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Colombia: ¿Por qué estas niñas ya son símbolos de la solidaridad?

COLOMBIA
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Allison vendía sus pinturas para conseguir un computador en el que pudiera conectarse a sus clases, mientras que Daniela su subía a un árbol para tener señal de internet

En dos regiones muy diferentes de Colombia, dos pequeñas que debían recibir sus clases por internet pero no tenían recursos económicos para conectarse a una red, despertaron la solidaridad de millones de ciudadanos y en pocos días lograron su sueño de no perder más clases y poder conectarse con el mundo.

En una zona rural de Medellín, al noroeste de Colombia, Allison Gómez le pidió a su madre, Angie, que le ayudara a vender a través de las redes sociales unos coloridos dibujos para “poder comprar un computador y estudiar virtual”. El ingenio y obstinación de la niña ─de solo ocho años─ llamaron la atención de la periodista Sarita Palacio quien pidió en sus redes sociales el apoyo decidido para la pequeña ya que su situación no se limitaba a la falta del aparato y su conectividad, sino a sus difíciles condiciones familiares.

 

Según la periodista, la niña, al igual que su madre y otros tres menores, perdieron todas sus pertenencias durante un incendio que en diciembre pasado arrasó la modesta vivienda donde vivían. Además, vive donde unos parientes y sus hermanos están dispersos en casas de familiares.

Como a millones de niños y jóvenes de toda Colombia afectados por la pandemia que hasta la noche del 17 de mayor arrojaba un total de 15.574 contagiados, de los cuales han muerto 574, Allison dejó de recibir sus clases presenciales en un colegio público y tuvo que acatar las órdenes gubernamentales de aislamientos obligatorio para toda la población y clases virtuales para estudiantes de educación primaria, secundaria y superior.

Infortunadamente, comentó Allison en una video divulgado por la revista Semana, sus familiares no tenían manera de ayudarla y su mamá carecía de recursos económicos y no tenía un buen celular para tomar buenas fotografías y lograr conectarse a internet.

Por fortuna, la campaña “relámpago” promovida por la periodista Palacio de vender las “obras de arte” o de contribuir para donar o comprar un computador y conseguir una casa que permitiera el reencuentro permanente de la madre con la niña y sus hermanos Juan David, Ian y David, entregó resultados sorprendentes.

En pocos días no solo se consiguió dinero suficiente para comprar un ordenador nuevo, sino que hubo donaciones para garantizarle a Allison y su familia la conexión a internet de manera permanente durante dos años. Y como si fuera poco, la solidaridad de los habitantes de Antioquia y Medellín se expresó en la donación del dinero suficiente para la compra de una casa nueva. Según datos de Sarita Palacio, hasta la media noche de este domingo se habían recaudado más 36 millones de pesos, unos 9.100 dólares.

 

Internet desde un árbol

La otra historia la protagoniza Daniela Castillo, una niña de diez años que vive en una zona rural del Tolima, departamento ubicado en el centro de Colombia. Como ha sucedido con muchos niños y adolescentes campesinos de este país que carecen de acceso a internet o tienen conectividad deficiente, a esta pequeña le ha tocado recibir sus clases subida en un árbol de limón.

En un pupitre de rústicas tablas armado por su padre, en medio de grandes incomodidades, Daniela recibe parte de sus clases en un modesto celular. “El árbol es el único lugar de la casa en donde se recibe mejor la señal, pero no todas las veces puedo recibir bien las clases de mis profesores”, relató la niña a periodistas del Canal Caracol.

 


 

Sin embargo, añadió, muchas veces la señal no llega, es deficiente o las lluvias no permiten que pueda subir al árbol, al que ella llama cariñosamente “mi salón de clases”.

Su caso llamó la atención de periodistas, medios de comunicación y empresas privadas que se unieron para regalarle a Daniela una antena de recepción, un modem con wifi y un computador nuevo, además, le obsequiaron dos años de conexión permanente a internet. Al agradecer los inesperados regalos, Daniela comentó que gestos como estos la impulsan a seguir enamorada del periodismo, una carrera que aspira a cursar tan pronto termine el bachillerato.

Las historias de Allison y Daniela ─muy parecidas a las de otros niños que deben hacer malabares para recibir sus clases virtuales obligatorias─ han sido destacadas por comentaristas y usuarios de las redes sociales como pequeños grandes gestos de solidaridad en medio de la emergencia originada por el covid-19.

 

 

 

 

 

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