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“Belleza oculta”: Manipulación emocional a la vista de todos

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En películas como esta queda claro que lo que queremos es que nos hagan llorar

Will Smith ha sido durante décadas sinónimo de éxito en la taquilla, pero si en alguna ocasión su buena fortuna muestra algún asomo de debilidad basta con dejarse caer por la pantalla grande con algún drama edulcorado y buenista.

Así sucedió en 2008 con “Siete almas” (Gabriele Muccino) a modo de recuperación de un “Soy leyenda” (2007, Francis Lawrence) mucho menos exitoso de lo que inicialmente se esperaba de la tercera adaptación cinematográfica de la novela homónima de Richard Matheson (con un personaje protagonista que anteriormente había sido encarnado por Vincent Price y por Charlton Heston), tratando de seguir la estela iniciada en 2006 con “En busca de la felicidad” (también dirigida por Gabriele Muccino).

Ahora Will Smith es un atormentado ejecutivo publicitario de Nueva York que se nos muestra como el paradigma del éxito hasta que una irreparable pérdida personal trastorna todo su esquema vital, arrojándole al fondo del abismo de la depresión. Incapaces de ayudarle a salir de tal situación por los métodos convencionales, llegará un momento en que su grupo más cercano de amistades “conspirarán” para idear un plan tan precioso (e intuimos que efectivo desde el momento en que vemos el trailer) como tierno y manipulador.

Manipulador tanto hacia los sentimientos del personaje como hacia los sentimientos del espectador, que en este caso saldrá más que satisfecho como “víctima” de ese pacto tácito establecido entre guionista y director con el público ávido de “sentir”. Si en las películas de terror queremos que nos asusten y en las comedias queremos que nos hagan reír en películas como esta queda claro que lo que queremos es que nos hagan llorar. Y vaya si lo hace.

Un reparto excepcional se encarga de encarnar a una diversidad de roles encaminados a plasmar el esfuerzo colectivo de los familiares y de los amigos (esa familia que podemos elegir nosotros a lo largo de nuestra vida) por ayudar en la recuperación de quien ha sufrido una pérdida y es incapaz, por sí solo, de hallar el camino de salida.

En el aspecto buenista funciona como producto de “ver y olvidar” aunque queda demasiado alejado de lo que quizá podría haber llegado a ser si se hubiese buscado ahondar en lo que de dickensiano y navideño tiene este cuento algo simplista de superación en la adversidad gracias al esfuerzo colectivo de los seres amados que rodean al protagonista, por lo que aunque sin duda hará muchos espectadores que quedarán francamente satisfechos por la lágrima fácil que busca (y consigue) esta “Belleza colateral” otros sentirán que con una historia tan trágica, con una “solución” tan imaginativa y sobre todo con el elenco que está presente en pantalla podría haberse conseguido un resultado más sólido.

La duda es si en ese caso las lágrimas habrían sido también más sólidas e incluso dolorosas, con lo que quizá no haya sido mala idea después de todo dejar las cosas como están.

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