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Los niños siguen siendo la gran víctima del hambre en Venezuela

Photo by Roman Camacho/NurPhoto
En Venezuela, 16 de cada 100 niños sufre desnutrición aguda
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La estadística es dramática en la nación sudamericana, donde cada número tiene nombre y apellido. Los sobrehumanos esfuerzos de la Iglesia resultan escasos para mitigar una crisis sin precedentes, que ya es calificada por muchos como un triste “genocidio” silencioso.

Las cifras no mejoran: 16 de cada 100 niños sufre desnutrición aguda, y al menos un tercio de los infantes menores de 12 meses de edad mueren cada día en la nación sudamericana; la gran mayoría por causas asociadas al hambre o por situaciones perfectamente evitables.

Muchos de los lactantes “ingresan (a los centros hospitalarios) infectados por cualquier patología y fallecen porque no tienen defensas debido a la mala alimentación. Tampoco hay los medicamentos necesarios para atenderlos”.

Así lo advertía recientemente la doctora Alicia Pimentel, del Hospital de San Cristóbal en el fronterizo estado Táchira. La entidad fue noticia en los últimos meses tras una serie de niños muertos por desnutrición, particularmente alta en el mes de noviembre.

Tristemente, no se trata de casos aislados: Bolívar, Trujillo, Vargas, Distrito Capital, la gran Caracas y Miranda figuran en la cada vez más larga lista de víctimas que el hambre cobra en Venezuela donde, según dijo la directora de Cáritas a Aleteia: el 68% de los niños sufre algún tipo de desnutrición o está a punto de sufrirla: “36% repartido entre leve, moderada y severa; 32% en alto riesgo de padecerla”.

Lo más grave es que de acuerdo con los estudios presentados a lo largo del año por la institución social de la Iglesia, el aumento del número de afectados ocurre “a expensas de las formas más severas de desnutrición y no de las más leves”.

Se podían haber evitado

Además, según los reportes reseñados en prensa nacional, muchas de las víctimas mortales se debieron a patologías que, de acuerdo con la Sociedad de Pediatría local, “pudieron ser prevenidas o fácilmente tratadas”.

El mayor deterioro se observa en las parroquias de los estados Vargas y Zulia, esta última una rica entidad petrolera, donde el régimen de Nicolás Maduro impidió que gobernara el ganador de la contienda electoral porque no se juramentó ante la Asamblea Nacional Constituyente, institución calificada públicamente como “ilegal” por la Iglesia Católica y desconocida por un centenar de naciones, incluida la ciudad Estado del Vaticano.

Casi la mitad mendiga o come de la basura

2017 fue el año de mayor hambre para Venezuela en la última década, según instituciones independientes y los estudios de Cáritas, hechos públicos a escala internacional. Al hacer balance y evaluar el panorama para el año 2018, su directora –Janeth Márquez- recordó a Aleteia que en esa nación 7 de cada 10 familias se vieron obligadas a “cambiar sus formas habituales de adquirir alimentos”, y el 41% lo hizo mendigando o literalmente “comiendo de la basura”.

El deterioro en la alimentación del venezolano, que cobró su mayor saldo en vidas de niños y lactantes, afectó de manera directa al 64% de los hogares, los cuales “se vieron obligados a incurrir en alguna forma de privación alimentaria”.

Pero, además, en el país petrolero la crisis no es cuestión de clase social ni de color; es un problema que afecta a la amplia mayoría, si se toma en consideración que el 85% de los hogares sobrevive con una “alimentación deficiente”.

Mientras, el país se estrena con nuevo salario mínimo, luego de 6 aumentos consecutivos y una hiperinflación que despidió el 2017 por encima del 2.700% anual, de acuerdo con las cifras de la Asamblea Nacional, organismo que presenta tales estadísticas ante la ausencia de los indicadores que el Banco Central se niega a publicar pese a que está obligado constitucionalmente a hacerlo.

El 4% de la canasta básica

Aún con el recién anunciado aumento, los venezolanos no pueden adquirir ni siquiera el 4% de los alimentos correspondientes a la canasta básica, pues según los estudios del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, CENDAS, se requieren unos 150 dólares (a precio real en mercado paralelo) para dar de comer a una familia.

El incremento de la desnutrición aguda se dio a una tasa que triplica el ritmo de aumento de períodos anteriores, lo que demuestra que hay nuevos factores agravantes. Un hecho que se suma a la disminución de talla promedio en la última década, según reciente estudio que realizó y compartió con Aleteia la experta nutricionista y miembro de número de la Academia Nacional de Medicina, Mercedes López de Blanco.

Al menos en 17 estados del país, los médicos afirman que sus salas de emergencia recibieron niños con desnutrición. Cerca de un centenar, según la prensa local, habría fallecido a lo largo del año por esa causa, tomando en cuenta únicamente a los infantes atendidos en salas hospitalarias.

Los niños sufren… Incluso antes de caer en “desnutrición severa”, los infantes menores de dos años presentan debilidad para moverse, falla en la fuerza para alimentarse, resequedad de la piel, mayor vulnerabilidad para enfermarse, detención total de su normal proceso de crecimiento y daños cognitivos, en algunos casos irreversibles.

Mientras en países como Canadá toman medidas para extremar cuidados en neonatos y lactantes durante la peculiar temporada de frío; en países como Venezuela, los niños mueren como consecuencia de un modelo político y socioeconómico que somete al genocidio silencioso a un número cada vez más elevado de inocentes.

Pocas horas antes de culminar el 2017, el Vaticano distribuyó una conmovedora foto que muestra a un niño en espera de que sea cremado su hermano muerto por la bomba atómica de Nagasaki. Sobre ella se colocó la firma del Papa (Franciscus) junto a cuatro desgarradoras palabras al reverso: “El fruto de la guerra”. Todo parece indicar que en Venezuela también hay cosecha de otros crueles tipos de guerra.

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