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Me cuesta escuchar a Dios, ¿qué hago? (un fuerte Testimonio)

Sebastien Desarmaux | Godong
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No te imaginas la cantidad de correos que suelo recibir de los lectores por mis artículos en Aleteia y los libros que tengo publicados en Amazon. Me cuentan sus aventuras extraordinarias con Dios, me hablan de sus dificultades, y me piden consejos.

Creo que te he contado que nunca he sido bueno dando consejos, por eso los remito donde un sacerdote que los oriente, les digo que vayan a ver a Jesús en el Sagrario y que lean libros de espiritualidad que suelen despejar el corazón y el alma para que podamos escuchar la voz de Dios.

Dios siempre camina con nosotros, nos cuida y orienta. Nunca estamos solos.

“Cuando tengan que tomar el camino ya sea a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán sus palabras resonar detrás de ti: Este es el camino que deben seguir”. (Isaías 30, 21)

Hay dos libros que me encanta recomendar, porque he visto los frutos que se obtienen sus lecturas: “Historia de un Alma”, escrito por santa Teresita del Niño Jesús que te enseña el caminito de la infancia espiritual e “Imitación de Cristo”, de Tomás de Kempis, un libro extraordinario que consuela y te da luces para aceptar las cruces de cada día y la santa voluntad de Dios en tu vida.

Una de las preguntas que más me hacen es ésta: “Rezo, hablo con Dios, le pido que me indique cuál es su voluntad en mi vida. Pero no logro escucharlo, ni entender los signos que pone en mi camino. Hay muchas ideas y pensamientos en mi cabeza, ¿cómo saber si vienen de Dios? ¿Qué me recomiendas hacer para poder escuchar su voz?”

Jesús nos dio la clave para escucharlo cuando nos dijo:  «Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen».

Debes ser de Jesús, abandónate en sus manos amorosas y seguir sus caminos.

Sé de Jesús. Vive para Jesús.

Cumple los preceptos de Dios. “acérquense a Dios y él se acercará a ustedes.” (Santiago 4, 8) Deja que Dios actúe en tu vida. Cuando des el primer paso Él se acercará a ti y lo podrás escuchar con la claridad del viento.

Me parece que era san Francisco quien llamaba a la santa Biblia: “La boca de Dios”.  Él tiene mucho que decirte y tú mucho que escuchar. Abre tu Biblia y lee.

Los santos de nuestra iglesia nos dicen que al rezar «hablamos con Dios» y al leer la Biblia, «Dios habla con nosotros».

Haz un poco de silencio. Muchos santos se han marchado al desierto en busca de paz y silencio, para poder escuchar a Dios, sin los ruidos y las fuertes tentaciones del mundo que tanto nos distraen.

A Dios le encantan los humildes y llena sus vidas con gracias abundantes.

Sé humilde y acepta en todo momento su santa voluntad.

“Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (hebreos 3, 7-8)

Haz silencio, así lo escucharás.

No te canses de orar, sé humilde, generoso, lee la Biblia y dispón siempre tu corazón, para escuchar lo que Él tiene que decirte.

¡Dios te bendiga!

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