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Llega a las pantallas Red de Libertad, la historia de una monja que desafió a los nazis

Assumpta Serna
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Entrevista a la actriz Assumpta Serna, protagonista: “No he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad”

A sus 60 años, la actriz catalana Assumpta Serna está que no para. Simpática y trabajadora donde las haya, aprovecha el tiempo como nadie. Junto a su marido dirige hace 13 años la Fundación First Team, en esencia una técnica para mejorar la interpretación, nacida al albur de un libro suyo, El trabajo del actor en el cine (Cátedra, 1999), que además es un volumen de uso en las escuelas de cine.

Por su parte, la Fundación ya ha editado otro lúcido trabajo, Directoras pioneras en el cine español. Assumpta Serna fue protagonista de un corto, Servicio de habitaciones, elaborado por los alumnos de la ECAM en su último curso, que le ha valido ya un galardón, y que ha sido muy bien valorado en más de 30 países hasta la fecha. Además, la actriz tiene pendiente de estrenar en España la comedia He matado a mi marido (Francisco Lupini Basagoiti), al lado de Miriam Díaz Aroca y el drama Bernarda, inspirado en la obra lorquiana La casa de Bernarda Alba (Emilio Ruiz Barrachina) al lado de Victoria Abril.

Y el próximo 20 de octubre se estrena en salas españolas Red de libertad (Pablo Moreno), única biografía fílmica sobre Sor Helena Studler, una Hija de la Caridad que salvó la vida de miles de refugiados franceses al evitar que cayeran presos de las fuerzas nazis. Con tales credenciales, Aleteia también ha podido conversar con su protagonista.

 

– ¿Cómo preparó el papel?

Ha sido un trabajo apasionante, en especial cuando he tenido que estudiar una biografía tan apasionante como ésta, porque ves que hace un poquito de honor a tu verdad. Hay que investigar al personaje, no quedarte sólo con el texto; buscar las raíces de él a través de la respiración del propio Pablo (Moreno, el director) y buscar en aquellos textos que Helena Studler dejó.

Eso para mí es lo más importante, es decir, intentar entender todos los prismas, intentar completar aquello que la película por su propia estructura no puede desarrollar. Entonces, como actores, ahí se encuentra nuestra principal y gran responsabilidad de saber dotar al personaje de aciertos y contradicciones, de favorecer todas las aristas posibles a quienes les damos vida y siempre integrarlo en el plano de la credibilidad. Es decir, de hacerlo humano.

Assumpta Serna

– ¿Y se inspiró de algún modo?

Pues sí. Además en este caso fue divertido. Cuando era pequeña, tenía unas monjas (Hijas de la Caridad) que eran familia de mi madre, más en concreto de mi tía abuela. Habíamos ido a Yecla con ellas y me acordaba de esas tocas tan inmensas, que no entraban muy bien dos personas con ellas puestas en un todoterreno cuatro por cuatro, un Renault, de entonces. Y estas monjas fueron las que educaron a mi madre, que vivían en un convento, en zona roja cuando la guerra. Tras su muerte, íbamos todos los veranos a verlas.

Durante la guerra se refugiaron con mi abuelo y yo las recordaba muy diferentes: una encarnaba todo el cariño, el amor, la generosidad; la otra era mucho más seca y autoritaria en el sentido de querer una cosa y conseguirla. Así que hice una mezcla de estas dos mujeres, hasta construir el personaje, y a su vez es un homenaje privado hacia estas Hijas de la Caridad, que querían muchísimo a mi madre y a la familia.

Y, cosas de la vida, cuando hicimos el preestreno se me acercó una de las mujeres que decía que era de la zona de allí de Murcia y resulta que mi tía abuela, que era profesora de música, tenía siempre una foto mía en el piano… Así que de alguna manera puedo decir que siempre están por ahí, me han protegido y me han dado un muy bonito papel a mis 60 años para contar una historia de una heroína ejemplar.

– ¿No tenía antes referencias del carisma?

