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10 ideas del Cardenal Bergoglio para los maestros

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l i g h t p o e t - Shutterstock
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En el día del Maestro en la Argentina, diez reflexiones sobre la bellísima y necesaria vocación de los educadores

 

Los maestros tienen su día, aunque depende de cada país cuando concretar la celebración. En la Argentina, se celebra el 11 de septiembre, en honor a Domingo Faustino Sarmiento, presidente de la Nación (1868-1874) que favoreció notablemente la alfabetización y el crecimiento de escuelas en su país. Hoy, 150 años más tarde, los docentes siguen enfrentando nuevos desafíos. Si en aquel momento era motorizar la futura ciudadanía para garantizar el desarrollo de todo el país, hoy los desafíos se han multiplicado.

En el país, la profesión docente dista de ser de las mejores pagadas. En un ranking de 39 países elaborado por la OCDE, el salario docente en la Argentina ocupa el número 34, muy por debajo de la media. Incluso en el país el salario docente se encuentra por debajo de la media nacional de empleados privados. Si un docente cubre un solo turno para dedicarse al estudio, planificación y corrección durante el otro, a duras penas le alcanzaría para vivir. De las crisis se sale con educación, se suele escuchar, pero los docentes se mueven más por esa vocación impresa en su ADN que por el reconocimiento económico e incluso social.

Para ellos, compartimos unas ideas del entonces cardenal Jorge Bergoglio que seguramente harán bien a su alma.

1. Educar es un acto de esperanza

Educar es en sí mismo un acto de esperanza, no solo porque se educa para construir un futuro, apostando a él, sino porque el hecho mismo de educar está atravesado por ella. Los maestros deberían tener siempre presente el enorme aporte que hacen a la sociedad en este sentido —al entregarnos todos los días en su quehacer con nuestros niños adolescentes y jóvenes argentinos esta indicación fundamental, esta señal redentora y salvadora, la de la esperanza, con la que, todos los días, reparten el pan de la verdad, invitándonos a todos a seguir la marcha, a retomar el camino. (23 de abril de 2008; Mensaje a las Comunidades Educativas).

2. Educar en la verdad con el testimonio

Educar en la búsqueda de la verdad exigirá de ustedes, queridos docentes, aquella actitud a la que me referí más arriba: “saber dar razón”, pero no solo con explicaciones conceptuales, con contenidos, sino conjuntamente con hábitos y valoraciones encarnadas. Será maestro quien pueda sostener con su propia vida las palabras dichas. Esta dimensión de alguna manera estética de la transmisión de la verdad —estética y no superficialmente esteticista—, transforma al maestro en un icono viviente de la verdad que enseña. Aquí belleza y verdad convergen. Todo se vuelve interesante, atractivo y suenan por fin las campanas que despiertan la sana “inquietud” en el corazón de los chicos. (23 de abril de 2008; Mensaje a las Comunidades Educativas)

3. Segundas mamás

Sé que ustedes, queridos docentes, están teniendo que cargar sobre sus espaldas no solo con aquello para lo cual se prepararon, sino con una multitud de demandas explícitas o tácitas que los agotan.(…) ¿Y entonces? ¿Qué tienen que hacer ustedes, así como están de sobrecargados y cansados? ¿Tendrá razón el que diga “mi tarea es enseñar tal o cual disciplina, yo no voy a poner el cuerpo para que me peguen, que los otros se hagan cargo de lo suyo”? Y, sí, ojalá cada uno hiciera lo que le corresponde. Pero, como les decía hace unos meses, la maestra no podrá limitarse a ser la “segunda madre” que era en otras épocas, si no hubo antes una “primera”. (6 de abril de 2005; Mensaje a las Comunidades Educativas).

