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La primera creación poética venezolana salió de un claustro

LITERATURE

Shutterstock | Maisei Raman

Macky Arenas - publicado el 06/06/21

Una monja carmelita se inspiró en el peor coletazo de esta sísmica tierra y produjo dos joyas literarias que hoy vuelven al primer plano

Los ojos de una mujer, religiosa carmelita, ofrecen a nuestra tormentosa actualidad una visión del pasado y presente de Venezuela, gracias al creador-dramaturgo José Tomás Angola, quien ha rescatado esos valores culturales para convertirlos en un conjunto de soliloquios “Matria”.

Se trata de un ciclo teatral integrado por varias piezas que replantean la historia nacional, cuyo hilo se engarza con las reflexiones de la primera poetisa del país, Sor María de los Ángeles, quien vivió una existencia de claustro desde que entró, en 1795, al Convento de las Reverendas Carmelitas de Caracas.

La primera pluma femenina

Michael Nissnick, la presenta como la primera autora-escritora venezolana, esa monja carmelita que vivió en Caracas entre los siglos XVIII y XIX. No se tienen muchos datos de su vida, se desconoce la fecha exacta de su muerte y sólo dos poemas de su pluma han llegado hasta nuestros días.

María Josefa Damiana Paz y Castillo Padrón nació en el pueblo (hoy municipio) de Baruta -entonces ubicado en las afueras de Caracas- el 26 de septiembre de 1765 en el seno de una familia de origen canario y noble del Reino de León de España. Una rama de los Paz Castillo se estableció en Venezuela en el siglo XVIII. Su padre, Blas Francisco Paz y Castillo, se desempeñó como procurador general y alcalde ordinario del cabildo. Su madre, doña Juana Isabel Díaz Padrón, sería conocida sólo por haber dado a luz a cinco varones que lucharon en la guerra de independencia.

Un municipio importante de la Gran Caracas lleva el apellido familiar, Paz Castillo, pues uno de sus hermanos, Blas Paz Castillo, quien murió en 1814 durante la batalla de Urica, fue abuelo de Fernando Paz Castillo (1893-1981), gran poeta venezolano del siglo XX, en cuyo honor se nombró al municipio mirandino. “A mí me atraía por la atmósfera de misterio que rodeaba la figura de la monja poeta”, confesó su descendiente, este reconocido hombre de letras criollo.

Un terremoto que movió más que la tierra

En 1812 azotó a Caracas un devastador terremoto que no dejó piedra sobre piedra. Ocurrió el Jueves Santo, contabilizando 20 mil muertos, 10 mil de ellos solo en el área capitalina. También afectó gravemente a otras ciudades del país, una verdadera tragedia que destruyó numerosas casas, iglesias, hospitales y conventos de la capital. La terrible sacudida no se llevó el convento de las carmelitas descalzas pero sufrió serios daños y se desplomaron algunos muros, por lo que las 20 religiosas se vieron obligadas a abandonarlo temporalmente.

Fue en ese momento, ante aquel cuadro desolador, cuando la monja María Josefa Paz del Castillo -su nombre de pila- escribió dos poemas inspirados en aquel evento aterrador, “Anhelos” y “El Terremoto”, únicas obras que nos han llegado de ella. “A pesar de que* Anhelos* solo fue a imprenta en 1892, a partir de entonces, María de los Ángeles es considerada como la primera autora femenina de una creación poética en Venezuela”, nos comenta la producción de los soliloquios.

Según María Ramírez Delgado, “El Terremoto” podría ser considerado como una crónica-poética sobre el terremoto del Jueves Santo del 26 de marzo de 1812. El terremoto, en ese contexto, sería “una excusa para presentar a la humanidad sumida en la tristeza y la desolación de la tragedia y sobre todo en las consecuencias que la tragedia presenta para el hombre”. Anhelo – escribe- propone el mismo tema que algunos poemas de Teresa de Jesús escritos en 1571, como: “Muero porque no muero” o “Ayes del destierro”. En el poema la venezolana «se plantea el problema del alma como atrapada en el cuerpo, detalla el sufrimiento del alma contemplativa ante la espera de la vida eterna y coloca su esperanza en la muerte misma, que es la única que puede unir el alma con Dios”.

Algunos han dicho que sus versos están “olorosos a conceptismo y renuncias terrenas”. Pero lo cierto es que nacieron de la tragedia, lo cual recoloca y centra tanto renuncias como anhelos.

Estos son extractos del poema “Terremoto”, una larga composición de 224 versos y 55 estrofas:

“En el veinte y seis de marzo / La tierra se estremeció / De mil ochocientos doce / ¡Qué espanto, qué admiración!”.

“No se oyen más que lamentos / en la hermosa Venezuela / Y solo por ser cristianos / Este golpe resistieron”.

“Se vieron muchas señoras / De las que el mundo seguían / Ataviadas y compuestas / En los escombros metidas”.

“Como se iban descubriendo / Los perros se las comían / Y tiraban de sus carnes / Por el hambre que tenían”.

