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¿Cómo lograr una comunicación más profunda con la persona que amas?

KOCHAJ MAŁŻONKA SWEGO
Shutterstock
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Podemos pasar horas hablando de política, del clima o discutiendo ideas, sin conectar realmente con la intimidad del otro

Con las personas que amamos siempre anhelamos tener una comunicación más profunda y percibimos que eso no se logra fácilmente, ni depende de la cantidad de tiempo que hablemos y estemos juntos. Podemos pasar horas hablando de política, del clima o discutiendo ideas, sin conectar realmente con la intimidad del otro.

Aunque a veces sintamos que podemos comunicarnos mejor con quienes piensan como nosotros o tienen una cercanía ideológica, religiosa o intereses comunes, tampoco eso asegura que podamos tener una comunicación profunda. Es más, suele ser el diálogo con personas que piensan distinto las que nos movilizan a pensar con mayor profundidad y a repensar nuestra forma de ver las cosas, ampliándonos la perspectiva.

Pero lo que nos ayuda a lograr una comunicación más profunda y sincera son: la confianza, la capacidad de expresar lo que sentimos, saber pedir perdón y pedir ayuda cuando la necesitamos, agradecer, admirar y ser descanso el uno para el otro. 

Apertura de corazón 

La apertura implica ser capaz de confiarle al otro lo que vivimos en nuestro interior: preocupaciones, miedos, dolores, deseos, proyectos, alegrías, etc. Consiste en perder la vergüenza y el temor a ser juzgados, dejándonos amar y aceptar tal como somos, sin miedo a mostrarnos vulnerables e incoherentes. Si no somos capaces de hacerlo con quienes decimos querer, nuestros vínculos corren el riesgo de permanecer siempre en la superficie o enfriarse. Un sano ejercicio es preguntarnos por qué nos cuesta compartir nuestra intimidad, nuestros sentimientos más profundos. 

Poder expresar sentimientos dolorosos sin necesidad de culpar al otro, sino comunicando cómo nos sentimos, expresando la necesidad de la reconciliación, el pedir perdón y aceptar la disculpa de corazón, nos lleva a una relación realmente comprensiva y más sólida. Pedir perdón y perdonar sinceramente son formas eficaces de comunicación profunda. No dejarnos ganar por el orgullo y recordar que el perdón es una decisión, no un sentimiento, es clave para avanzar en este sentido. 

También es importante saberse vulnerable y animarse a pedir ayuda cuando la necesitamos. Si no somos capaces de pedir ayuda a quien está a nuestro lado, es un signo de que la relación no es muy profunda. En cambio, mostrar nuestras necesidades, pedir humildemente ayuda es un signo de la confianza que depositamos en el otro, venciendo el orgullo y aceptando que nos necesitamos mutuamente. La ayuda mutua ha de ser motivo de alegría y de cercanía, donde reconocemos nuestra vulnerabilidad y celebramos el amor que cuida y sostiene. La sinceridad como donación de uno mismo al otro, requiere siempre una gran dosis de coraje y humildad. 

Un corazón agradecido

El amor auténtico nos hace sensibles para reconocer los más mínimos detalles de amor de los demás hacia nosotros. La sola presencia de quien nos ama nos despierta el sentimiento de gratitud y de una profunda alegría por su compañía, por su fidelidad y entrega gratuita. Ser agradecidos es esencial a una relación sana y a una vida que quiera llenarse de alegría. Las personas agradecidas son más alegres y más felices, porque tienen la mirada puesta en todo lo que hay para agradecer. Expresarlo abiertamente es compartir esa alegría y hacer saber al otro cuan bien nos hace su presencia, el don de su vida y de su compañía.  

Al igual que en el perdón, el gran enemigo de los vínculos es el orgullo, porque cuando nos gana cerramos el corazón, levantamos los muros de la indiferencia y nos aislamos en la falsa seguridad de no tener nada para agradecer. El orgullo puede hacernos creer que merecemos todo lo que hacen por nosotros y que es lo normal, “lo que corresponde”, olvidando que el amor es gratuito y que podrían no amarnos ni estar con nosotros, ni elegirnos, ni cuidarnos, y sin embargo lo hacen libremente, porque quieren. En cambio, el hábito de agradecer por cada detalle, con un corazón sincero, nos hace más amables y nos acerca más a quienes están a nuestro lado. 

Cuando el amor es real nacen las alabanzas y elogios, no por compromiso, sino sinceramente, como fruto de la contemplación admirada del otro. La admiración cotidiana es fuente de elogios diarios, aunque a veces se exprese con palabras y otras veces con miradas o con una caricia o una sonrisa. La admiración también nos lleva a tener un corazón agradecido, pero no debe guardarse en el silencio sino darse a conocer.

¡Tú eres mi descanso!

La mejor manera de comunicarse en profundidad y tener una mayor confianza requiere la dedicación de un tiempo sin prisas, con toda la atención de nuestro ser, donde el otro sienta que tenemos todo el tiempo del mundo para él. 

Para descansar el corazón hay que aprender de la gratuidad de quedarnos en los brazos del otro, sin decir palabra, sabiendo que no hay nada más importante que estar juntos y permanecer en el amor. En los momentos felices y en los más difíciles, siempre podemos ser descanso del corazón de uno para el otro. Regalarnos un tiempo juntos, sin pensar en “hacer algo”, sino simplemente en “estar”, en permanecer, nos enseña a disfrutar la presencia de quien nos regala la paz y la certeza de su amor, aún en el silencio. 

Cuando queremos crecer en la profundidad del amor el secreto es la apertura de corazón, la confianza sin miedos, el mostrarse vulnerable, el saber pedir ayuda, pedir perdón y perdonar, siendo capaces de agradecer y admirar los dones que recibimos de los demás. Tal vez la forma que manifiesta esta realidad con toda su profundidad es cuando somos descanso el uno para el otro, porque allí se demuestra que de verdad nos dejamos sostener y sostenemos, que nos dejamos amar y amamos con el coraje que requiere un amor en serio.

Todas estas formas de aprender a estar con las personas que amamos son un ejercicio cotidiano que nos lleva a un nivel de profundidad inimaginable para muchos, pero posible para todos cuantos quieran y estén dispuestos a amar de verdad, con gestos concretos y expresando sin miedo nuestros sentimientos y deseos más profundos, haciendo de la persona que está a nuestro lado un verdadero compañero de vida con quien podamos experimentar la alegría de sabernos amados y de amar sin miedo. 

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