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Seis mitos falsos de los testigos de Jehová (2)

© Paul PRESCOTT / SHUTTERSTOCK

Jorge Luis Zarazúa - publicado el 11/04/13

Afirman que el infierno no existe

Ofrecemos esta segunda entrega de nuestra serie sobre las enseñanzas falsas de los Testigos de Jehova que contradicen a la fe cristiana y que ellos apoyan supuestamente en la Biblia. El primero se encuentra aquí: http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/seis-mitos-falsos-de-los-testigos-de-jehova-1-896001

Segundo mito:

“NO EXISTE EL INFIERNO”.

Otras formulaciones del mito:
“El así llamado infierno es la sepultura común de la humanidad” y “Dios no castiga a las personas en el infierno”

Origen del mito:
Los Testigos de Jehová afirman que la enseñanza católica sobre el infierno procede del pensamiento platónico, no de la Biblia.

¿Qué dice la Biblia?
La Sagrada Escritura habla de un castigo definitivo y eterno para los que obran mal sin arrepentirse.

Empecemos por hacer una distinción importante: “los infiernos” y “el Infierno”.

a) Los infiernos. Se refieren al Šeol, considerado como la morada de los muertos. Es lo que los testigos de Jehová llaman “la sepultura común de la humanidad”. En realidad, los antiguos pensaban que había un lugar subterráneo donde “vivían” los muertos: el Šeol para los hebreos, el Hades para los griegos, el Mictlán para los indígenas mesoamericanos. Se refiere a la muerte física y se le denomina también Lugar de los muertos.

El mar devolvió los muertos que guardaba, y también la Muerte y el Lugar de los muertos devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras (Ap 20, 13).

Es el sentido que tiene en el Credo denominado Símbolo de los Apóstoles la afirmación que señala que Jesús “descendió a los infiernos”, que precisamente quiere indicar que nuestro Señor murió realmente, en oposición a la herejía de los docetas, que negaban la verdadera encarnación del Señor Jesús y, por lo tanto, su muerte y resurrección.

b) El Infierno. Este término indica un castigo eterno, anunciado ya desde el Antiguo Testamento

El gusano que los devora no morirá, y el fuego que los quema no se apagará (Is 66, 24b).

Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno (Dn 12, 2).

Por lo demás, Nuevo Testamento presenta la existencia de este castigo eterno de forma bastante clara:

No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno (Mt 10, 28b).

El texto más significativo, sin duda alguna, es el largo discurso de Jesús sobre el Juicio Final (Mt 25, 31-46).

Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! (…) El Rey les responderá: «En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí.» Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.» (Mt 25, 41.45-46).

Por lo demás, conviene subrayar que la Sagrada Escritura utiliza varias expresiones para referirse a este castigo eterno: Infierno (Mt 10, 28b; Mc 9, 45); horno de fuego y horno ardiente (Mt 13, 50); fuego eterno (Mt 18, 8b; Mt 25, 41); infierno de fuego (Mt 18, 9b); castigo eterno o perpetuo (Mt 25, 46); gusano que no muere y fuego que no se apaga (Is 66, 24; Mc 9, 48); fuego inextinguible (Mc 9, 43); suplicio eterno (Mt 25, 46); muerte segunda (Ap 20, 14; Ap 21, 8); lago o foso de fuego y azufre (Ap 20, 10); condena perpetua (2Tes 1, 9), etc.

Implica no estar inscrito en el libro de la vida (Ap 20, 15), no ingresar en la Jerusalén celestial, la Ciudad santa, ni tener acceso al Árbol de la vida (Ap 22, 14-15) y vivir lejos de la presencia del Señor y de su poderosa gloria (2Tes 1, 9).

Este castigo es consecuencia de las acciones y omisiones de cada uno de nosotros (Mt 25, 41-46), que implica cerrarse al amor a Dios y al prójimo.

Es interesante lo que nos dice Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi:

«La opción de vida del hombre se hace definitiva con la muerte; esta vida suya está ante el Juez. Su opción, que se ha fraguado en el transcurso de toda la vida, puede tener distintas formas. Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1033-1037)» (Spe Salvi, 45).

Así, pues, la existencia de un castigo definitivo y eterno no es un mito. Es una verdad presente en la Biblia.

Verdad:
Existe un castigo definitivo y eterno, al que la Iglesia denomina Infierno.

Tags:
cristianismo
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