El evangelista Juan evoca con mucha precisión la ciudad bíblica de Betania: "muy cerca de Jerusalén, a una distancia de quince estadios (es decir, aproximadamente media hora de caminata)" (Jn 11, 18). Hoy ese camino directo es impracticable, a causa del muro que rodea los territorios palestinos, y para acceder hay que dar una vuelta más larga.
Según el relato evangélico, parece sobre todo que Betania era la aldea de los amigos de Jesús, Lázaro y sus dos hermanas, Marta y María. Probablemente se trataba de una familia judía acomodada, propietaria de terrenos y bien considerada en Jerusalén.
No hay duda de que Jesús había tejido profundos lazos de amistad con ellos y que sin duda le gustaba descansar allí, especialmente en la noche del famoso Domingo de Ramos, cuando Jesús fue recibido triunfalmente en Jerusalén: "Entonces los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania, donde pasó la noche ”, agrega Juan.
La resurrección de Lázaro
Es en Betania también tiene lugar la famosa comida con Simón el leproso y la unción de María. Betania resulta ser una ciudad bíblica relevante en más de un sentido. El "descanso del guerrero" para Jesús y sus discípulos.
Pero probablemente el evento más conmovedor que tuvo lugar en Betania fue sin duda la resurrección de Lázaro, cuyos detalles la Biblia nos recuerda con emoción.
El lugar del milagroso hecho se puede visitar en la actualidad; la que la tradición afirma que es la Tumba de Lázaro, venerada desde el siglo IV. La antigüedad del culto en este lugar está atestiguada por los restos de un enorme complejo bizantino, del que habla la peregrina Egeria en sus crónicas.
Sobre los restos bizantinos y otros posteriores de la época cruzada, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa hicieron construir un santuario, llamado de la Amistad, en 1954. En él pueden admirarse bellos frescos sobre los acontecimientos evangélicos que tuvieron lugar en esta zona.
Una galería de 24 escalones conduce al recinto mortuorio, pues el acceso original de la tumba quedó clausurado en terreno musulmán. Impacta entrar en la gruta excavada bajo tierra, y divivida en dos cámaras: una interior, donde habrían depositado el cuerpo; y otra más grande exterior, desde donde Jesús habría gritado su potente "¡Lázaro, sal fuera!".
Una experiencia que ningún peregrino a Tierra Santa debería perderse...
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