No había cupo para ella

Dicen los historiadores que su nombre brillaba en los salones apenas con 16 años de edad por su amplia cultura, su precoz ingenio y agudeza, tanto como su rara hermosura. De esa época data un relicario con un retrato de María Josefa que el poeta Paz Castillo aseguró haber visto en su casa y que describió así: “Un medallón ovalado de caoba. En él aparecía su rostro suave. El cabello peinado en dos trenzas, a la manera española, derramaba un caudal de sombras sobre la frente pálida. En torno al cuello, una cinta de terciopelo, de la cual pendía una cruz de azabache que le llegaba a la mitad del pecho”.

La vocación religiosa llegó casi de inmediato y solicitó ingreso a la orden de las carmelitas descalzas, fundada a mediados del siglo XVI por la mística y escritora española Teresa de Jesús, posteriormente canonizada y declarada Doctora de la Iglesia.

La Orden llegó a Venezuela en 1725, cuando la Corona española otorgó el permiso para que se instalaran en esta tierra.

Tuvo que fallecer una de las religiosas –pues no había cupo en el convento- para que María Josefa pudiera ingresar como novicia, ya de 26 años. En la espera, probó y maduró su sólida vocación. Tomó formalmente los hábitos al año siguiente y adoptó el nombre por el que pasaría a la historia: sor María Josefa de los Ángeles.

Una historia, la venezolana, llena de monjas ilustres. Dos de ellas, fundadoras y santas, han sido beatificadas recientemente. Se han ganado los puestos que ocupan en la Iglesia Católica y en el corazón de la gente por su testimonio de vida. No disfrutaron de las ventajas de las redes sociales y tampoco las habrían buscado, toda vez que su labor era silenciosa. Después de todo, viven en comunidad bajo reglas estrictas y se deben a la discreción, a la humildad y al trabajo. María Josefa lo vivió por partida doble pues optó por el claustro, una de las formas más disciplinadas de vivir la vocación religiosa.

De hecho, los poemas de María Josefa no fueron publicados en vida.

Convento y creación

Ella viviría el resto de sus días en clausura pero logró alternarla con su otra vocación: poeta y escritora. “Por desgracia –se lamenta Nissnick- la casi totalidad de su obra se ha perdido y solo dos poemas suyos se incluyeron en volúmenes antológicos muchas décadas después de su muerte”. Son los que ha rescatado el dramaturgo Angola para arrancarlos del silencio y sembrarlos en nuestra modernidad sedienta de una auténtica y profunda espiritualidad.

A criterio de la escritora y profesora María Ramírez Delgado, “por encima de que sean los primeros poemas escritos que se conservan de una mujer, resultan mucho más interesantes como evidencia de un acto de libertad, pues los poemas no tienen ninguna nota que refiera que fueron ordenados por alguien más, así que debemos presumir que la monja escribe desde su propia decisión”.

El “Anhelo” es por la vida eterna que viene después de la muerte y se trata, por cierto, un breve poema de siete estrofas y 28 versos en los que la monja carmelita da rienda suelta a su vena mística, siguiendo el ejemplo de la fundadora de su orden, Santa Teresa de Jesús, con cuyo estilo guarda grandes semejanzas.

Se estima que María Josefa pudo haber fallecido en 1818.

En los espacios que antes ocupara el convento funcionaron el Ministerio de Hacienda y hoy el Banco Central de Venezuela. Hay que recordar que el convento de las carmelitas descalzas de Caracas existió hasta el 5 de mayo de 1874, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco lo clausuró producto de su furibunda política anticlerical. Cuatro días más tarde, las 17 monjas que entonces lo habitaban abandonaron el país con escolta policial.

Pecado, perdón y dolor en un mapping

La secuencia de soliloquios de Angola actualizan las inquietudes de esta religiosa venezolana y utilizando novedosas tecnologías de video mapping – una técnica de proyección que tiene su origen de las famosas
representaciones de las sombras chinas, que comenzaron a utilizarse en el mundo del teatro de la dinastía Han- “Ángeles” lleva a las tablas una serie de reinterpretaciones del tema de la fe, cuestionamientos acerca de la relación del hombre con Dios y meditaciones sobre el pecado, el castigo, el perdón y el dolor.

Con la producción ejecutiva de la Asociación Cultural Humboldt, presidida por Federico Pacanins, “Ángeles” se estrena en el medio digital a través del impulso de La Máquina Teatro y el grupo teatral Asklepión.

Para los interesados

El soliloquio “Ángeles”, tercer estreno del ciclo teatral “Matria”, estará disponible gratuitamente a partir del 4 de junio en el canal de YouTube de la Asociación Cultural Humboldt y por Play Ticketmundo.

“Ángeles” y todas las piezas que conforman el ciclo de soliloquios “Matria” estarán permanentemente disponibles en el canal de YouTube de la Asociación Cultural Humboldt y, sin costo alguno, en la plataforma Play Ticketmundo.

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