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El verdadero amor espera: Él la esperó a ella durante 14 años

jbstafford CC
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La historia de Alex y Milada, separados por el Telón de Acero, parece una novela, ¡pero sucedió!

“Mi padre fue un líder político cristiano, encarcelado por los comunistas durante 17 años. Mis padres estaban comprometidos por entonces, pero su boda se celebró 17 años más tarde. Mi madre esperó a mi padre todos esos años, a pesar de que ni siquiera sabía si él seguía con vida…”, relató la Doctora Anca-Maria Cernea, presidenta de la Asociación de Médicos Católicos en Bucarest, Rumanía, a los obispos del Sínodo de la Familia del 16 de octubre.

Estas palabras dieron eco a la historia de otra pareja que también deseaba casarse pero, por culpa de los comunistas, tuvieron que esperar 14 años. Sin embargo, en el caso de los doctores Alexander y Milada Schirger, la encarcelada fue Milada, acusada de ser una “espía del Vaticano”, que pasó en prisión cinco años, un año y medio de los cuales bajo régimen de aislamiento y torturas.

Su historia casi parece novelesca, pero fue muy real. Alex nació en 1925 en Praga. El negocio de sus padres se fue a pique con la Gran Depresión, así que se mudaron a Nueva York. Alex se reunió con ellos allá por 1931 y obtuvo la ciudadanía estadounidense. En 1935 fallecieron sus dos padres, así que regresó a Checoslovaquia para ponerse bajo el cuidado de su abuela y su tío. Para cuando la Segunda Guerra Mundial acabó, Alex tenía 20 años y ya había visto suficiente sufrimiento y muerte para toda una vida, incluyendo la cacería de los asesinos de Reinhard Heydrich, apodado “el carnicero de Praga”, que le hizo huir en bicicleta hacia el campo a escarbar en busca de patatas con tal de tener algo que llevarse a la boca. Pero sobrevivió y, con el tiempo, terminaría estudiando medicina en la Universidad Carolina de Praga.

Milada Kloubkova  nació en 1927 a las afueras de Praga. Su padre estuvo dos años en prisión durante la Segunda Guerra Mundial por haber colaborado con la resistencia checa. Milada estudió mineralogía durante la guerra, luego se pasó a educación especial y se doctoró en este ámbito, también en la Universidad Carolina, después del final de la guerra.

Ambos se conocieron en un grupo de juventudes católicas a finales de 1940 y recibieron la influencia del padre jesuita Josef Zverina, que se oponía frontalmente al Comunismo. Tal fue su influencia que, cuando el por entonces Papa San Juan Pablo II visitó la República Checa en 1995, recordó que el Padre Zverina disfrutaba de la “enorme admiración de toda la nación”.

Con el tiempo, la amistad entre Alex y Milada floreció en romance, pero debido a que Alex era ciudadano estadounidense, el gobierno checo no les permitía casarse. En 1950, la Guerra Fría había llegado a un punto en que los ciudadanos estadounidenses debían abandonar los países comunistas o perderían su ciudadanía. Alex se fue a Austria y luego a Italia, en busca de ayuda.

La ayuda llegó en forma de una audiencia nada menos que con el Papa Pío XII. ¿Qué debía hacer?, preguntó al Pontífice, ¿quedarse en Europa para seguir tan cerca como le fuera posible de su prometida o huir a EE.UU.? La respuesta del Papa fue que se marchara a EE.UU. y rezara por ella. El consejo resultó providencial a largo plazo.

Mientras tanto, Milada siguió reuniéndose con el grupo de jóvenes del Padre Zverina. Fueron advertidos en muchas ocasiones para que cesaran sus encuentros; unas advertencias que ignoraron, hasta que Milada y otros miembros del grupo fueron arrestados. A ella la mantuvieron en régimen de aislamiento, bajo interrogatorios y torturas, durante 18 meses. Finalmente, fue sometida a juicio y condenada por ser una enemiga del estado y una “espía del Vaticano”. Fue condenada a ocho años de trabajos forzados, pero su padre murió a los cuatro años y fue liberada.

Alex terminó en Lincoln, Nebraska, trabajando como practicante en un hospital, a pesar de ser un médico perfectamente cualificado, puesto que la administración no confiaba en las credenciales comunistas. Pero sucedió que un tren descarriló en Lincoln y empezaron a llegar heridos a hospitales de toda la ciudad. Alex se ocupó de ellos y fue entonces cuando los médicos se dieron cuenta de que sabía lo que estaba haciendo. Pronto empezaría su camino en la prestigiosa Clínica Mayo de Minnesota, donde se especializaría en medicina vascular.

Resultó que Minnesota también era el hogar del influyente senador Hubert Humphrey. Alex empezó a trabajar con él, primero para liberar a Milada y luego para sacarla de detrás del Telón de Acero. Lo consiguieron, por fin, en 1965.

No tardaron mucho en casarse; luego pasaron el resto de sus vidas en Rochester, Minnesota, donde él trabajaba en la Clínica Mayo y ella se ocupaba de criar a sus dos hijos, John (hoy en día también médico en la Clínica Mayo) y Anne.

Aquellos años dieron como fruto muchas buenas obras, como la vez en que Alex recibió a un paciente cuya familia, según descubrió, vivía en la calle. Los Schirgers tenían una cabaña que no usaban, más al norte, así que les dieron las llaves. Permanecieron allí un año entero sin alquiler, pero una de las veces que Alex volvió a echar un vistazo, estaba destrozada. No obstante, no se quejó. Según comentó su hijo John, Alex se limitó a encogerse de hombros y empezó a limpiar.

Milada aún vive, pero Alex murió el 14 de febrero de 2013. Que su muerte aconteciera en aquella fecha precisamente fue algo notable de dos formas: es el día en que el calendario universal eclesiástico celebra a los santos Cirilo y Metodio, los dos apóstoles de los pueblos eslavos. Tanto Alex como Milada han recibido con gratitud la fe que estos dos santos consiguieron predicar, traspasando generaciones.

Pero también es el Día de San Valentín, un día que ha pasado de conmemorar el martirio de un romano a celebrar el amor romántico. No es exageración decir que Alex y Milada representan lo que el Papa Benedicto escribió en su encíclica Deus Caritas Est (nº 6): “Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca”.

 

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