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La economía de la pareja: Una película para pensar sobre el divorcio y el dinero

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'Después de nosotros', la nueva película de Joachim Lafosse, es el retrato amargo de un matrimonio en proceso de separación

En una de las anteriores películas de Joachim Lafosse, Perder la razón (À perdre la raison, 2012), vimos a una pareja desmoronándose en un entorno asfixiante, provocado por el chantaje emocional y económico al que la sometía el protector del marido. Si ese tercer elemento de un triángulo de convivencia imposible era allí el que originaba la catástrofe, en cambio aquí, en su nuevo filme, encontramos desde la primera escena el fin del amor, la ruina de un matrimonio en el que pesa el equilibrio para solventar los problemas monetarios.

Debemos prestar atención a su título original, lejos de la habitual traducción acomodaticia que se estila en España: L’économie du couple (“La economía de la pareja”). Un enunciado cristalino que no engaña a nadie: las cuentas de una familia, cuando no salen, contribuyen a erosionar la mínima estabilidad que les queda a dos personas cuando mueren el cariño y la confianza.

Al comienzo, Marie (Bérénice Bejo) y Boris (Cédric Kahn) están inmersos en el curso de su separación. Tienen dos hijas, tratan de no coincidir en casa y han establecido unas normas para cohabitar. Pero Boris no puede irse porque no gana lo suficiente para alquilar un piso, y Marie afronta una quiebra económica porque debe sostener el tinglado familiar y, cuando se divorcien, habrá que dividir los bienes gananciales.

En ese atasco nos sumerge Lafosse sin que nunca sepamos cuál fue el origen de la crisis afectiva. ¿Son las dificultades financieras las que han conducido a la ruptura o es la inminencia de la separación la que provoca tantos desajustes en los números? El director nunca nos lo aclara porque aquí no es lo importante: lo que le interesa es el proceso de derrumbe de una pareja, y la manera en que los hijos deben soportar ese repertorio de gritos, amenazas, insultos y humillaciones que se intercambian sus padres.

Si en un principio Perder la razón y Después de nosotros están emparentadas, pronto vemos que Lafosse ha construido esta vez una película más claustrofóbica, llena de situaciones tensas y de atmósferas irrespirables. Una de sus mejores bazas consiste en encuadrar la historia en el espacio cerrado del hogar, que puede ser paraíso cuando todo funciona, e infierno cuando las relaciones se resquebrajan.

La cámara sólo saldrá de casa al final, para meter a sus personajes en escenarios neutros. Lafosse, consciente de las teorías de Andrei Tarkovski para esculpir el tiempo, nos muestra algunos planos secuencia donde el diálogo y las circunstancias van generando malestares in crescendo, como si estuviéramos en una obra de teatro de Edward Albee.

En la que, para mí, es la mejor secuencia del filme, las hijas empiezan a bailar en el salón, y pronto se les unen el padre y la madre, quien por fin deja escapar una sonrisa, y los cuatro bailan como seguramente lo hacían antes del naufragio. Pero uno intuye en seguida que se trata de una felicidad engañosa, de un respiro pasajero, pues resulta agotador mantener una guerra doméstica durante las veinticuatro horas del día y todos tenemos que tomar oxígeno incluso aunque convivamos con nuestro enemigo. Es en momentos como éste o el que abre la película, con la llegada a casa, donde Joachim Lafosse demuestra que es un director de primer orden.

L’économie du couple es una película amarga, dolorosa, pesimista, que afecta al espectador, con dos actores espléndidos que se van ahogando en sus tormentas domésticas. Aunque apenas ocupa unos minutos en pantalla, es sustancial el papel ejercido por la abuela (Marthe Keller): su teoría es que nuestros antepasados sabían arreglar las cosas cuando se estropeaban, y ahora las tiramos de inmediato a la basura y las sustituimos en seguida por otras, y así ocurre también, viene a decir ella, con el deseo…

Certero o no, ese alegato está en consonancia con las repercusiones de un capitalismo salvaje, un entorno social en el que resulta muy difícil que una familia más o menos numerosa sobreviva, o que una pareja con hijos pueda lograr la estabilidad económica suficiente para no pasarse diez horas diarias fuera de casa.

Dentro de unas décadas, cuando los historiadores quieran saber cómo sobrevivía una familia de clase baja-media en este siglo, deberán ver esta formidable película.

 

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