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Venezuela: Ganaron los que perdieron

MADURO
AFP PHOTO / Juan BARRETO
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Las mayorías desobedientes sienten que se abre la puerta a nuevo estadio de lucha

Lo ocurrido ayer, durante la jornada electoral en Venezuela, fue cantado con anterioridad suficiente. Es la crónica de un fracaso anunciado. Fracaso del gobierno y fracaso de quienes presentaron su candidatura contra Maduro. No hablamos de candidatos de la oposición, pues quedó claro que no la representaban. La abstención, brutal e histórica, derrotó al gobierno tanto como al candidato Falcón y al evangélico Bertucci.

La Iglesia lo advirtió: pospongan las votaciones. No hay respaldo del pueblo. Vuelvan la mirada hacia las urgencias de la gente. Esta elección no será legítima mientras las necesidades consuman a los venezolanos. Y así fue. El desprecio de la sociedad por unos y otros se hizo patente: calles vacías, centros electorales desolados. La gente encerrada en casa. El silencio de las ciudades espeluznaba porque a gritos proclamaba el sentir de un país en colapso.

Ambos candidatos denunciaron irregularidades, en número y gravedad inéditas. Bertucci habló de 1.400 y uno de los voceros de la campaña de Falcón contó 900. Semejante exposición de abusos deslegitimaba el proceso, aún para aquellos que siempre sostuvieron se debía acudir a pesar de la falta de transparencia y de condiciones mínimas aceptables para una elección democrática.

Henry Falcón, en un quiebre emocional, descargó las responsabilidades en el pueblo al escribir en su cuenta de tuiter: “Hoy queda claro que esa propuesta de llamar a la abstención ha dejado atrás una oportunidad extraordinaria para darle cauce cierto a la tragedia que vive Venezuela”. Luego, expresó abiertamente que desconocía el proceso en un giro inesperado, mientras Bertucci pedía a Maduro repetir las elecciones.

El problema es que la abstención, en Venezuela, es producto del hastío por –como recitó Pablo Neruda- “ver la tierra que no cambia”. El voto, en el contexto en que ha sido usado hasta gastarlo en la voluntad de la gente, ha perdido atractivo. Y lo que es más grave, no existe ni pizca de fe ni esperanza en que sirva de instrumento para conseguir un cambio. El liderazgo político está perplejo porque no atina a producir las lecturas correctas a los mensajes que la ciudadanía envía.

“Por primera vez en años, reconocemos a dónde estamos parados. Sabemos que el fraude es un hecho. Y no nos prestamos”, coreaba la libretista Sonia Chocrón en su tuit a los cientos que decían lo mismo.

Desde hace muchas elecciones atrás, la sociedad venezolana se volcó disciplinadamente a ejercer su derecho cada vez que se le convocó. Pero ya apuesta por la economía del esfuerzo. No parece dispuesta a seguir depositando un voto que, invariablemente, sale distinto a como se le emitió mientras una dirigencia opositora se limita a reconocer “derrotas” y enviar a la gente a casa hasta la próxima elección. Varios tuiteros advertían ayer: “Esto ha sido una demostración a la dirigencia de que este pueblo jamás volverá a las urnas sino en libertad”. En otras palabras, el orden es así: saquen a Maduro y luego llámennos a votar.

La comunidad internacional, a medida que avanzaba el día y resultaba inocultable el repudio de las mayorías a un proceso viciado expresado en abstención, cuestionaba la realización de los comicios de ayer a través de distintas vías, especialmente las redes sociales.

Macri dijo con ironía: “Tuvimos otro simulacro de elección democrática en Venezuela”. Costa Rica aseguró no reconocer el proceso y expresó su preocupación por la debilitación de la democracia en Venezuela.  Panamá fue tajante: “No reconocemos los resultados de las elecciones en Venezuela”. El gobierno de ese país considera que el proceso electoral no fue democrático ni participativo. En Chile, el gobierno que dirige  Sebastián Piñera está seguro de que Maduro no respeta las libertades elementales de los ciudadanos. Han desencadenado en una “tragedia política”, concluyeron.

El Salvador reconoció la victoria de Maduro y China abogó porque se respetara “la voluntad del pueblo”. Mientras tanto, la cancillería rusa denunció “injerencia”de Estados Unidos en las elecciones venezolanas

Mariano Rajoy, jefe de gobierno español, indicó que “no se respetaron los mínimos estándares democráticos” y adelantó que España estudiará medidas junto a la Unión Europea tras “elecciones” en Venezuela. Marco Rubio, senador estadounidense, aseguró que este lunes la comunidad internacional y los Estados Unidos responderán a los resultados de las “elecciones presidenciales”.

