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La lección del maestro. 15:17 Tren a París

Warner Bros.
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Una carta abierta a Clint Eastwood después de su última película

Estimado señor,

Esta carta que le escribo no pretende acortar la distancia que separa a los artistas del público al que van destinadas sus obras.

No voy a dirigirme a usted utilizando su nombre de pila como si con el tiempo, después de haber visto prácticamente todas sus películas delante y detrás de las cámaras, creyese estar en la cumbre del pico más alto en el Himalaya de su carrera y de pronto me fuese a dar por tutearle, asumiendo que el tiempo transcurrido en común, mientras usted hacía películas y yo las veía, me ha convertido en su vecino, amigo o algo parecido.

Le escribo, de hecho, para ampliar mucho más nuestra distancia, sobre todo después de haber visto su última película, que no sé si es la mejor de las suyas pero tampoco me importa.

15:17 Tren a París no me parece, aunque lo sea, una historia sobre segundas oportunidades. Quiero decir que no sólo me parece eso. Usted ya había ensayado con esa fórmula muchas otras veces y de diferentes maneras: amplificando con secuelas el sentido de un personaje como Harry Callahan, dejándose definir y redefinir por otros cineastas, dinamitando la mitología del western que usted mismo había ayudado a establecer, recordándose a sí mismo lo idiota que puede llegar a ser un director megalómano cuando se olvida de que -en definitiva- hacer cine es tratar con seres humanos (y con otros seres vivos, como los elefantes), o rodando un importante episodio de la Segunda Guerra Mundial desde dos puntos de vista opuestos: el norteamericano y el japonés.

Perdone que insista: creo ser consciente del papel de las segundas oportunidades en su obra, de las duplicaciones, refutaciones y precisiones con las que ha avanzado, especialmente como cineasta aunque también como actor.

Sé que puede llegar a ser muy radical con usted mismo, como cuando decidió suicidarse cinematográficamente en Gran Torino (2008) sin hacer uso de las armas que en sus otras películas parecían instrumentos inevitables para hacer prevalecer cierto grado de justicia o de lógica, para defenderse con la violencia del relato de la violencia real.

Pero su radicalismo ha cambiado mucho con el tiempo, como le sucedió a John Ford. Antes era radical visualmente y menos articulado dialécticamente, mientras que ahora me parece que su radicalismo es más dialéctico que visual.

Unos achacarán eso a los años, yo prefiero atribuírselo a su oficio y quizás a las conclusiones que pueda haber sacado del actual panorama del cine mainstream, donde los efectos especiales siempre tienen un extraño color rojo, como si sin ese color ya nada tuviese sentido en la paleta del show business. Quizás después de tantos avances y retrocesos, de imágenes expresivas y contundentes, ahora prefiere utilizar imágenes reflexivas, de esas que parecen hablar por sí solas, sin trucos ni efectos.

Al ver su última película, no pude evitar pensar en Sully (2016), claro. Me pareció pequeñita, de presupuesto moderado y muy anclada en el presente no por la vía de la interpretación (como hizo en sus portentosas películas de los 90, ejemplos de cine inadaptado ante los géneros) sino por la vía de la fidelidad, de la exactitud, de la precisión.

Como la anterior, esta última me ha empujado a verle reformulándose y acoplándose a nuestro tiempo, con la urgencia de un reportero de guerra que acude al campo de batalla real cansado de haberlo visualizado antes en escenarios de cartón piedra. Me parece que, al igual que Sully, 15:17 Tren a París nace de los créditos finales de El francotirador (2014), cuando decidió redimir al relato con la realidad, difuminando así ese extraño espacio donde las películas imprimen leyendas porque saben que ciertas cosas jamás podremos entenderlas sin tomar desvíos.

Me sorprendió que para los tres papeles principales de su última película decidiese utilizar a los tres protagonistas de la historia real, unos jóvenes que ya están dejando de serlo y que en un tren camino de París tienen que reaccionar ante la amenaza de un terrorista armado hasta los dientes.

Soy consciente de que no hay nadie mejor que ellos para expresar sus dudas e incertidumbres en el presente, hasta llegar a ese momento en que sus vidas -por así decirlo- se resumen y cobran sentido. Sin embargo, eso también lo habrían podido hacer tres buenos actores profesionales, como los que contrató para interpretarlos en los flashbacks donde los vemos crecer juntos, yendo luego cada cual por su lado aunque sin perderse de vista unos a otros.

Para ellos debió de ser algo así como un segunda oportunidad ante su propia vida, no para corregirla o para entenderla sino para experimentarla a través de la ficción, que es un gran máquina del tiempo y al mismo tiempo el lugar donde los hechos se repiten y se amplifican, consiguiendo que de ese modo sean más duraderos.

¿Quería usted eso: hacerlos duraderos? ¿Deseaba que esos muchachos jamás se alejen de sí mismos, recordándose en adelante a través de una ficción que regresa una y otra vez, en un eterno retorno? ¿O éramos nosotros, los espectadores, su objetivo? ¿Deseaba instalarnos en ese momento crucial en el que podemos fijar una imagen donde se define nuestra vida, porque en él confluyen nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro? Si era eso, permítame decirle que en mi caso lo ha conseguido.

Vivo en Estados Unidos, con esa mezcla de fascinación y rechazo de casi todos los estadounidenses hacia el país, con esa confusión a la que nos condenan las grandes palabras y los hechos diminutos, la opulencia y la pobreza más extrema, el pragmatismo capitalista y el idealismo de los padres fundadores.

Vivo aquí con la esperanza de encontrar una imagen capaz de solucionar mis dudas e incertidumbres, y -créame- quizás su última película no baste para resolver la ecuación pero aun así mientras la veía -y todavía ahora- creí -creo- que siempre habrá una esperanza si gente como usted sigue buscando un equilibrio entre lo que el cine puede decirle a la realidad y lo que la realidad puede decirle al cine, sin que ninguno pierda sus atributos.

Le expreso mi admiración más profunda por haberme entregado siempre lo que todo el mundo espera de un gran maestro: la energía y el afán de riesgo de un joven explorador.

 

Ficha Técnica

Título original: The 15:17 to Paris (2017).

País: Estados Unidos.

Director: Clint Eastwood.

Guión: Dorothy Blyskal (a partir del libro homónimo de Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Spencer Stone y Jeffrey E. Stern).

Reparto: Spencer Stone, Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Judy Greer, Jenna Fischer, Ray Corasani, Tony Hale, Thomas Lennon, Sinqua Walls, Paul-Mikel Williams, Max Ivutin, Bryce Gheisa, Cole Eichenberger, William Jennings, Jaleel White, P. J. Byrne, Robert Pralgo, Steve Coulter, Gary Weeks, Timothy Carr, Cecil M. Henry, Lillian Solange Beaudoin, BreeAnna Marie, Ethan Rains, Mariam Vardani, Jeanne Goursaud, Irene White, Seth Meriwether, Matthew Barnes.

Tags:
cine
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