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Pistas infalibles para descubrir las «Huellas de Dios»

© Moyan Brenn
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Desde que tengo memoria busco las huellas de Dios.  Fue una arqueología espiritual, buscando en todas partes, tratando de descubrirlo. Lo que era evidente lo vi años después.

Ahora veo, agradecido con Dios, cómo muchos siguen sus huellas, las que ha dejado en este mundo para nosotros, sus hijos. Y me sonrío. Me hacen comprender aquello de: “Yo soy la vid ustedes los sarmientos”.

Vivimos en la unidad.

¿Dónde encuentro esas huellas Claudio?»
“Son los pasos de Jesús en la tierra. Él nos mostró con claridad el camino al Padre”.
“¿Hay una guía para encontrar sus huellas?”
Medita las bienaventuranzas… Son la clave para descubrirlas”.

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos”. (Mt 5,3-12)

Te he marcado la que más me impacta… Tener el corazón limpio para ver a Dios.

Paso mis días escribiendo, pensando en Dios y reflexionando. Un día pienso algo, al día siguiente sale un escrito con un tema muy similar. Es impresionante. Me ocurrió recientemente con una hermosa reflexión del Padre Carlos Padilla, publicada en Aleteia y que vale la pena leer y luego volver a leer en la calma del hogar:

“Ser religioso y ser de Dios ¿cuál es la diferencia?”

Es algo que veo a diario. Responde aquella pregunta que trasciende el tiempo: “Es muy devoto, pero sale de la iglesia y su comportamiento no lo demuestra”. La respuesta es simple: «Tenemos un pie en la tierra y otro en el cielo. Nos aseguramos la tierra, lo temporal, y luego volvemos la mirada a Dios».

Me pasa a mí.

El salto lo han dado aquellos que han confiado plenamente en Dios. Se abandonan en su voluntad. Y viven unidos a Él.

Ese ha sido mi sueño de la infancia. Ser de Dios.

La vida se ha encargado de golpearme cada vez que lo intento. Y me aferro a lo temporal, aún teniendo anhelos de eternidad.

Le pido a Dios que me dé amor porque cada día me cuesta más amar.
Que me ayude a reconocerlos a todos como mis hermanos.
Que aprenda a rezar confiando que Él responderá.

Querido lector. Te envío un caluroso abrazo, desde estas tierras, pidiéndole al buen Dios que cada día te sumerja en su amor. Para que lo conozcas más y te animes a hablar de Él entre los tuyos.

 

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