Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
sábado 25 septiembre |
San Cleofás
home iconEspiritualidad
line break icon

¡Mírate con cariño!

Carlos Padilla Esteban - publicado el 12/03/16

Tal vez no puedo exigir que los demás me miren con amor pero yo sí puedo mirarme así, y si lo logro...

Hay partes ocultas en mi alma que yo desconozco. Necesito parar, callarme y ahondar para poder descubrirlas. Necesito pensar en mi verdad más oculta. En lo que de verdad soy. En lo que sueño y anhelo.

Es cierto que hay aspectos de mi vida que muchos no ven. Yo mismo tampoco los veo a veces. En ocasiones son los demás quienes me ayudan al decirme cómo me ven. Me muestran mi belleza, a veces también mis errores, mis debilidades y mis fortalezas.

En ocasiones puede ser que algunos quieran retenerme en un corsé, en un molde, en una imagen que yo mismo proyecto sobre el mundo. En mi éxito, o en mi fracaso. Quieren que sea como ellos me ven. Como ellos han decidido que tengo que ser. No puedo defraudarlos.

Pero yo me veo distinto, veo más de lo que ellos ven. Veo la hondura de mi alma. Veo mi propia superficialidad y mi pecado. Veo la belleza oculta y confusa en medio de mis límites. No soy sólo lo contrario de lo que no me gusta de los otros. Soy fuerte, soy débil. Soy hijo, soy niño, soy de Dios.

Como decía el Padre José Kentenich: “No sólo estamos consagrados a la Trinidad, sino que también habitados por Ella. Soy un templo de Dios, de la Trinidad”[1].

Soy un templo de Dios. Soy su morada. Eso me impresiona. Soy infinito en mi carne finita. No sólo soy mis pecados y mis torpezas. Soy mucho más que todos mis límites.

Como rezaba una persona: “Sabes que soy obsesivo y egoísta. Pero sabes también que mi alma sueña con la eternidad. Con un amor para siempre. Con una vida entregada. Sabes que lo quiero todo aquí y ahora. Sabes que soy impaciente. Y no quiero renunciar. Sabes que busco los cielos y me engancho sin cesar. Apresado por la vida. Apenas puedo volar. Sabes que me ato a las cosas que me quitan libertad. Sabes que el corazón arde y no quiere claudicar. Sabes que lo quiero todo. Y te lo quiero entregar. Sabes que soy pobre y niño y que puedo fracasar. Sabes que mi amor te busca en los trazos de tu amor. Tejidos de carne humana y de amor que pasará”.

Soy infinito y eterno. Soy carne humana caduca. Soy juventud y vejez. Tengo sueños eternos que no siempre se cumplen en el camino de la vida. Caeré y volveré a levantarme. Por eso necesito mirarme con misericordia.

Tal vez no puedo exigir que los demás me miren así, con amor. Pero yo sí puedo mirarme así, y si lo logro, seré más capaz de mirar con misericordia a los demás.

Como decía Juan Pablo II: “La mirada explica lo que hay en el corazón”. Y también sé, porque Jesús me lo dice, que “de lo que rebosa el corazón habla la boca” Lc 6, 43.

Y yo tal vez no sé muy bien de qué rebosa mi corazón. Me gustaría que fuera de buenos pensamientos, de buenas ideas, de buenos deseos. De amor, de ternura, de generosidad.

Me gustaría mirar a Jesús y agradecer por todo lo bueno que hace en mi vida. Me gustaría no quedarme sólo en lo que no tengo, en lo que quiero y no consigo, en lo que no me gusta y padezco. Me gustaría soñar despierto y pensar que mi boca sólo dirá aquello que hay en mi corazón.

Me gustaría que mi corazón estuviera lleno de cosas buenas, un mar hondo lleno de bondad y misericordia. De pensamientos buenos, de miradas positivas sobre la vida, sobre las personas.

No sé bien de qué rebosa realmente mi corazón. Es un mar revuelto de dudas y anhelos. De sueños imposibles. De fracasos contados. De deseos y proyectos. De desilusiones y alegrías.

Sé que Jesús puede entrar en él si yo le dejo. Puede cambiarlo, puede hacerme de nuevo. Puede sembrar luz en medio de las sombras. Y vestirme de vida allí donde muero.

Sé que sólo Él me comprende en toda mi verdad. Me conoce aunque me esconda. Y me acompaña aunque me aleje. Sé que Él me quiere por lo que soy, no por lo que vendo. Por mis caídas y destellos de belleza. Por mi pobreza y me fragilidad.

Me quiere niño, me quiere humilde. Ojalá llenara Él mi corazón.

[1] J. Kentenich, Hacia la cima

Tags:
alma
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
PADRE PIO
Philip Kosloski
Cuando Padre Pío rezaba por alguien, decía esta poderosa oración
2
Claudio de Castro
El purgatorio y la misteriosa alarma de las 3 a.m.
3
Ary Waldir Ramos Díaz
Papa Francisco: Puede que yo merezca insultos, pero la Iglesia no
4
Ary Waldir Ramos Díaz
El Papa Francisco afirma que la ideología de género es «diabólica...
5
Maria Paola Daud
Cuando la Virgen María detuvo la lava del volcán Etna
6
crisis man
Marzena Wilkanowicz-Devoud
Los poderosos consejos de 3 monjes para vencer la desgana
7
ANMOL RODRIGUEZ
Domitille Farret d'Astiès
Atacada con ácido cuando era bebé, Anmol Rodriguez supera e inspi...
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.