Los países del Grupo de Lima asumieron una actitud frontal ante lo que calificaron como “un show electoral”. Anuncian que, a partir de hoy, comenzarán a reducir sus relaciones diplomáticas con Venezuela.

El jefe de Estado obtuvo 5.823.728 de votos, según anunció Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral. Acto seguido, los ciudadanos comenzaron a cacerolear, tanto en Miraflores como en el este de la ciudad, por la reelección del presidente Nicolás Maduro. Voceros de serias firmas encuestadoras estimaban una abstención de casi el 90%.

En lugar de anunciar amnistías o presentar alguna medida económica que aliviara la situación de los venezolanos, Maduro se ufanó: “Volvimos a ganar (…) somos la fuerza de la historia convertida en victoria popular permanente”, al tiempo que convocaba a un diálogo nacional.

Los analistas reflejaron opiniones disímiles. El politólogo Carlos Raúl Hernández puso el acento en la abstención desmereciendo el tema de las condiciones electorales: “El problema aquí es que la gente decidió no ir a votar”.  Desde otra perspectiva, el periodista, especializado en análisis político y ancla de televisión, Manuel Felipe Sierra, reflexionó: “Un país en rebelión se manifestó el día de ayer. Pasó lo que se esperaba, Maduro sigue y todo pareciera ser un capítulo más de esta telenovela, un episodio que dará paso a más de lo mismo, una crisis en continua profundización. Pero un dato es importante: el desacato masivo de la población al llamado a elecciones”.

No cabe duda de que algo cambió ayer. A pesar de las amenazas y las ofertas dadivosas del jefe del Estado, ni siquiera el voto chavista funcionó. Hoy, las caras,  en Palacio, deben estar largas, ante el peso de las realidades.

Lo cierto es que el Gobierno está seriamente amenazado por más sanciones internacionales tras la reelección de Maduro. El Estado, ante el cerco que tiene, podría ir a un sistema de partido único como el de Cuba o bien agenciar una negociación que le permita salir del atrolladero, toda vez que su piso ha quedado más frágil que nunca.  Entre sus cuatro paredes, un análisis descarnado de lo ocurrido debe colocar en remojo las barbas oficialistas. No hay pueblo y pueden quedarse sin país. La crisis económica y social que atraviesa Venezuela logró superar la peor emergencia histórica de Cuba, conocida como el período especial de los años 90.

Pavel Vidal es un economista cubano y ex funcionario del Banco Central de Cuba (BCC), quien estudió el tema junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sostiene que, en el caso venezolano, la inflación, la devaluación y la caída del Producto Interior Bruto (PIB), del salario real y de las importaciones son los causantes del “terremoto económico” que devasta a Venezuela. En 2013, recordó el experto, inició la devastación debido a los gastos millonarios del presiente Hugo Chávez para lograr su reelección y a la corrupción generalizada. Desde ese momento los indicadores inflacionarios crecieron aceleradamente.

La inflación en Venezuela no tiene techo: puede llegar a 160.000%. Y eso no lo detiene una elección. Los problemas persistirán, agravados por la vigencia del socialismo del siglo XXI.

El país opositor amaneció envalentonado: “Por fin ganamos una!”, publicaban en sus cuentas de tuiter, en referencia a que la abstención – evidencia del repudio a un proceso manipulado y secuestrado por el régimen- había privado, tanto a Maduro como a la dirigencia opositora, de votos que los avalaran.

El presidente no parece tener mucho margen de maniobra. Y no se sabe hacia dónde puede drenar el coraje del pueblo. Falta ver si los militares, gravemente afectados por la deserción en sus filas seguida del éxodo en masa a Colombia, víctimas también ellos y sus familias del hambre, resolverán actuar.

La oposición deberá plantearse una nueva hoja de ruta. Si son capaces de ver primero por el país -y, cuando sea tiempo, deshojar sus apetencias- tal vez podrían recuperar la confianza de la gente, hoy rota en mil pedazos.

Vale recordar la frase del Libertador: “Unión, unión, o la anarquía os devorará!”.

Sin un solo liderazgo respetado en Venezuela, capaz de convocar y capitalizar el descontento en las filas opositoras, ante tanta vicisitud no se avizora -por los momentos- una insurgencia popular organizada, pero la anarquía –a la que tanto temió Bolívar- podría desatarse.-

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