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Víctima de la dictadura desmiente toda complicidad de Bergoglio

© Marco LONGARI / AFP

El cardenal Jorge Mario Bergoglio

Jesus Colina - publicado el 18/03/13

Declaración de uno de los dos sacerdotes torturados por los militares

Las acusaciones por complicidad con la dictadura argentina en la tortura de dos sacerdotes contra Jorge Bergoglio, ahora Papa Francisco, han quedado desmentidas por el único de los dos todavía con vida, Francisco Jalics.

El jesuita ha publicado una declaración en la página web de la Compañía de Jesús en Alemania (http://www.jesuiten.org/aktuelles/details/article/erklarung-von-pater-franz-jalics-sj.html), donde ahora vive, en la que recuerda los terribles seis meses de 1976 en los que fue secuestrado, interrogado y torturado con los ojos vendados.

Jalics desmiente la versión del periodista Horacio Verbitsky, quien tras la elección del Papa Francisco le acusó de haber entregado a las autoridades militares a los dos jesuitas.

El religioso de origen húngaro, que firma con su nombre centroeuropeo Franz, cuenta que mientras vivía junto vivía con otro jesuita, Orlando Yorio, los militares les detuvieron, pero la causa no fue una denuncia de Bergoglio, sino la detención de uno de sus colaboradores laicos.

Los militares descubrieron por su medio su relación con los jesuitas, quienes fueron detenidos e interrogados “durante cinco días”. El oficial encargado reconoció su inocencia y les prometió la libertad. “A pesar de esto, de forma para nosotros inexplicable, nos mantuvieron en prisión durante cinco meses, atados y con los ojos vendados” en una de las prisiones clandestinas del régimen. En ningún momento acusa a Bergoglio.

El religioso explica que tras su liberación se fue de Argentina y no tuvo la ocasión de hablar con el provincial de los jesuitas, el padre Bergoglio. Ahora bien, años después, pudo hacerlo, cuando el superior jesuita ya era arzobispo de Buenos Aires.

Jalics explica que en esa visita ambos pudieron conversar sobre lo que había sucedido. “A continuación, celebramos la Misa en público y nos abrazamos de forma solemne. Estoy reconciliado y doy los hechos por cerrados”, concluye el jesuita.

En el año 2010, Bergoglio fue llamado a testimoniar por estos hechos, pero Jalics se negó a presentarse ante el tribunal, pues no consideraba culpable a Bergoglio.

Por su parte, la Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, ha publicado dos cartas dirigidas a la familia Jalics, firmadas por el actual Papa en 1976, en las que afirmaba que estaba haciendo todo lo posible por la liberación del religioso.

En la primera, escrita casi toda en latín, que lleva fecha del 15 de septiembre de 1976, puede leerse: “He tomado muchas iniciativas para llegar a la liberación de su hermano, hasta ahora no hemos tenido éxito”.

“Pero no he perdido la esperanza de que su hermano será pronto liberado. He decidido que la cuestión es tarea mía”.

Aludiendo a sus disensiones con Jalics, Bergoglio prosigue: “Las dificultades que su hermano y yo hemos tenido entre nosotros sobre la vida religiosa no tienen nada que ver con la situación actual”.

Después, en alemán, afirma: “Ferenke es para mí un hermano”. “Tengo amor cristiano por su hermano y haré todo cuanto pueda para que vuelva libre”.

Como explica el 18 de marzo el diario italiano “La Repubblica”, “eran tiempos duros: el entonces padre general de los jesuitas, Pedro Arrupe, había condenado la vita in borgata de los dos sacerdotes, pidiéndoles que se fueran o que salieran de la orden. De ahí surgieron las diferencias de posición sobre la vida religiosa a las que aludía Bergoglio.

El día después de su liberación, Bergoglio escribió al hermano de Jalics una segunda carta. “La falsa noticia, según la cual Francisco había sido asesinado, se nos refirió también a nosotros, pero nunca la quise creer, pues tenía informaciones sobre ambos sacerdotes. A menudo la gente habla demasiado en lugar de contribuir a encontrar soluciones”.

Horacio Verbitsky en cambio republicó en “Pagina 12” documentos en realidad ya conocidos, que sin pruebas inculparían a Bergoglio. El principal documento es una ficha rellenada en 1979 por un funcionario de la dictadura, Anselmo Orcoyen.

Orcoyen recomienda no dar a Jalics (que había ido a Alemania) un nuevo pasaporte, definiéndolo “subersivo”. Verbitsky sostiene que esos datos le habrían sido transmitidos a Orcoyen por el propio Bergoglio. El testimonio de la víctima y las cartas ahora publicadas muestran lo contrario.

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