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¿Realmente existió el “abogado del Diablo”?

DEVIL
Shutterstock-MaryValery
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Una persona dedicada durante siglos a intentar demostrar que los candidatos a santos podrían no merecer ser canonizados

Este término que a veces se puede escuchar todavía en una conversación casual hace referencia a un verdadero cargo. Pero no se trata de una persona con traje elegante y formal que le hace el papeleo al Diablo aquí en la Tierra (como en la película de 1997 protagonizada por Keanu Reeves); sino a una posición que, irónicamente para algunos, nació en la propia Iglesia Católica.

No se sabe con certeza quién introdujo el término, aunque muchos estudiosos aseguran que fue el Papa León X a principios del siglo XV. Era un cargo que se creó dentro de la iglesia para examinar críticamente la vida y milagros atribuidos a una persona que era candidata para beatificación o canonización, ya que hasta el siglo XII no había un reglamento claro y muchas personas eran declaradas beatas o santas cuando la autoridad de la iglesia no estaba tan unificada.

El advocatus diaboli (abogado del Diablo en latín) o promotor de la fe como también era llamado, era un cargo difícil, ya que muchas veces el sacerdote, quien actuaba como una especie de procurador, creía lo que estaba viendo o lo que le decían, pero tenía que tomar una posición escéptica y a veces hasta “cuestionar” la santidad del futuro beato o santo, al punto que tenía que sugerir pruebas científicas y hasta descartar que hubieran motivos egoístas detrás de ciertos hechos catalogados como heroicos por la sociedad. 

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Shutterstock-Maria Avvakumova

Era tan importante este puesto que hasta el Papa Sixto V  le atribuyó una oficina formal en 1587 que luego formó parte de la Congregación para las Causas de los Santos. A veces no era una sola persona, sino varios, quienes debían realizar entrevistas, estudios y todo lo necesario para demostrar que el candidato propuesto realmente tenía virtudes suficientes para merecer tal privilegio. De nuevo, no era algo fácil de hacer y a veces sentían un gran rechazo de la gente, que los veían, literalmente, como “los malos de la película” o los “abogados del diablo” por tener una postura negativa y contradictoria ante las buenas causas.

El Papa Juan Pablo II eliminó este cargo en 1983 cuando fueron revisados los procedimientos de canonización, simplificando más el proceso. Sí existe una figura pero se llama “promotor de la justicia” y entre sus responsabilidades está “presidir las reuniones de teólogos” y “preparar los informes de la reunión”.

Por lo tanto, más que un fiscal, es una especie de secretario y su rol es más matizado. Por supuesto, siguen habiendo normas y revisiones para declarar a alguien beato o santo, pero más concisas y precisas.

Sin embargo, es curioso que hoy en día a veces todavía podemos escuchar la expresión “abogado del diablo”, incluso secularmente, para hablar de una persona que constantemente pone objeciones o dudas sobre un hecho buscando más justificaciones. Incluso, a veces uno mismo lo es, sólo hay que tener cuidado del verdadero motivo del cuestionamiento, porque a veces se hace en búsqueda de conocimiento o de la verdad, como lo fue en su origen, pero otras tantas por intrigar o generar molestia en el otro. 

 

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