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¿Existen los “elegidos” en el Islam? La Baraka

MUSLIM
Shutterstock/FOTOKITA
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Una cualidad que puede ser muy frágil ante la manipulación

Baraka. Es una de las palabras más usadas por los musulmanes. En la religiosidad y la cultura popular, decir que alguien o algo “tiene baraka” significa que posee una fuerza benéfica, que es, en sí mismo, una bendición. Y ese halo provoca bienestar en todos aquellos que le rodean. Es, en cierto modo un símbolo que porta ciertos dones de Dios. En ellos deposita belleza, fecundidad, armonía, prosperidad. 

Este don, no sólo se puede manifestar en personas, sino en la creación misma, desde ciertos fenómenos naturales, lugares, animales, ciertos días del año, objetos y hasta palabras que lo poseen: los solsticios, el viernes (día sagrado para el Islam), ciertos números, la palmera, el agua, el cordero… que, en definitiva, juegan un papel importante en la vivencia cotidiana de la religión. Tener la sensibilidad de reconocer la baraka allá donde se manifiesta significa que se está en sintonía con los dones de Dios (fitra).  El caso del Corán es muy claro. No sólo posee baraka, sino que es portador de ella (mubarak), a través de sus letras, su significado y la musicalidad de la recitación en árabe. 

Aquellas personas que han convertido su vida en una progresiva intimidad espiritual con Dios no sólo poseen baraka, sino que la proyectan incluso después de fallecer. De ahí que haya sido frecuente procurar la compañía del wali (íntimo de Alá) durante su vida y la peregrinación a su tumba con la esperanza de recibir algo de su fuerza. Los “elegidos” no sólo tienen y transmiten baraka. También pueden perderla. Por consiguiente, hay que estar alerta para no perder aquello que les hace dignos del cultivarla. 

Esta cualidad puede ser muy frágil ante la manipulación, ¿por qué? Dentro del mundo musulmán, quien posee baraka, es en cierto sentido un intermediario. Tiene en sus manos un liderazgo natural. Una capacidad de convocar en torno a sí una comunidad que le siga. De hecho, el maestro espiritual de una comunidad, posee baraka. Y se entiende que ha sido recibida de Dios. La honra cultivándola con mediante actitudes religiosas y obras benéficas. Finalmente, la comunidad puede reconocerlo y seguirlo. Otra cuestión bien distinta es auto arrogarse dicha baraka para ejercer un liderazgo incontestable. 

Si trasladamos esta manipulación al campo político, las consecuencias no son mejores. Los ideólogos de los movimientos islamistas comenzaron persiguiendo a estos maestros espirituales. Algunos estaban vinculados a ramas sufíes (místicas) y otros pertenecían s a cofradías populares. Pero en ambos casos, poseían gran capacidad de convocatoria, y organización comunitaria. Estas tariqas, son de hecho estructuras religiosas que pueden funcionar de modo autónomo respecto a la política. Escapan a su control.

Paradójicamente, algunos de los movimientos políticos más radicales terminaron asimilando y adaptando algunas de las características de las tariqas. Se implantaron como grupos cerrados, con una estructura muy jerarquizada. Una comunidad que es fiel y obediente a la figura de su líder, un iluminado, un “elegido”. 

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