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Ocho orientaciones del Vaticano para acabar con la corrupción

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“Ecología humana” y respeto por la legalidad, las claves

La corrupción política y económica preocupa a la Santa Sede. Benedicto XVI primero ha querido predicar con el ejemplo, exigiendo a las instituciones de la Santa Sede que adopten estándares exigentes de transparencia administrativa. Por otra parte, el organismo vaticano encargado, el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz (http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/index_sp.htm) ha ofrecido desde hace tiempo directivas a la Iglesia y al sistema financiero y político. Presentamos las orientaciones más destacadas.
 
1. Si la corrupción es un grave daño desde el punto de vista material y un enorme costo para el crecimiento económico, sus efectos son todavía más negativos sobre los bienes inmateriales, vinculados más estrechamente con la dimensión cualitativa y humana de la vida social.
 
2. La Iglesia considera la corrupción como un hecho muy grave de deformación del sistema político. El Compendio de la doctrina social de la Iglesia (http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html) la estigmatiza así: “La corrupción distorsiona de raíz el papel de las instituciones representativas, porque las usa como terreno de intercambio político entre peticiones clientelistas y prestaciones de los gobernantes”.
 
3. La corrupción priva a los pueblos de un bien común fundamental, el de la legalidad: respeto de las reglas, funcionamiento correcto de las instituciones económicas y políticas, transparencia. La legalidad es un verdadero bien común con destino universal.
 
4. Para superar la corrupción, es positivo el paso de sociedades autoritarias a sociedades democráticas, de sociedades cerradas a sociedades abiertas, de sociedades verticales a sociedades horizontales, de sociedades centralistas a sociedades participativas. Sin embargo, no está garantizado que estos procesos sean positivos automáticamente.
 
5. Para evitar estos peligros, la doctrina social de la Iglesia propone el concepto de “ecología humana” (Centesimus annus, 38), apto también para orientar la lucha contra la corrupción.Los comportamientos corruptos pueden ser comprendidos adecuadamente sólo si son vistos como el fruto de laceraciones en la ecología humana.
 
6. La lucha contra la corrupción requiere que aumenten tanto la convicción —a través del consenso dado a las evidencias morales—, como la conciencia que con esta lucha se obtienen importantes ventajas sociales.
 
7. La lucha contra la corrupción en el ámbito internacional requiere que se actúe para aumentar la transparencia de las transacciones económicas y financieras y para armonizar o uniformar la legislación de los diversos países en este campo.
 
8. Se debe tener una atención particular con respecto a los países pobres. Éstos deben ser ayudados, como se decía antes, allí donde manifiesten carencias a nivel legislativo y no posean aún las instituciones jurídicas para luchar contra la corrupción.
 
Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz: “Lucha contra la corrupción”
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060921_lotta-corruzione_sp.html
 
 
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