La Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, nos inspirará en todas nuestras decisiones si se lo pedimos, pues su misión es santificar a la Iglesia. Dice el Catecismo de la Iglesia católica que actúa para que conozcamos a Dios:
"'Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios' (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo" (CEC 687).
Pero a Él no lo oímos ni lo conocemos:
"El que 'habló por los profetas' (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe" (CEC 687).
Su actuación es sumamente discreta, pero vive en nosotros:
"El Espíritu de verdad que nos 'desvela' a Cristo 'no habla de sí mismo' (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué 'el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce', mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17)" (CEC 687).
Oración
Respira en mí,
oh, Espíritu Santo,
para que mis pensamientos
puedan ser todos santos.Actúa en mí,
oh, Espíritu Santo,
para que mi trabajo, también
pueda ser santo.Atrae mi corazón,
oh, Espíritu Santo,
para que sólo ame
lo que es santo.Fortaléceme,
oh, Espíritu Santo,
para que defienda
todo lo que es santo.Guárdame pues,
oh, Espíritu Santo,
para que yo siempre
pueda ser santo.
Oración atribuida a san Agustín de Hipona











