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María Magdalena: sus cuatro virtudes plasmadas en el arte

7 min de lectura
Peter Paul Rubens Maria Magdalena

Crédito: Public Domain via Wikimedia Commons

La historia del arte nos muestra, al menos, cuatro grandes virtudes de María Magdalena, mujer privilegiada que fue la primera en saber de la Resurrección del Señor

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Desde junio de 2016, gracias al Papa Francisco, la conmemoración de María Magdalena es una fiesta mayor, confirmando así lo que la historia del arte ya sabía desde hacía tiempo: María Magdalena es una santa polivalente.

Desde las primeras y emotivas representaciones visuales cristianas hasta los más elevados logros de la técnica artística, María Magdalena siempre ha inspirado a los artistas y se ha adaptado a cada época cambiando sus ropajes, su aspecto y sus poses para convertirse en una perenne supermodelo de santidad.

Esta mujer, tan cercana a nosotros en los fallos de su humanidad, es prueba de la variedad de estilos del genio femenino. En honor a su fiesta litúrgica este 22 de julio, presentamos sus cuatros aspectos más notables:

1Amor generoso

Tradicionalmente, María Magdalena era identificada con María de Betania, la hermana de Marta y Lázaro. Juan 11,2 nos dice que, como muestra de gran amor, María ungió los pies de Cristo con un caro aceite; y en Juan 11,32 lloraba a los pies de Cristo, diciendo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

María Magdalena tenía una forma de amar abierta y generosa, es una mujer a la que todos podemos comprender.

El hecho de que a menudo las emociones sacaran lo mejor de María Magdalena inspiró a muchos artistas del Renacimiento, que pudieron expandir sus repertorios de expresiones.

Aunque el frasco de aceite sería con frecuencia su atributo, María Magdalena se elevó muy por encima de los meros accesorios.

Peter Paul Rubens capturó perfectamente la impetuosa entrega del amor de María hacia Cristo en su obra de 1615 Fiesta en casa de Simón el fariseo Eremitaget, aunque las reacciones fueron de todo menos positivas.

Es imposible no vernos interpelados por el cuadro: ¿cómo habríamos reaccionado ante esta adulación “indecorosa” en medio de una cena respetable?

La Pasión de María, no obstante, queda mejor reflejada al pie de la cruz. En la Crucifixión de Masaccio, de 1426, se muestra el contraste entre los tonos tenues y fríos de la Virgen María y san Juan y el vívido y floreciente rojo de María Magdalena. En esta obra, Magdalena se arrodilla de espaldas al espectador, completamente absorbida por su dolor. Su pelo color platino zigzaguea por su espalda como chasquidos eléctricos. Es pura energía, pura emoción, pura expresión.

El lamento de la Virgen es contenido, el de Juan, contemplativo, pero Magdalena nos lleva a la más humana de las reacciones: una pena visceral e inconsolable.

2Apostol

Dios recompensó el amor absoluto de María Magdalena por el Señor permitiéndole ser la primera en ver a Cristo Resucitado. Luego llevó la “primicia” a Pedro y Juan, lo que la convirtió en la depositaria del mensaje más importante de la historia para los Doce. Este misterioso encuentro inspiró innumerables interpretaciones artísticas.

Giotto, el pintor estrella de la basílica de San Francisco de Asís, eligió para su Noli me tangere un entorno suave, como onírico, con pálidos colores grises y cremas rodeando la escena.

Una simple pared de precipicio salpicada de árboles ancla la escena a la tierra, pero la mayoría de las figuras no son de este mundo. Dos ángeles vuelan contra un cielo lapislázuli y otros tantos se sientan sobre la tumba rosácea. Todos son seres luminosos enmarcados en un rayos dorados, igual que el Cristo Resucitado.

Sin embargo, María Magdalena, sólida y escarlata entre figuras etéreas, acapara el centro de la escena y tira de nuestra pesada y hambrienta humanidad hacia abajo, a los pies de Jesús Resucitado.

