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Papa Francisco: Hay que amar la ley de Dios, pero con docilidad

lauren rushing-CC
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

La Conversión de Saulo de Tarso en el camino de Damasco, llamado por la voz del Señor, es un “cambio de página en la historia de la Salvación”, marca la apertura a los “paganos, a los gentiles, a los que no eran israelitas”, en una palabra, es “la puerta abierta a la universalidad de la Iglesia” y el Señor la permite porque es “algo importante”.

En el centro de la homilía, está el Apóstol de los Gentiles que, ciego, se quedó en Damasco durante tres días sin comer ni beber, hasta que Ananías, mandado por el Señor, le restituyó la vista y le dio la posibilidad de empezar el camino de conversión y predicación “lleno de Espíritu Santo”. 

El Papa subraya dos rasgos de su manera de ser de Pablo: era “un hombre fuerte” y “enamorado de la ley, de Dios, de la pureza de la ley”, pero era “honrado” y, aunque tenía un “carácter fuerte”, era “coherente”.

Ante todo, era coherente porque era un hombre abierto a Dios. Si perseguía a los cristianos, era porque estaba convencido de que Dios quería esto. ¿Cómo es posible? Nada: estaba convencido. Es el celo que tenía por la pureza de la casa de Dios, por la gloria de Dios. Un corazón abierto a la voz del Señor. Y arriesgaba, arriesgaba, seguía adelante. Otro rasgo de su temperamento es que era un hombre dócil, tenía docilidad, no era cabezota. 

Quizás su temperamento era cabezota – precisa el Papa –  pero no su alma. Pablo estaba “abierto a las sugerencias de Dios”. Con ardor encarcelaba y mataba a los cristianos, pero “una vez que escuchó la voz del Señor, se volvió como un niño, se deja llevar”.

Ciego, se deja llevar a Damasco, ayuna tres días, espera a que el Señor le diga… Todas esas convicciones que tenía quedan mudas, esperando la voz del Señor: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Y va al encuentro a Damasco, al encuentro de ese otro hombre dócil, y se deja catequizar como un niño, se deja bautizar como un niño. Y después recupera las fuerzas y ¿qué hace? Calla. Se va a Arabia a rezar, no sabemos cuánto tiempo, quizás años, no lo sabemos. La docilidad. Apertura a la voz de Dios y docilidad. 

Hablando a las monjas del Cottolengo presentes en la Misa en Casa Santa Marta, el Papa Francisco alabó su docilidad y sobre todo su perseverancia, sin la cual no podrían llevar a cabo su labor.

Perseverar. Esto es un signo de la Iglesia. Quisiera dar las gracias hoy, en vosotros, a tantos hombres y mujeres valientes, que arriesgan la vida, que buscan nuevos caminos en la vida de la Iglesia. ¡Buscan nuevos caminos! “Pero, padre, ¿no es pecado?”. ¡No, no es pecado! Busquemos nuevos caminos, esto nos hará bien a todos, con tal que sean los caminos del Señor. Pero seguir adelante, adelante en la profundidad de la oración, en la profundidad de la docilidad, del corazón abierto a la voz de Dios. Y así se hacen los verdaderos cambios en la Iglesia, con personas que saben luchar en lo pequeño y en lo grande.

El “cristiano”, concluye Francisco, debe tener “este carisma de lo pequeño y de lo grande”. Al final, el Papa pidió la “gracia de la docilidad a la voz del Señor y del corazón abierto al Señor; la gracia de no asustarnos de hacer cosas grandes, de seguir adelante, con tal que tengamos la delicadeza de cuidar las cosas pequeñas”.

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