Carisma para mí es una palabra un poco vacía. Se repite a menudo pero al final no sabes bien qué es. Sin embargo, Pablo me ha ayudado mucho a reconocer el significado más católico y cristiano de la congregación y todo lo que redunda a su alrededor, a saber, la teoría del pensamiento filosófico que acompañaba a estas monjas, que es la llama y el motor que inspiran sus acciones. Y para mí fue interesante entender una manera de vivir que tras 400 años continúan desarrollando muchísimas mujeres.

Y lo hacen en silencio, ayudando y enseñando a los más desfavorecidos, por lo que es algo también muy bonito de recordar hoy día y, mejor aún, plasmarlo en una película. Por mi parte he intentado que esa filosofía estuviera allí. Y me ha gustado mucho poder decir las palabras de Studler, precisamente cuando se estaba muriendo esa pobre persona maltratada por los nazis.

– ¿Tuvo alguna duda antes de aceptar el papel?

Ninguna, ninguna, ninguna. De inmediato cogí el teléfono y dije que sí. A mí me gusta reaccionar así, no sé hacerlo de otra manera. Hay que buscar un momento muy especial en la primera lectura del guión, que es donde ves la película totalmente como un espectador, cuando el personaje te sugiere y te inspira o no. Entonces cuando realmente eso pasa y estás inflamado por lo que has leído y has llorado y has entendido… es ya responsabilidad de una buscar el momento para que esto pase. Una vez que esto sucede, hay que hacerlo, no hay otra.

– ¿Conocía algo de Sor Helena Studler?

No. Sabía que al político francés Francois Mitterrand, teniente en esa época, lo había salvado una monja pero no sabía que su rescatadora fue Helena. Es una de estas cosas que alguien te dice como dato curioso.

– ¿Le pareció atractivo el guión?

Como estructura estaba perfecto, muy bien montado desde que lo leí. Nosotros lo que buscábamos era humanizarlo, en el sentido de encontrarme cosas que pudieran ser realmente salidas de tono, porque si no el personaje terminaría convertido en algo poco idílico y poco humano.

– De un tiempo a esta parte se está poniendo de moda un tipo con películas este corte. ¿Qué le parece que esta corriente se abra paso en el cine?

Que los valores de esta película son más pertinentes que nunca. En un momento donde la falta de diálogo, de escucha y de generosidad son tan grandes resultan más que procedentes. Son valores universales que durante toda la vida tendremos que repetir. Se habla de derechos humanos.

Por supuesto también de la llamada a la vida religiosa y de instar a que las personas se comporten mejor con sus semejantes. Es el ejemplo vivo de que hay que saber amar y actuar en consecuencia. Y creo que esto es válido hoy y mañana, siendo religioso o no. Cuando en tu día día tus acciones tienen que ver con la generosidad estás cada vez más cerca de lo divino, de la felicidad que te da el ser generoso con el otro.

En realidad, es un mensaje muy humanista de siempre. Las Hijas de la Caridad representan a muchas personas que creen en unos ideales y que han sido capaces de luchar por ellos y de estar con ellos toda su vida. Y esa actitud es ejemplar. Siempre digo que no he tenido mejores productores que las Hijas de la Caridad porque durante el rodaje estaban pendientes de todo siempre, con esa generosidad de la que antes te hablaba, y esa manera de interesarse y sorprenderse. Esa curiosidad y respeto por la vida no la he encontrado en otros productores con los que he trabajado. 

– ¿Qué ha aprendido con este personaje?

El hecho de que salvando a uno salvas a la humanidad. Ése es el mensaje de esta película. Aprendes que todavía es posible que equipos enteros crean en algo, no en el sentido religioso, sino en creer que estaban haciendo algo necesario. Y digo más: esta película da sentido a la vida de los demás que es para lo que hacemos y contamos historias.

Para mí este personaje es un bombón. Lo más bonito de Helena Studler es que fue así de natural. Luego se termina convirtiendo en un acto heroico pero ella realmente no lo vio así, no quiso ninguna condecoración y cuando se la dieron la rechazó. En ese sentido, yo la he hecho un poco más humana y sonriendo un poco, porque creo que a pesar de todo los premios también hay que agradecerlos, aunque se sienta que no se merecen.

