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Feminista, pero sobre todo ¡femenina!

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3 hechos sobre un feminismo a favor de la mujer

Sí, el feminismo ha tomado un gran impulso. Pero ¡ojo! La lucha por la igualdad de género no nos ayuda a las mujeres. La idea de una “lucha del feminismo” ha ido degenerando la propia identidad femenina y volviéndose en nuestra contra. La feminidad por otro lado, lejos de igualarnos a los hombres, nos invita a ¡hacer una diferencia real en favor de la mujer!

El feminismo no presenta a la mujer como víctima, ¡lo hace como protagonista!

Se cree que la miseria de la mujer es responsabilidad del hombre. Esto pone a la mujer como víctima, pero lo cierto es que las mujeres también somos responsables de los abusos. Muchas mujeres han apoyado al machismo y aún lo hacen en muchas partes.

Por otro lado, la liberalización por parte de otras al buscar ser como los hombres, nos ha llevado a construir una mujer fría, más calculadora – ¡llena de cualidades masculinas! – dejando socialmente un vacío gigante y una tensión con los hombres y especialmente con ella misma.

Las mujeres no podemos estar siempre defendiendo nuestra condición de mujeres desde un modo contestatario. Esto nos crea más obstáculos.

Tenemos que ser las que hablamos desde nuestra potencialidad femenina, defendiendo nuestros derechos, pero también cumpliendo con nuestras responsabilidades. El feminismo que defiende a la mujer no la subordina para luego intentar engrandecerla, sino que la enaltece desde el principio.

El feminismo no rivaliza con el nombre, ¡lo involucra!

Está la tendencia de responder a los abusos de poder con una estrategia de búsqueda de poder y ese proceso conduce a una rivalidad entre los sexos. La idea de “una lucha de los sexos” es un engaño contrario al feminismo, ya que su real propósito no es el de ser más poderoso que el otro, sino el de hacer un aporte valioso al unirse.

No podemos pensar en un feminismo “femenino” separado del hombre, ni tampoco presentarnos como rivales. Hombres y mujeres tienen los mismos objetivos, sólo que no pueden llegar a alcanzarlos individualmente y eso requiere de un esfuerzo por aprender, conocerse y comprenderse en un recorrido juntos en el que se complementan sin perder sus cualidades propias. En un marco que promueve la rivalidad esto no es posible lograr.

El feminismo no es una construcción cultural social, ¡es natural!

Por el contrario, también sucede que al evitar toda supremacía de uno u otro sexo, tendemos a borrar nuestras diferencias, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico y cultural.

Lo cierto es que por naturaleza hombres y mujeres somos diferentes y el negar este hecho ha inspirado a ideologías que promueven el cuestionamiento de la identidad, del matrimonio compuesto naturalmente de una madre y un padre, así como la ubicación en el mismo plano de la homosexualidad y de la heterosexualidad.

La idea intelectual de un feminismo como una construcción social es chocante para la mujer. La feminidad es real, innata y la llevamos en nuestro ser, pero mientras nuestros esfuerzos intenten borrarla no llegaremos a poder explotarla o, en el peor de los casos, ni siquiera ser conscientes de su existencia haciendo muy difícil que la mujer se haga presente.

El feminismo dice haber conquistado logros importantes, pero no es lo que la realidad refleja. Las mujeres comenzaremos a vivir nuestros derechos en la medida en que nos presentemos al mundo como tales, siguiendo nuestra tendencia biológica y preferencias innatas en lugar de los mandatos impuestos por los ideólogos del momento. ¡Es hora de un cambio que dé lugar a un feminismo que abrace la feminidad!

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