4. Disciplina con libertad

Queridos educadores, para que la disciplina adquiera este sello de la libertad es necesario un docente que sepa leer la inquietud como lenguaje, desde la búsqueda que implica el movimiento físico, el no estarse nunca quieto, pasando por la del preguntar permanente, hasta la del adolescente que todo lo cuestiona y replica, inquieto por otra respuesta. (23 de abril de 2008; Mensaje a las Comunidades Educativas).

5. Anuncien la luz

Hoy a ustedes que trabajan en educación, rodeados de estos chicos y chicas sobre los cuales tenemos responsabilidad, les digo como el Ángel a los Apóstoles: “Salgan del encierro y vayan y anuncien este modo de vida”. Este modo de vida en que la luz es la que vence; este modo en que no se negocia la luz por un farolito así nomás que deja a su costado espacios de tiniebla. Anuncien este modo de vida en que la tiniebla no tiene lugar y luchen contra ese cansancio tan habitual que los caracteriza en su vocación para que cada chico y cada chica abra su corazón a la luz y no le tengan miedo a la luz aunque les pueda costar algunas dificultades. (Misa por la Educación, 2009)

6. No teman

La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en esa encrucijada con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin retaceos que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don infinito solo comparable a la inefable medida de su destino trascendente. Esto es lo que está en juego cuando ustedes van todos los días a sus colegios y encaran ahí sus tareas cotidianas. Nada más ni nada menos, aunque a veces el cansancio y las dificultades les instilen dudas y tentaciones, aunque por momentos el esfuerzo parezca insuficiente ante las colosales dificultades de todo orden que se interponen en el camino. Ante esas dudas y tentaciones, ante esas piedras, hay una voz que nos dice, una y otra vez, “no teman”. (6 de abril de 2005; Mensaje a las Comunidades Educativas).

7. Competencias profesionales

Preocupémonos para que nuestros maestros, nuestros directivos, nuestros capellanes, nuestros administrativos, sean realmente buenos y serios en lo suyo. El espíritu es importante, pero también lo es la competencia profesional. No para caer en el mito de la “excelencia” en el sentido competitivo e insolidario en que a veces se presenta, sino para ofrecer a nuestra comunidad y a nuestra patria lo mejor de nosotros, poniendo en juego a fondo nuestros talentos. (9 de abril de 2003, Inicio del Año Escolar).

8. La escuela son los maestros

La escuela puede ser un “lugar” (geográfico, en medio del barrio, pero también existencial, humano, interpersonal) en el cual se anuden raíces que permitan el desarrollo de las personas. Puede ser cobijo y hogar, suelo firme, ventana y horizonte a lo trascendente. Pero sabemos que la escuela no son las paredes, los pizarrones y los libros de registro: son las personas, principalmente los maestros. Son los maestros y educadores quienes tendrán que desarrollar su capacidad de afecto y entrega para crear estos espacios humanos. (28 de marzo de 2001, Inicio del Año Escolar).

9. Enseñar con pasión, aprender con placer

Los invito a reflexionar juntos y hacernos uno en la idea de que solo quien enseña con pasión puede esperar que sus alumnos aprendan con placer. Solo quien se muestra deslumbrado ante la belleza puede iniciar a sus alumnos en el contemplar. Solo quien cree en la verdad que enseña puede pedir interpretaciones veraces. Solo quien vive en el bien —que es justicia, paciencia, respeto por la diferencia en el quehacer docente— puede aspirar a modelar el corazón de las personas que le han sido confiadas. El encuentro con la belleza, el bien, la verdad, plenifican y producen un cierto éxtasis en sí mismo. Lo que fascina nos expropia y arrebata. La verdad así encontrada, o que más bien nos sale al encuentro, nos hace libres. (23 de abril de 2008, Mensaje a las comunidades educativas).

10. El educador que se hace prójimo

El educador que “enseña” a no tener miedo en la búsqueda de la verdad es, en definitiva, un maestro, testigo de cómo se camina, compañero de ruta, cercano, alguien que se hace prójimo. (23 de abril de 2008; Mensaje a las Comunidades Educativas).

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