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¿Sientes la lucha interna entre la comodidad y el servicio a los demás?

© Henry Hustava/Unplash
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Papa Francisco: Jesús ha venido a destruir la influencia del mal en nuestro corazón

La vida cristiana es una lucha, dejémonos llevar por Jesús: es la exhortación del Papa en la misa de la mañana de este jueves celebrada en la Casa Santa Marta del Vaticano. Francisco advirtió contra las tentaciones que nos llevan por el camino equivocado y recordó que Jesús ha venido para destruir la influencia del mal en nuestros corazones.

El Papa se detuvo en la cita del Evangelio de hoy que habla de la gran multitud que seguía a Jesús con entusiasmo y que llegaba de todas partes. “¿Por qué venía esta gente?”, se pregunta el Papa. El Evangelio del día cuenta que “estaban enfermos y querían curarse”.

Pero también había personas a las que les gustaba escuchar a Jesús, porque hablaba no como los doctores sino con autoridad y esto les llegaba al corazón. Esta multitud venía espontáneamente, comentó, con ironía. “No la traían en bus, como hemos visto muchas veces, cuando se organizan manifestaciones y tantos tienen que ir allí para ‘verificar’ la presencia, y después no perder el puesto de trabajo”.

El Padre es el que lleva a las personas a Jesús

Esta gente, retomó, “iba porque escuchaba algo, hasta el punto de que Jesús tuvo que pedir una barca y alejarse de la orilla.
“¿Esta gente buscaba a Jesús? ¡Sí! ¿Tenía necesidad? ¡Sí! Algunos tenían curiosidad, pero estos eran los escépticos, la minoría… Porque esta multitud era atraída a Jesús por el Padre”.

“Jesús no permanecía indiferente como un maestro estático que dice su discurso y luego se lava las manos. ¡No! Esta multitud tocaba el corazón de Jesús -explicó el Papa-. El mismo Evangelio nos dice: ‘Jesús se conmovía, porque veía a esta gente perdida, como ovejas sin pastor’. Y el Padre, a través del Espíritu Santo, atraía a la gente a Jesús”.

El Papa afirmó que no son los bellos argumentos los que mueven a las personas, no son “los argumentos apologéticos”. No, advirtió, “es necesario que sea el Padre el que nos lleve a Jesús”.

La vida cristiana es una lucha contra las tentaciones

Por otro lado, destacó, es “curioso” que en esta cita del Evangelio de Marcos en el que “se habla de Jesús, se habla también de la multitud, del entusiasmo” y del amor del Señor, y que termine con los espíritus impuros que cuando lo veían gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”.

“Esta es la verdad, esta es la realidad que cada uno de nosotros siente cuando se acerca Jesús. Los espíritus impuros tratan de impedirlo, nos hacen la guerra“, constató.

“‘Pero padre, yo soy muy católico: voy siempre a misa…. Pero tengo estas tentaciones… ¡Gracias a Dios, no!’. ‘Reza porque estás en un camino equivocado’. Una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana, es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana”.

“Cuando el Padre atrae a la gente a Jesús, hay otro que empuja en sentido contrario y que nos guerrea dentro de nosotros. Por esto Pablo habla de la vida cristiana como una lucha, una lucha de todos los días. ¡Una lucha!”.

Una lucha, retomó, “para vencer, para destruir el imperio de satanás, el imperio del mal”. Y por esto, dijo, “ha venido Jesús ¡para destruir a satanás! Para destruir su influencia en nuestros corazones”. El Padre “atrae a la gente a Jesús, mientras que el espíritu del mal, “trata de destruir, siempre”.

¿Estamos luchando contra el mal?

La vida cristiana, dijo de nuevo, es una lucha así: o te dejas llevar hacia Jesús por medio del Padre o puedes decir: ‘Me quedo tranquilo, en paz’”. Si quieres seguir adelante, es la exhortación del Papa, “debes luchar”. Sentir a tu corazón que lucha, para que Jesús venza”.

“Pensemos en cómo está nuestro corazón -invitó-: ¿siento esa lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los demás? ¿Entre divertirme un poco o rezar y adorar al Padre? ¿siento la lucha? ¿Tengo la voluntad de hacer el bien o algo me detiene y me vuelve escéptico?”

“¿Creo que mi vida conmueve el corazón de Jesús? Si no me creo esto, debo rezar para creerlo, para que se me dé esta gracia. Cada uno de nosotros que busque en su corazón para ver cómo van las cosas -concluyó-. Pidamos al Señor que seamos cristianos que saben discernir lo que sucede en el propio corazón y elegir bien el camino en el que el Padre nos lleva a Jesús”.

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