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Niños prematuros, la fragilidad de nuestro futuro

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Aprendamos a “familiarizarnos con la prematuridad” para cambiar nuestra perspectiva sobre los bebés prematuros y acompañar mejor a sus padres

En la actualidad, 1 de cada 10 niños en el mundo nace prematuro, lo cual representa 15 millones de nacimientos al año. La prematuridad es cada vez más frecuente debido a los avances en neonatología y a las consecuencias de los tratamientos por infertilidad.

Charlotte Bouvard, fundadora de la asociación francesa SOS Préma, escribe: “Los niños prematuros son nuestros más pequeños, nuestros más frágiles y también son nuestro futuro, como todos los niños. Es el deber de todos nosotros hacer todo lo posible para ayudar a estos niños que no llegan a la vida con las mismas oportunidades que los demás”.

¿Qué es la prematuridad?

Un nacimiento se considera prematuro si ocurre antes de los 8’5 meses de embarazo (o sea, 37 semanas de amenorrea), en comparación con las 41 semanas de amenorrea (SA) para los bebés a término.

Se distingue entre prematuros extremos (antes de 28 SA), muy prematuros (de 28 SA a 31 SA + 6 días) y prematuros moderados (de 32 SA a 36 SA + 6 días).

La prematuridad no para de aumentar por los tratamientos de fertilidad que a veces conducen a embarazos de alto riesgo (especialmente embarazos múltiples) por la edad de las madres, por los  antecedentes de prematuridad, por la pertenencia a una clase social desfavorecida y, por último, pero no por ello menos importante, por el progreso en la medicina de reanimación neonatal.

En 1970, el 80% de los bebés prematuros menores de 1200 gramos murieron. En 2010, el 90% de ellos sobrevivieron y el límite de viabilidad se amplió a 24 semanas de amenorrea, es decir, 5 meses de embarazo (siempre que el niño pese al menos 500 gramos).

¿Qué cuidados reciben los bebés prematuros? 

“A las 24 SA, los órganos están completamente formados, pero carecen de madurez. Por lo tanto, la atención prestada en el servicio de neonatología tendrá por objeto suplir las funciones deficientes.

Por supuesto, cuanto antes nazca el niño, más importantes y complejos serán los cuidados”, explica la doctora Frédérique Berne-Audéoud, pediatra del servicio de neonatología del Hospital Universitario de Grenoble.

El objetivo es ayudar al niño a respirar adecuadamente, utilizando aparatos como un respirador, una mascarilla nasal y gafas que suministran oxígeno. Se monitorean constantemente los ritmos respiratorios y cardíacos.

También hay que ayudarles a alimentarse por perfusión y luego por sonda hasta que sean capaces de digerir por sí mismos. También se hace todo lo posible para ayudar a mantener una temperatura corporal apropiada.

Por último, se incrementa la vigilancia ante riesgo de infecciones y complicaciones cerebrales. Esto requiere numerosos exámenes diarios (rayos X, ultrasonidos, electroencefalogramas).

“El bebé, aunque prematuro, es una persona”

La doctora Frédérique Berne-Audéoud, pediatra en el servicio de neonatos del Hospital Universitario de Grenoble, ha publicado un libro, Histoires d’Avant – L’apprivoisement du monde de la prématurité [Historias de antes: un acercamiento al mundo de la prematuridad], para el cual fotografió durante 3 años a bebés que fueron atendidos en sus servicio. Así explica el objetivo de este proyecto:

“Lo que quería mostrar es lo que mucha gente ignora: el bebé, incluso prematuro, es una persona. No es fácil de ver o fotografiar, son momentos muy fugaces, pero muy presentes. Cuando me ocupo de un bebé en el servicio, soy consciente de que estoy tratando con una persona real, no solo por sus particularidades médicas, sino también y ante todo por su personalidad y carácter. Ser sensible al tema del dolor y a la presencia de los padres en el servicio es reconocer que se trata de un individuo que pertenece a una familia, a un grupo social y que no es un objeto sobre el cual practicar cuidados. El bebé prematuro es una persona, no es un “renacuajo” como a veces oigo decir, es un ser humano. Sí, son bebés con una historia neonatal difícil, tanto para ellos como para sus familias. Quizás tengan una infancia temprana compleja, a veces una experiencia escolar difícil, debido a las dificultades de aprendizaje que pueden sufrir, pero la mayoría de ellos alcanzarán una vida adulta normal. Por todas estas razones, debemos cuidarlos con todo el respeto que merecen”.

Una prueba para los padres

Charlotte Bouvard, fundadora de la asociación SOS Préma, madre de un niño prematuro, recuerda el lapsus que tiene a menudo al recordar la salida de su hijo del servicio de atención neonatal; decía: “Cuando yo salí del hospital…”. Y analiza: “Probablemente porque, durante un mes, era una parte de mí misma que dejaba cada noche en neonatología”.

Además de la separación de su hijo, en un momento en que los padres y los hijos necesitan esa proximidad, el padre y la madre de niños nacidos prematuros sienten una multitud de emociones fuertes y a veces contradictorias, que mezclan la culpa de haber dado a luz demasiado pronto, la alegría del nacimiento, la angustia de los primeros días…

Myriam Dannay, psicóloga de la asociación SOS Préma, explica: “Este nacimiento prematuro provoca emociones contradictorias en los padres: la alegría de ser padres convive con la ansiedad por la salud de su hijo, la culpa empaña la felicidad de ser madre. Hay momentos dulces y periodos de duda, de frustración, de cólera… Pasa a menudo después de salir del hospital… o algunos meses más tarde, en un momento en que la familia finalmente ha encontrado su rumbo, cuando pueden surgir muchas preguntas, cuando los padres encuentran estas emociones legítimas pero que quedaron bien enterradas porque la urgencia de la situación lo requería”.

 

Este artículo fue originalmente publicado en la edición francesa de Aleteia y ha sido traducido y/o adaptado para los lectores de Aleteia en español. 

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