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Omar, un nuevo par de piernas y el sueño de construir una casa para mamá

BOY, CRUTCHES, SEA

vetre | Shutterstock

Annalisa Teggi - publicado el 20/06/22

Tiene 11 años y vive en un campo de refugiados kurdos en Irak. Gracias a una iniciativa de solidaridad, va a ser operado en el hospital Gaslini de Génova de una malformación que podría provocarle una parálisis en las piernas. Sueña con ser arquitecto para regalarle una casa a su madre

Caminar sobre las propias piernas es más que el simple acto físico de moverse. Italia, y más precisamente el Hospital Gaslini de Génova, está ayudando a un joven kurdo llamado Omar a no perder el uso de sus piernas. Y poder poner su vida en pie su vida.

Gracias a una iniciativa de solidaridad internacional, el niño ya está en Italia y será operado el 10 de enero. Cuando regrese a casa, es decir, a un campo de refugiados en el desierto iraquí, le deseamos que pueda emprender lo que sueña: convertirse en arquitecto, para darle a su familia un verdadero hogar.

Blocado y en peligro en un campo de refugiados

Omar está pasando el comienzo del nuevo año en Italia con sus padres. Lleva una pesada historia de vida sobre sus hombros. Nacido en un campo de refugiados, con una grave malformación.

Una malformación vascular, una lesión de las venas y arterias que puede provocar parálisis muscular. Los síntomas suelen empezar alrededor de los 20 años, y ya los tiene. Y, por si fuera poco, vive en uno de los lugares más desafortunados del mundo para quienes necesitan cuidados: el campo de refugiados de Makhmur, en medio del desierto iraquí, un campo autogestionado por los kurdos exiliados de la Turquía en los años noventa, invadido por el ISIS en 2014 y hoy nuevamente bajo el ataque de las milicias.

Il Tirreno
REFUGEE, BOY

Puede que el nombre Makhmur no nos resulte familiar, pero es uno de los muchos escenarios de conflicto en el Oriente Medio. Testimonio de lo que sucede con los refugiados que viven allí desde hace décadas, fue Michele Rech, alias Zerocalcare (caricaturista italiano), quien visitó Makhmur el pasado mes de junio contando:

Es un campamento gigantesco, allí viven más de 15 mil personas y están sujetas a constantes bombardeos. Y es increíble que las Naciones Unidas todavía no haya dicho nada: el campamento hace referencia a ellos, porque formalmente depende del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. Surgió en medio del desierto, con el éxodo masivo de los kurdos de Turquía en la década de 1990 después de las redadas de Ankara que destruyeron varias aldeas. No pudimos entrar porque está bajo embargo: no dejan pasar ni a las ambulancias.

L’espresso

El último detalle nos trae de vuelta al drama de Omar. Aunque el campo de Makhmur tiene la apariencia de una ciudad en todos los aspectos, no hay hospitales equipados. La familia de Omar consiguió que fuese atendido en la ciudad de Erbil viviendo una auténtica odisea. Un viaje en línea aérea de 45 minutos se expandió a 6 horas, debido a los bloqueos de carreteras y los intentos de repeler a cualquiera que abandone el campamento.

Un vuelo a Italia y una esperanza en Gaslini

Afortunadamente, los padres de Omar resistieron y completaron la hazaña. Al llegar al hospital de Erbil, la situación tomó carácter de urgencia:

Una vez que llegaron, se dieron cuenta de que no había más tiempo que perder. Omar tuvo que ser operado de inmediato. La maquinaria solidaria enseguida se puso en marcha. El hospital de Génova accedió a atenderlo y se hizo cargo de su caso activando las vías diplomáticas para llevarlo a Italia. La fundación Flying Angels ofreció viajes aéreos desde Irak a Milán, mientras que la Cruz Roja se encargó del transporte desde el aeropuerto hasta Génova.

Il Tirreno

El coste del viaje y de la operación es de unos 11.000 euros y es la organización sin fines de lucro Red Crescent Kurdistan Italia la que ha puesto en marcha una recaudación de fondos para sostener los gastos. Alemania también estaba entre los países candidatos para operar al niño. Con un toque de orgullo, nos alegramos de que sea la excelencia italiana del Gaslini el que hará “poner de pie” a este joven.

Omar deberá someterse a dos cirugías, la primera programada para el 10 de enero será una escleroterapia, le inyectarán un líquido en la vena que destruye el vaso enfermo. La segunda intervención debe realizarse antes de marzo, mes en el que caduca el visado de residencia en nuestro país. ¿Y qué será de él una vez que regrese a Makhmur?

El sueño de construir una casa

Omar, 11 años. Uno podría llamarlo niño, pero la voz de mi hijo que tiene la misma edad me detiene: “Mamá, ya no soy pequeño. Soy un joven”. Tiene razón, empieza a caminar sobre sus propias piernas y está orgulloso de ello. Joven significa sentirse a la altura de grandes cosas, ya no tomarse de la mano de los padres.

Es el adulto que tiene pensamientos tristes sobre un joven como Omar que tras el paréntesis italiano volverá a un pedazo de tierra que es todo menos que pacífico. Omar es joven y grande al mismo tiempo. Así lo demuestra el hecho de que sus hipótesis son correctas, nada rasgadas por el drama en el que creció. O tal vez corroboradas por la sensación de precariedad y peligro que eran su pan de cada día.

KURDISH, REFUGEE, CHILDREN

Que quiera ser arquitecto no me parece casualidad. Más allá de la fe de cada uno, el discurso sobre construir una casa sobre la roca (y no sobre arena) está escrito en el corazón humano. Los cimientos y la sensación de protección del edificio que alberga nuestra dimensión familiar más íntima son la respuesta a la pesadilla de ser arrojados al azar a un desierto. Y Makhmur es justamente un campamento en el desierto, al que llegó la madre de Omar cuando tenía 17 años, escapando del Kurdistán turco con casi sin nada.

Será para ella la primera casa que Omar sueña construir. Y será como decir gracias, quizás, por haber custodiado y alimentado la esperanza en un lugar inhóspito.

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