Campaña de Cuaresma 2025
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Encontramos en la Biblia una bienaventuranza que no está en el Sermón de la Montaña:
"Bienaventurado aquel a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo!" (Lc 12, 43 ).
Así termina la parábola del administrador ahorrativo, sabio, buen gestor, desposeído de los bienes que tenía que administrar, y del que el mismo Jesús dice que es feliz.
Quién es el administrador
Administrador, porque son los bienes de su amo, no los suyos, porque nada es nuestro en la mentalidad cristiana, sino que todo se recibe de otra parte para ser bien administrado.
Talento, bienes materiales para transmitir a los hijos, dinero necesario pero no suficiente… No hay felicidad en la avaricia, ni en la prodigalidad, el gasto excesivo o el lujo.
Hay un proverbio muy popular: "El dinero no hace la felicidad". Hace la vida más cómoda, aporta placer y libertad momentáneamente, pero no hace feliz a su dueño, sobre todo por las preocupaciones que acarrea.
Jesús es muy claro sobre la relación con el dinero, que la Escritura nunca demoniza, sino que presenta como una forma de apartarse de lo esencial.
"Bienaventurado el rico que fue hallado sin mancha y no corrió tras el oro" (Si 31, 8).
Si la felicidad es concomitante con la libertad, ¿somos sus dueños o sus esclavos en relación con nuestro dinero? Según la dialéctica de Hegel, solo podemos ser una cosa o la otra.

El dinero es para vivir y no al revés
Necesitamos dinero para vivir, no vivir para el dinero. Toda la cuestión de nuestra libertad gira en torno a su uso, especialmente para los ricos.
¿Sirve a los demás o a mí mismo? El ejemplo del patriarca José, y su felicidad en Egipto como mayordomo del Faraón, subraya los beneficios de la prosperidad sin codicia, del cálculo financiero a favor de la economía al servicio del hombre y no del hombre al servicio de la economía.
El ejemplo de José en la Sagrada Familia, padre adoptivo en su profesión sencilla pero eficaz, nos enseña a administrar una casa para las personas que viven en ella y no para los bienes en sí.
La economía es una virtud, un valor medio entre la avaricia y la liberalidad. Como virtud, es la base de la bienaventuranza, nombre espiritual de la felicidad.
Conoce qué más dice la Biblia sobre el dinero:


