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¿Escuchamos la voz de Jesús en nuestra Iglesia?

Ediciones Palabra
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Se cuenta de un concurso sobre el salmo 23 (22) “El Señor es mi Pastor”. Muchos estudiosos y personas inteligentes pasaron a explicarlo. Uno tras otro, estudiosos, conferencistas, todos bien preparados analizaban en detalle el salmo y daban mil explicaciones del mismo. Todos merecían el premio por sus enormes conocimientos y gran sabiduría.

Al final de la prueba cuando todos habían concluido sus exposiciones, se levantó en la parte de atrás un campesino ignorante que esperaba la oportunidad para hablar. Se colocó frente a todos y empezó a hablar con una gran sencillez describiendo al buen Pastor. Lo hizo con tal fervor y convencimiento, que encendió una llama inesperada en el alma de los presentes.

Un profundo silencio llenó el salón cuando terminó. Todos quedaron profundamente admirados. Al final le dieron el premio. Le preguntaron cómo fue posible que un hombre insignificante venciera a tantos doctores y especialistas en el tema. Les respondió:

“Es que ustedes conocen el salmo del buen Pastor, yo en cambio, conozco al pastor del salmo.”

Siento a veces, que eso es lo que nos falta en nuestra iglesia, volver a caminar al lado de Jesús, como hicieron sus primeros discípulos, que quedaban encandilados por sus palabras, su amor y misericordia.

Nos URGE volver a descubrir al buen Pastor, escuchar su voz, «reconocerla» y seguirlo.

Hace poco vi en Internet una prueba sencilla que hicieron unas personas. Querían saber si las ovejas reconocían la voz de su pastor. Varios de ellos las llamaban por turnos usando las palabras que a diario usaba el pastor y las ovejas que estaba pastando lejos, ni siquiera se inmutaron en mirar quién las llamaba. Al final el pastor se paró detrás de la cerca y las llamó. En el acto, todas dejaron lo que hacían y corrieron felices a su encuentro. ¡Fue increíble!

Reflexiono mucho en la figura del buen Pastor, la más sencilla e impactante que nos dejó Jesús. Sale en pos de la oveja perdida sin pensarlo dos veces. Yo suelo ser esa oveja perdida y rezo:

«El Señor es mi pastor: nada me falta;
en verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce,
y reconforta mi alma.
Por el camino del bueno me dirige,
por amor de su nombre.

Aunque pase por quebradas oscuras,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo
con tu vara y tu bastón,

y al verlas voy sin miedo.»

 

…………….

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