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10 citas de san Juan (pico de oro) Crisóstomo

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Lo que lo hizo sobresalir de los demás en su época fue su habilidad en aplicar las Escrituras a las circunstancias de cada día

El 13 de septiembre es la fiesta (en la Iglesia católica romana) de san Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Uno de los primeros Padres de la Iglesia, famoso por sus predicaciones y sus oratoria, san Juan recibió tras su muerte el nombre de Chrysostomos, es decir “boca de oro”.

Nacido en Antioquía en el 349, Juan estudió con un maestro pagano de retórica, que le enseñó múltiples habilidades en oratoria e inculcó en él el amor por el lenguaje y la literatura. Tras recibir la ordenación como sacerdote y obispo, Juan usó estas habilidades con maestría en sus homilías y catequesis.

Lo que hizo que destacara de entre los demás de su tiempo fue su capacidad para aplicar las Escrituras a las circunstancias del día a día, enseñando a las personas la manera de incorporar el Evangelio a todo aquello que hacía. Su sensibilidad pragmática otorga a sus palabras una cualidad imperecedera, capaz de inspirar a hombres y mujeres de todo el mundo pasados más de mil años tras su muerte.

Para brindaros una muestra de su “boca de oro” y su capacidad para aplicar el Evangelio a la vida diaria, aquí hay 10 citas inspiradoras de san Juan Crisóstomo:

1) “Si no logras encontrar a Cristo en el mendigo a las puertas de la iglesia, no Le encontrarás en el cáliz”.

2) “Entre, por tanto, el nombre de los santos en las casas a través del nombre de los hijos para que eduque no solamente al niño, sino también al padre, cada vez que piense que es padre de un Juan, de un Elías, de un Jacob. Si, en efecto, el nombre se pone con devoción y reverencia por los que se han ido, y preferimos el parentesco de los santos al de los antepasados, esto nos ayudará mucho, tanto a nosotros como a nuestros hijos. No pienses que, por ser algo nimio, se trata de una nimiedad. Es, ciertamente, una garantía de ayuda”.

3) “No importa lo justas que puedan ser tus palabras, lo arruinas todo si hablas con ira”.

4) “No sientas vergüenza de entrar de nuevo en la Iglesia. Avergüénzate cuando pecas. No te avergüences cuando te arrepientas. Pon atención en lo que te hizo el diablo. Son dos cosas distintas: pecado y contrición. El pecado es una herida; la contrición es una medicina. Al igual que existen para el cuerpo heridas y medicinas, también para el alma existen el pecado y la contrición. Sin embargo, el pecado trae vergüenza y el arrepentimiento aporta valor”.

5) “Destruir al feto ‘es algo peor que el asesinato’. El que lo hace ‘no arrebata la vida del que ya ha nacido, sino que evita que nazca’”.

6) “El amor entre marido y mujer es la fuerza que mantiene unida la sociedad. Los hombres se darán a las armas e incluso sacrificarán sus vidas por el bien de su amor (…). Cuando la armonía prevalece, los hijos se crían bien, el hogar mantiene su orden y vecinos, amigos y familiares alaban el resultado. Se producen, pues, grandes beneficios tanto de las familias como de los Estados. En caso contrario, no obstante, todo cae en la confusión y es puesto patas arriba”.

7) “Los santos son sumamente cariñosos y amables con la humanidad, también con las bestias y animales (…). Ciertamente debemos mostrarles [a los animales] gran bondad y amabilidad por muchas razones, pero, sobre todo, porque tienen el mismo origen que nosotros mismos”.

8) “¿Has pecado? Ven a la Iglesia y dile a Dios: ‘He pecado’. No te pido otra cosa, más que esto, sólo esto. Lo dice, pues, la Sagrada Escritura: ‘Manifiesta tú primero tus culpas, para justificarte’; confiesa el pecado que has cometido, para liberarte. En esto no hay fatiga, no hay necesidad de usar giros especiales, ni exige esfuerzo pecuniario ni de otro género. Pronuncia la palabra que evidencia tus rectos sentimientos sobre las culpas cometidas, dilo claramente: ‘He pecado’”.

9) “A los cristianos antes que al resto de hombres les está prohibido corregir los traspiés de los pecadores por la fuerza (…). Es necesario hacer de un hombre mejor persona no a la fuerza, sino a través de la persuasión. No disponemos de la autoridad que nos confieren las leyes para dominar a los pecadores, tampoco, de tenerla, sabríamos como usarla, puesto que Dios entrega la corona a aquellos que se alejan del mal, no a la fuerza, sino por elección propia”.

10) “Incluso habiendo cometido miles de actos de gran virtud que hablaran en nuestro favor, nuestra confianza en ser escuchados debe basarse en la misericordia de Dios y Su amor por el hombre. Incluso si nos encontramos en la misma cima de la virtud, es Su misericordia la que nos traerá salvación”.

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