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El Papa vuelve a proponer la doctrina del pecado original

© Alessia GIULIANI /CPP
Audiencia general, 6 de febrero de 2013
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Benedicto XVI: El hombre solo no puede liberarse del mal

El Papa Benedicto XVI, continuando con su ciclo de catequesis sobre el Credo, volvió hoy a exponer sucintamente la doctrina de la Iglesia sobre la Creación y la Caída del hombre. No es la primera vez que Benedicto XVI vuelve sobre la doctrina del pecado original, una verdad de la fe sin la cual no se sostiene la fe cristiana (Otras enseñanzas del Papa sobre este tema: Benedicto XVI, audiencia del 3 de diciembre de 2008
Benedicto XVI, audiencia del 10 de diciembre de 2008
Benedicto XVI, Ángelus del 8 de diciembre de 2008).
 
El Papa quiso explicar una por una las imágenes bíblicas que rodean el relato de la creación: en primer lugar, sobre los siete días de la creación, afirmó que la Biblia “no quiere ser un manual de ciencias naturales”, sino que “quiere hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas”.
 
La verdad fundamental revela el Génesis “es que el mundo no es un conjunto de fuerzas contrarias entre sí”, sino que “tiene su origen y su estabilidad en la Razón eterna de Dios, que sigue sosteniendo el universo”: esta verdad “nos da valor para afrontar con confianza y esperanza la aventura de la vida”, afirmó.
 
El ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios: “esta es la razón profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana contra toda tentación de valorar a la persona según criterios utilitaristas”, así como otra gran verdad: “el hombre no está cerrado en sí mismo, sino que tiene una referencia esencial en Dios”, prosiguió el Papa.
 
El jardín del Edén, por su parte, “nos dice que la realidad en la que Dios ha puesto al ser humano no es una selva salvaje, sino un lugar que protege, nutre y sostiene; y que el hombre debe reconocer el mundo no como una propiedad que saquear y explotar, sino como un don”.
 
La serpiente, una figura de la iconografía oriental, “suscita la sospecha de que la alianza con Dios es una cadena que ata, que priva de la libertad y de las cosas más bellas y preciosas de la vida”.  Así, la tentación “es construirse un mundo por sí mismo, el no aceptar los límites del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la moralidad”.
 
El hombre ve así “la dependencia del amor creador de Dios como un peso del que liberarse”, explicó el Papa. “Pero cuando se falsea la relación con Dios con una mentira, poniéndose en su lugar, todas las demás relaciones se ven alteradas”: el otro “se convierte en un rival, en una amenaza”; el mundo “ya no es un jardín”.

Yendo contra su Creador, “en realidad el hombre va contra sí mismo, reniega de su origen y por tanto de su verdad; y el mal entra en el mundo, con su penosa cadena de dolor y muerte”.
 
¿Cuál es el significado del pecado original, se pregunta el Papa? “Ante todo debemos tener en cuenta que ningún hombre está cerrado en sí mismo: recibimos la vida del otro, y no sólo en el momento de nacer, sino cada día”. Esta estructura relacional del hombre es lo que queda dañado por el pecado: así, “cada hombre entra en un mundo marcado por esta turbación de las relaciones, entra en un mundo marcado por el pecado, y queda marcado personalmente por él”.
 
El hombre, subrayó el Papa, “no puede salir por sí solo de esta situación, no puede redimirse por sí mismo; solamente el Creador puede rehacer las relaciones. Sólo si Aquel del que nos hemos alejado viene a nosotros y nos tiende la mano con amor, es cuando las relaciones pueden reanudarse. Esto sucede en Jesucristo, que lleva a cabo el camino exactamente inverso al de Adán”.
 
 

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