienen en régimen de esclavitud en los burdeles. Para mantenerlas bajo presión, les obligan a someterse a rituales tradicionales conocidos como “yuyu”. En el pasado, esta práctica se llevaba a cabo con fines de obligar a quienes habían cometido una ofensa en un poblado a pagar una indemnización a la parte ofendida, pero hoy día los proxenetas de África Occidental –que muy a menudo combinan el tráfico de personas con el de drogas– lo usan para aterrorizar a sus víctimas.
 
A la muchacha nigeriana que acaba encerrada en un club de carretera o en una casa de citas le dicen que tiene que pagar una enorme deuda supuestamente contraída por los gastos de viaje. Si no paga, ella o alguien de su familia morirá entre terribles dolores.
 
Vacíos legales
 
Desde que en los años 90 se intensificara el tráfico de personas, sobre todo procedentes de Europa del Este, la Unión Europea y otros organismos internacionales han intentado poner en marcha mecanismos legales que pongan freno a esta lacra.
 
La Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (UNODC en siglas inglesas) mantiene, desde marzo de 1999, un programa contra la trata de personas, en colaboración con el Instituto de las Naciones Unidas de Investigación sobre Justicia y Crimen Interregional (UNICRI). En el año 2000, ambos organismos adoptaron el Protocolo de Naciones Unidas para prevenir y sancionar la trata de personas. Pero estos son marcos legales internacionales y, al final, corresponde a cada Estado promulgar normas y hacer que se cumplan, y esto en los países de origen de donde proceden las víctimas y en los lugares donde tiene lugar la explotación.

Una piedra de toque importante de estos organismos internacionales se refiere a la coherencia entre sus principios y la observación de los mismos por parte de sus propios empleados. Una persona que trabaje hoy día para Naciones Unidas tiene que firmar obligatoriamente un código de conducta por el que se compromete a no involucrarse en actividades de explotación sexual. En teoría, al menos, ser cliente de prostitución puede ser causa de despido para una persona que trabaje en una oficina de la ONU en cualquier lugar del mundo.
 
A la hora de aplicar estos protocolos internacionales, hay que tener en cuenta que muchos de los países donde se capta a las víctimas tienen sistemas legales y policiales de una gran debilidad, además de fronteras muy porosas. Pero tampoco en sociedades desarrolladas las cosas son perfectas y, a menudo, hay vacíos legales de los que se aprovechan las mafias.mujeres protestan para luchar contra la trata de personas
 
En muchos casos se ha optado no solo por endurecer las medidas contra los responsables de estas mafias, sino también por organizar campañas de sensibilización dirigidas a los clientes y también por sancionar a estos –especialmente en el caso de la prostitución callejera– por medio de ordenanzas municipales. Este es el caso de los ayuntamientos de Barcelona y Valencia, que desde hace pocos meses imponen multas de hasta 2.000 euros.
 
Parece bastante lógico tomar estas medidas; después de todo son los clientes los que regulan la oferta y la demanda de este turbio mercado. Pero otras piezas del engranaje gracias al cual funciona el negocio de la trata siguen sin tocar. Así ocurre con los anuncios por palabras en los periódicos, un tema que ha sido objeto de encendidos debates, incluso en el Congreso de los Diputados (en septiembre de 2010), pero lo que se discutió en aquella ocasión no pasó de ser una proposición no de ley que está lejos de ser una norma de obligado cumplimiento, sino una simple exhortación a la autorregulación de la prensa.
  
El reportaje completo fue publicado en el nº 2.843 de la Revista Vida Nueva.

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