3modelo de migrante

La vida de María Magdalena después de la resurrección guarda muchas similitudes con los cristianos perseguidos en esas mismas tierras hoy día. Apretada en un bote junto a su hermano, su hermana y otros discípulos, se lanzó sin rumbo al Mediterráneo.

De acuerdo a la tradición, la Providencia quiso llevar este pequeño bote de refugiados al sur de la Galia, donde María y sus acompañantes evangelizaron la tierra que terminaría siendo Francia, la hija mayor de la Iglesia.

Su capacidad para sembrar fructíferas raíces y enriquecer su nuevo hogar es aún visible en los monumentos erigidos en su honor.

La impresionante basílica de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, y también la magnífica abadía de Vézelay —punto de encuentro de peregrinos camino de Tierra Santa—, avalan su labor reuniendo a las gentes de Dios y guiándolas hasta Cristo.

Basilique Sainte-Marie-Madeleine de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume Var
Basílica de Santa María Magdalena de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume

4ejemplo de penitencia

No obstante, el aspecto más exitoso de María Magdalena fue el de paradigma de penitencia.

Cualquier estrella en ciernes puede lucirse meciendo trajes y accesorios, pero hace falta ser alguien muy especial para dar una buena impresión de la contrición.

El papa san Gregorio Magno percibió su gran potencial para mostrar el lado hermoso de la penitencia cuando, en el año 591, fusionó su identidad con la mujer adúltera y la mujer salvada de los siete demonios, en la homilía XXXIII sobre Lucas 7, 36-50.

¿Quién mejor que Magdalena podría mostrar al mundo que pedir perdón es algo que embellece y fortalece?

El arte adora a la Magdalena Penitente: Tiziano nos regaló una sirena de pelo rubio rojizo, cuya evidente belleza pertenece ahora únicamente a Dios; Donatello produjo una turbadora estatua de madera de una mujer cuya hermosa estructura ósea permanece visible a pesar de su demacrada forma, y cuyo pelo dorado emana una vida y energía resplandecientes.

Madgalena Penitente, Tiziano

George de la Tour nos mostró a una reflexiva Magdalena estudiando sobre el Señor a través de la lectura y la oración; Caravaggio nos aportó una perspectiva divina del momento de su contrición, tirando a un lado las perlas y las joyas y llorando ante la vacuidad de la vida.

Artemisia Gentileschi, primera mujer en ingresar en la academia de dibujo de Florencia, pintó una Magdalena particularmente conmovedora en 1617 para la familia Medici.

María Magdalena pintada por Artemisia Gentileschi, primera mujer en ingresar en la academia de dibujo de Florencia

Al igual que la Magdalena de Caravaggio, porta la bata amarilla de una cortesana y se sienta entre lujosas sedas y terciopelos.

Sin embargo, se aparta de la cárcel dorada de los placeres y sus desnudos hombros parecen emerger de entre los opulentos adornos como un recién nacido despunta hacia la luz.

Una mano sobre su corazón, que ha sido abierto, la otra hacia el espejo que le mostraba quién era ante Dios.

Sus ojos, ahora completamente lúcidos, anhelan la libertad, la luz, anhelan a Cristo. El pie desnudo se prepara para su primer y humilde paso hacia una vida de penitencia.

María Magdalena no deja de ser hermosa ni cautivadora cuando vuelve su rostro hacia Cristo, pero esa belleza ya no aspira a su propio enriquecimiento, sino a la gloria del Señor, que la ama más de lo que cualquier otro pudiera.

Artemisia Gentileschi experimentó el dolor de la ofensa pública cuando fue violada a los 17 años por un colega de su padre y, si no fuera poco, permitió continuar a su agresor con la esperanza de que se casara con ella y reparara su honra y reputación.

El descubrimiento de su padre de la situación y el consiguiente juicio por violación humilló y expuso aún más a la joven a la opinión pública. Tras recoger los jirones de su vida y empacar su prodigioso talento artístico, se mudó a Florencia para empezar de cero. Se destacó por las numerosas imágenes de decapitaciones a manos de heroínas bíblicas.