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Una costurera analfabeta me mostró al Espíritu Santo (Un bello testimonio)

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Una mañana me percaté lo poco que conocía a la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. Y Sali en la búsqueda del Dios olvidado por muchos.

Esto era importante. Hablamos de Dios infinito, Todopoderoso en su tercera persona y yo lo ignoraba casi todo de Él.

No sé si te ocurre igual. A Dios padre le conocemos desde niños. En las clases de Catecismo nos hablan mucho de Él y su figura paternal, un Dios que es Padre de toda la humanidad.

Está mencionado con frecuencia en el Antiguo Testamento y lo vemos reflejado en la vida y las palabras de sus profetas. De Jesús tenemos el Nuevo Testamento y su presencia en la Iglesia, además de cientos de estampitas e imágenes que nos muestran cómo era.

Del Espíritu Santo, casi nada hay. Leí que la Biblia lo menciona pocas veces. Me preguntaba por qué.

¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Por qué apenas le conocemos y se menciona tan poco en medio de los católicos? Jesús fue muy claro al hablar de Él: “Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14, 25-26)

Sabía que debía poner remedio y salí en su búsqueda.  Al final, no lo encontré, Él salió a mi encuentro y me aclaró muchas dudas.

Hablé con sacerdotes amigos pidiéndoles que me orientaran. Uno de ellos me dio un consejo extraordinario: “Lee un pequeño libro devocional titulado: «Decenario al Espíritu Santo». Es un pequeño librito que nos prepara para la fiesta de Pentecostés. Solía leerlo de joven y aún de sacerdote lo leo”.

Nunca lo había escuchado.

⸺¿Quién lo escribió? ⸺pregunte asombrado.

⸺Una mujer analfabeta que trabajó de costurera toda su vida.

Me dejó de una pieza y con una enorme curiosidad.

⸺Se llamaba Francisca Javiera del Valle Rodríguez. Me parece que el libro lo encuentras disponible en Internet. Es una joya de espiritualidad.

Tampoco la conocía a ella e investigué sobre su vida. Apenas lo creía.  Empecé a leer su libro y me dejó el alma llena de alegría y dulzuras inexplicables. ¿Cómo podía esta mujer analfabeta tener tal sabiduría?

A personas como ella, con una vida profunda de oración y sencillez, apartada del mundo, se refería Jesús cuando dijo: “En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.” (Mateo 11, 25)

Te recomiendo si quieres conocer más y crecer en amor al Espíritu Santo, que leas esa pequeña obra, realmente una joya de espiritualidad. Quedarás tan impresionado como yo.

Te copiaré un pequeño fragmento del libro para que veas el porqué de mi admiración.

«Sabemos por la fe que hay un solo Dios verdadero y que este Dios ni tuvo principio ni tiene fin; y aunque es un solo Dios son Tres Personas distintas a quienes llamamos Padre, Hijo y Espíritu Santo y las Tres son un solo Dios, por ser las Tres la misma Esencia Divina. Esta Divina Esencia tiene en Sí diversos atributos; y como es un solo Dios, aunque hay en Él Tres Personas, las Tres gozan y tienen la misma sabiduría, la misma bondad, la misma caridad, la misma misericordia, el mismo poder y la misma justicia.

Sin embargo, estas Tres Divinas Personas tienen, como repartidos entre Sí, estos divinos atributos. El Padre tiene como propios y como cosa que a Él le pertenece, el poder y la justicia; el Hijo, la sabiduría y la misericordia, y el Espíritu Santo, que de los dos procede, la caridad y la bondad. Este Dios, tres veces Santo, es, por naturaleza, manantial de toda dicha y ventura, de toda felicidad y grandeza, de todo poder y gloria, por ser Él quien es único y sin principio, pues todo lo demás que no es Dios todo tuvo principio y todo cuanto tuvo principio todo es de Dios y depende su existencia de la voluntad de Dios».

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