Assumpta Serna

– En la celebración del preestreno en Madrid, el superior provincial de Las Hijas de la Caridad comparó ‘Red de Libertad’ con la peli ‘La lista de Schlinder’

Hay una serie de homenajes dentro de la película. Todos sabemos que hubo gente que estuvo en contra del poder establecido, así como otra arrogante. No obstante, resulta muy útil y conveniente que se acentúe esa comparación, principalmente cuando de quien se habla es de una persona que ha dedicado su vida a darse a los demás y ha rechazado y perdido muchas cosas, incluso su salud, para seguir luchando.

– ¿Recuerda algún diálogo representativo de Helena?

Sí. Me llamó la atención una de las frases que Helena dice cuando se está muriendo: “¡Ay, con lo que hay por hacer!”. Cosa que a mí me toca directamente porque entre el trabajo de la Fundación, el trabajo como actriz, de la escuela, mi familia…, vaya, que no hay tiempo para nada.

Porque realmente en la vida no hay tiempo para las cosas que uno quiere hacer. Cuando tienes ilusión y pasión y curiosidad y estás vivo tienes esa idea de encontrar todo el sentido de ayudar a los demás, cosa que también me pasa a través de la escuela y la Fundación. Y falta tanto tiempo siempre que quizás eso es lo que me ha tocado más de esta película.

– Si le llamaran de Hollywood para hacer una película parecida, ¿aceptaría?

Sin pensármelo. En América hay una corriente muy interesante de películas de tono cristiano o con una serie de valores importantes, que es un cine súper válido y actual.

– ¿Qué papeles querría hacer?

Los de personajes íntegros en lugar de hacer películas de carácter violento o de miedo. No me gustan mucho.

– ¿Tiene motivo?

Una vez fui jurado de un festival de películas de miedo y al final terminas por no tenerlo. Me gustan las historias que dan sentido a la vida y la felicidad está en escuchar al otro, en reconocer, en este caso, todos los valores que puede tener una película como Red de Libertad. Pero también tiene que coexistir el factor del defecto que tenemos los humanos, porque hacer una película solo de lo divino sería difícil que tuviera éxito, básicamente porque cada uno piensa en su Dios de distinta manera.

– Al hilo de esta idea, recuerdo su trabajo en ‘Teresa Teresa’, de Rafael Gordon, donde hacía de diablillo…

No lo había pensado porque teníamos presente la comparación con la monja que hice de Sor Juana Inés De la Cruz. Fue una poetisa que quizá no tenía esa vocación de monja, sino que lo hizo para poder estudiar en el siglo XV. El escritor mexicano Octavio Paz decía que Sor Juana Inés De la Cruz quiso ser santa. Porque se aparta de un día para otro del mundo de las letras y de su figura pública hasta el fin de su vida, que decide simplemente que transcurra en la comunidad.

Yo creo que ahí Helena tocaba más el suelo y entre una y otra era bonito reflexionar al respecto. Sinceramente, me hubiera gustado ser Teresa (Isabel Ordaz) pero el director no me vio nunca como monja. ¡A ver si me ve en ésta!

Assumpta Serna

– Hablando de los premios, ¿qué piensa de ellos?

Como te decía antes, he estado de jurado en muchos festivales.  Y siempre es una oportunidad de ver cine pero, sobre todo, te ponen una posición donde realmente tienes la responsabilidad de no decir sólo me gusta o no me gusta, sino de defender por qué algo funciona aunque no te guste. Es algo difícil de hacer en la sociedad en la que estamos pero es un bonito ejercicio. Ahora que siendo presidente del jurado puedes imponer unos criterios.

De he hecho, me he encontrado con gente de todo tipo, por ejemplo en un festival en Alemania de personas con discapacidad. Y era muy interesante porque allí no tuvimos ningún problema en establecer estos criterios o quizás ha sido la vez que menos me ha costado. A veces, cuando eres diferente, tienes más posibilidades y entiendes que la diferencia te puede proporcionar otras sorpresas gratificantes. Para mí fue una lección muy importante.

