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Se conocen desde hace más de 20 años y se acaban de casar

Shutterstock/oliveromg
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El encanto de casarse ya mayores

Los padres de él eran mayores y caminaban junto a nosotros lenta pero dignamente a lo largo del pasillo. Los padres de ella eran algo más jóvenes. Él ya tiene el pelo de un gris metálico, aunque ella es una de esas personas que parecen jóvenes toda la vida hasta que son ya muy ancianas. Con la esperanza de vida actual, ella está llegando a la edad madura y él hará un par de años que la pasó.

Mientras caminaban por el pasillo central al final de la misa de su boda, los dos tenían el aspecto de ser las personas más felices y agradecidas que jamás haya visto.

La boda de amigos mayores (amigos mayores creyentes) es algo especialmente hermoso y grandioso.

Dos personas que ya tienen experiencia en la vida se entregan mutuamente, a sabiendas de los desafíos y los riesgos que entraña la vida y, más concretamente, conociéndose a sí mismos y el uno al otro.

Ya han visto cómo se rompían algunos matrimonios, buenos matrimonios, de amigos cercanos. Saben dónde se están metiendo mucho mejor de lo que pudiera una pareja de veinteañeros.

Mis amigos —aquí los llamaré Christopher y Emily— ya saben todo eso. En una escala de realismo, si alguien inventara algo semejante, ellos sacarían una puntuación por encima de la media.

Nada de ojos romanticones, nada de perseguir unicornios, nada de comer perdices mágicas que no se hayan ganado con su propio esfuerzo. Admiración sí, pero también reconocimiento de que la otra persona es alguien normal que visita regularmente el confesionario.

Christopher conoce a Emily y también se conoce a sí mismo. Emily conoce a Christopher y también a sí misma.

Este hecho consiguió que la boda del pasado viernes fuera aún más grandiosa y hermosa.

Creo que este tipo de bodas despiertan esa sensación porque, mientras que el matrimonio de parejas jóvenes es un comienzo, para las parejas más maduras es tanto un comienzo como un término. Crea algo nuevo y fresco que al mismo tiempo es sólido y profundo.

A la edad de mis amigos, el noviazgo no es fruto del enamoramiento ni de las hormonas. Los sueños de una vida juntos y el deseo sexual desempeñan su parte, claro, pero también la observación, incluso los cálculos.

La propuesta de unión es negociada, con un compromiso de ideales, esperanzas y planes vitales modificados: una pareja que busca unida el tipo de matrimonio que Dios quiere que tengan.

Entre los dos, es lo que han decidido que harán. El matrimonio supone la compleción de ese trabajo y el principio del siguiente esfuerzo.

Demasiado jóvenes

Estando mi mujer y yo con mi hermana hará unas cuantas semanas, nos dio una caja con viejas fotografías. Mi esposa sacó algunas fotos de nuestra boda y mi primera reacción fue que aquellas personas eran demasiado jóvenes para casarse.

Ella usaba esas enormes gafas que ahora parecen tan ridículas y yo llevaba el pelo largo y ondulado que despertaba el humor entre las madres de mis amigos. Ahora nos veo como si fuéramos niños.

Recuerdo pensar por entonces que ya éramos muy maduros, aunque la verdad es que no teníamos ni idea de dónde nos estábamos metiendo. Nuestra boda fue un puro comienzo.

Éramos como unos niños de ocho años con pistolas cargadas y que iban a jugar con ellas después de unas instrucciones rápidas y generales sobre seguridad con armas de fuego.

“Entonces, ¿qué tipo de planificación familiar seguís?”, fue la primera pregunta que nos hicieron en la orientación que exigía nuestra iglesia episcopal, y la cosa no mejoró mucho desde entonces.

El consejero parroquial parecía más preocupado por que no tuviéramos hijos inesperados que por que nos lleváramos bien.

Treinta y tres años más tarde, puedo decir que del matrimonio… no sabíamos nada. Nada de nada. Ni de los desafíos ni tampoco de las alegrías.

No teníamos ni el realismo ni la capacidad de reflexión y de oración con los que nuestros amigos han procedido a casarse. Para nosotros fue, como ya he dicho, todo comienzo.

Eso también tiene su propia belleza y su esplendor, claro, dos chicos idealistas e inocentes compartiendo todo lo que tenían mutuamente, para bien y para mal, etc. hasta que la muerte nos separara.

Pero la boda de amigos adultos y maduros, eso es algo especialmente conmovedor. Creo que siempre recordaré la expresión en la cara de Christopher cuando él y Emily caminaban juntos por el pasillo al final de la ceremonia.

Él tenía ese tipo de sonrisa que expresa la alegría de una vida que empieza a ser vivida, por supuesto, pero también la satisfacción de un trabajo terminado y bien hecho.

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