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El noviazgo: el primer paso, no el último

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La sexualidad temprana obstaculiza la buena vivencia del noviazgo

El noviazgo es el inicio de todo, el primer paso de un camino que podrá culminar en la constitución de una familia. El noviazgo inicia con una mirada, una mirada capaz de captar en el otro la esencia, su mejor parte, más allá de las apariencias.

Cuando una chica capta en un joven su belleza interior, ella es capaz de abrir las puertas de su corazón a él, aunque sea diferente, o que no esté dentro de los patrones esperados por la amigas o los papás, de esta forma, el noviazgo también significa el primer momento en que la persona aprende que el amor no es ciego, sino al contrario, entrevé más allá de las apariencias y los estereotipos.

Al ser el noviazgo una relación profunda con la esencia del ser amado, a quien le importan las apariencias y tiene el placer sexual como centro en las relaciones no es capaz de tener una relación de noviazgo, al contrario, experimenta innumerables experiencias de “quedar” y de tanto quedar, puede quedarse solo.

Maslow afirma en una ocasión que “las personas incapaces de amar no experimentan en el sexo la misma clase de emoción que las personas que son capaces de amar”.

Hoy es muy común oír de jóvenes mujeres reclamaciones sobre cómo es difícil encontrar hombres que quieran un compromiso verdadero, vivimos en una sociedad que en general experimenta una “compulsión de felicidad”, explicada por Elisabeth Lukas como una manipulación artificial de los sentimientos, una ecuación que puede ser comprendida como la desvalorización del amor y los vínculos afectivos y una supervaporización de las experiencias sensoriales, del sexo fácil y casual, del abuso de sustancias químicas y hasta del dejarse seducir por promesas ideológicas y sectarias de felicidad de toda índole. Poco se lucha por la posibilidad de amar.

Cuando las instituciones educacionales o religiosas ofrecen a los jóvenes una moral sexual que les invita a dar valor al amor por encima del sexo, lo que ocurre es un alejamiento por parte de los jóvenes de estas instituciones, empobreciendo, por otro lado, todavía más su espiritualidad e intelectualidad.

No se puede negar que las transformaciones hormonales en la adolescencia ejercen una fuerza desestabilizadora en la persona especialmente en lo que se refiere a la potencia sexual y, también, no se puede negar que, en el fondo, lo que los chicos y chicas buscan, de hecho, es la posibilidad de vivir el amor, un amor capaz de llevarlos a la realización personal.

Hay muchos adolescentes experimentando el sexo desde muy temprano en experiencias sin compromiso, aunque aparentemente parezcan maduros y conscientes de sus actos, en el fondo lo que buscan es la aceptación social, es la posibilidad de comprometerse con alguien.

En el fondo, por más moderna y desapegada que parezca una joven que se entrega al sexo en las primeras noches, ninguna mujer consigue despertarse al día siguiente sin una expectativa de tener a alguien a su lado que la valore, que quiera luchar por ella, que la ame profundamente y que la escoja para ser la mujer de su vida, la única mujer.

No lo logra, no por ser limitada o menos evolucionada, sino justamente porque no hace parte de su esencia, la esencia que busca amar también busca ser amada.

Lanzarse

El noviazgo es iniciar un camino de conocimiento, un conocimiento de dentro para afuera, es enamorarse de lo más bello del otro, lo que está dentro de su cuerpo, aquello que el tiempo no es capaz de borrar, al contrario, sólo podrá crecer. El secreto de un matrimonio feliz está en la vivencia de una relación de noviazgo consciente.

El noviazgo es lanzarse al mundo desconocido del otro, esperando ardientemente que el su amor sea aceptado y nunca superado, es permitir que el otro conozca su mundo interior y conociéndolo pueda un día decir que será capaz de comprometerse con todo su ser hasta que la muerte los separe.

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