También hay jurados que dan premios a películas, porque simplemente a uno le gusta mucho  algo de esa historia y al otro le disgusta lo mismo y surgen problemas. Lo suyo sería establecer unas pautas sobre lo que se va a premiar y de qué manera. Y los jurados así a mí me interesan, pero hay pocos, conque los premios para mí son menos importantes que el público que va a ver la película.

En el caso de los Goyas, Gaudís, los Oscars… Son gente de la misma profesión que de repente ha votado por ti y quieras que no son profesionales a los que les gusta lo que haces y es reconfortante si te gratifican con un premio. En resumen, prefiero el premio del público, de esas personas que te paran por la calle y te dicen que les has gustado en la película, porque a fin de cuentas no conoces el criterio del jurado.

– ¿Qué piensa sobre el IVA cultural, ahora que el Gobierno quiere rebajarlo para 2018?

En un momento de crisis ha sido una decisión absolutamente equivocada. Hemos visto que en otros países que también tenían la misma crisis han reaccionado de una manera completamente distinta y eso era un barómetro sobre la situación de todo lo que nosotros no hemos podido comunicar a la gente, al trabajador normal. Quizás en esto hemos dado un poquito la espalda al espectador y hemos preferido recibir las subvenciones… se podría reflexionar mucho sobre el tema, aunque no es algo fácil.

– Confío en que si se resuelve mejore.

Éramos uno de los países donde la gente acudía más al cine, y se nota, por ejemplo, en el día del espectador donde la gente acude aún más. Además, Internet y la piratería nos están comiendo mucha parte del negocio… por eso, esa subida del IVA fue demoledora.

En los últimos 10 años muchas personas han tenido que abandonar su negocio y reciclarse. Por eso tienen mucho valor las nuevas generaciones que se dedican más al cine independiente y digital. Es lo que yo llamo la democratización del cine digital, porque también ha influido en el modelo de distribución de cine. ¡Son momentos apasionantes! Yo, desde los años 80, no me aburro porque siempre hemos estado en crisis o hemos tenido algo contra lo que luchar.

En estos momentos la televisión está haciendo productos muy interesantes, igual que las nuevas plataformas. No sabemos muy bien cómo va a ir en el futuro pero siempre pienso de manera positiva y seguro que todo va a salir bien. Hay cosas que no tienen solución, pero en el caso del IVA también se favorece una ley donde se pueden hacer donaciones al cine. Pero parece que interesa poco.

– ¿Qué haría para eliminar la piratería?

Creo que es cuestión de trasladar un mensaje. De montar campañas organizadas por parte de los cineastas para dar a entender lo que quiere decir la piratería. Unos informes ciertos de las cifras ciertas del cine que nunca hemos tenido ni tendremos en este país. Es difícil hablar de piratería cuando no te respaldan unas cifras exactas por parte del Ministerio de Cultura, la Asociación de Productores o la Academia de Cine. Siempre son los tres soldados distintos del cine.

Entonces, ¿cómo lo vas a defender si no nos entendemos entre nosotros? Tiene que haber otro sistema con el que valorar todo eso. Ahora mismo hay que contar con el peso que tienen los influencers en el cine. De hecho, el cine de hoy día, comparado con lo que yo hacía cuando empecé no tiene nada que ver. Incluso la prensa escrita tenía un valor casi divino y ahora este valor está tan repartido y diseminado…

– ¿Diría que sí a Pablo Moreno si le volviera a llamar?

Sí, sin problemas. Pablo es una persona con la que me gustaría volver hacer otros proyectos. En la Fundación hemos elaborado un código de buenas prácticas del actor en el audiovisual. Es una guía ética de las relaciones del actor con el equipo. El equipo que lidera Pablo ha cumplido todas y ha tomado ese código como suyo. Y creo que es una buena oportunidad de decir que efectivamente se puede hacer un cine con valores, dentro de la misma estructura.

 

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