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La princesa de Mónaco habla de su encontrada fe católica

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Charlene, criada como protestante, se convirtió al catolicismo poco antes de casarse con el príncipe Alberto

Hoy 18 de enero de 2016, los príncipes de Mónaco, Alberto y Charlene, han efectuado una visita privada al Papa Francisco. Los Grimaldi, la familia reinante en Mónaco, son de confesión católica y mantienen cordiales relaciones con al Santa Sede. Una tradición que ha continuado la actual princesa, Charlene, igual que hiciera Grace Kelly antes que ella, a pesar de haber sido criada y educada como protestante.

Nada menos que de las páginas de la revista People llega un artículo sobre la conversión de la princesa de Mónaco y de su compromiso con su nueva religión:

«Charlene ha abrazado la religión católica y se siente inspirada por ella», comenta a PEOPLE un observador de Mónaco. «Está comprometida y su devoción es impresionante».

Poco después de su boda en julio de 2011, Charlene, de 37 años, nacida y criada en el Protestantismo, se convirtió al catolicismo romano «por voluntad propia» en abril de ese mismo año. Según afirmó el pasado verano, en parte porque era una cuestión sucesoria y una tradición de la familia Grimaldi, pero sobre todo porque encontró fortaleza en el catolicismo.

«El catolicismo es la religión del estado [de Mónaco]. Pero para mí representa mucho más. Los valores de esta religión me han llegado profundamente y se corresponden perfectamente con mi espíritu».

«En enero de 2013 el príncipe Alberto me llevó al Vaticano para presentarme al Papa Benedicto XVI, igual que hizo el príncipe Rainiero con Grace Kelly y Pío XII», recuerda la princesa, a lo que añade que «esa experiencia fue extremadamente intensa y conmovedora para mí».

El nacimiento de sus hijos Jaime y Gabriela y la intensa planificación de sus bautizos el pasado mayo intensificaron su fe, según afirman las fuentes.

Principe Alberto II de Monaco (L) y su esposa Charlene (R) abandonan el Vaticano después de su encuentro con el Papa Francisco, 18 enero2016. / AFP / ALBERTO PIZZOLI
AFP
Principe Alberto II de Monaco (L) y su esposa Charlene (R) abandonan el Vaticano después de su encuentro con el Papa Francisco, 18 enero2016. / AFP / ALBERTO PIZZOLI

De hecho, tras el nacimiento prematuro de sus hijos, su primera salida autorizada fuera de la sala de maternidad del Hospital Princesa Grace fue para acudir a misa. «Recé por todos, como siempre», declaró después para la revista Paris-Match, «pero sobre todo le di gracias al Señor. Tengo tanta suerte, con un marido feliz y dos hijos con buena salud».

Charlene acude a misa a menudo con su marido (y recientemente con sus hijos) discretamente en una de las cinco iglesias católicas romanas de Mónaco. También confiesa abiertamente su especial preferencia por la paz de la catedral del país de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, que visita frecuentemente en privado para depositar flores para el príncipe Rainiero, el difunto padre de Alberto.

El reportaje original puede leerse aquí

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