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Pilares del islam (2): La oración, o Salat

©Marko Vombergar
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Este ritual viene codificado por unas condiciones prefijadas que lo hagan válido

El segundo de los pilares del Islam es la oración ritual o azalá (ṣalāt), que debe realizarse en cinco momentos precisos de la jornada: al alba (aṣ-ṣubḥ o al-faŷr), a mediodía ( ̓aẓ-ẓuhr), por la tarde (al-‘asr), en el ocaso (al-magrib) y la nocturna (al-išā’). Su realización cotidiana favorece un ritmo de permanente adoración a Dios, a diferencia de otros modelos de plegaria, centrados en el diálogo o la meditación. Este ritual viene codificado por unas condiciones prefijadas que lo hagan válido, manteniendo el necesario estado de pureza (ṭahārah). Éste incluye la ablución (wuḍūʼ) con agua o arena (tayammūm) en caso de no poder acceder al agua y si fuera necesario, una purificación más completa (gusl).

Es imprescindible efectuarla con una intención recta y seguir fórmulas orales y gestuales determinadas para su correcta realización, sin añadir ni eliminar nada y en lengua árabe. Puede efectuarse en cualquier espacio digno mediante la orientación de una alquibla simbólica hacia La Meca. El musulmán aprende a realizar la oración progresivamente y desde temprana edad, alentado por su entorno familiar y adquiriendo su hábito en los rezos colectivos.

Además de los rezos diarios y los específicos de festividades o rituales concretos, existe una exhortación especial a la plegaria colectiva del viernes (Ṣalāt al-ŷumu‘a, Qur. 62, 9-10), que ofrece beneficios espirituales superiores. La consagración de su mediodía a un rezo comunitario en la mezquita constituye una oportunidad para la renovación de los vínculos de la comunidad.

La llamada del muecín desde el alminar adquiere este significado social, que trasciende una simple convocatoria piadosa semanal. Esta reunión requiere la presencia del imām como conductor de la oración. Esta figura no es equivalente al clero de otras tradiciones. Resulta crucial que esta figura aúne una formación teológica adecuada y que goce del respeto, reconocimiento y aceptación comunitarios para convertirse en autoridad moral de referencia.

Otro aspecto esencial de esta oración colectiva del viernes es la predicación (juṭba), que desarrolla un tema social o moral, utilizando como referencia angular el texto sagrado. Estos sermones procuran relacionar los grandes principios de la fe con las preocupaciones e inquietudes que atraviesa la comunidad, actualizándolos permanentemente al contexto vivido.

Así, debido a sus evidentes connotaciones políticas, las autoridades de los países de mayoría islámica han tendido a observar muy de cerca sus contenidos. En occidente, se viene procurando que los contenidos de las predicaciones sean adecuados y compatibles con el sistema jurídico y de relación establecido con el conjunto social. Y se trata de controlar la eventual emisión de discursos contrarios a la legalidad vigente, sin menoscabo de las preceptivas garantías constitucionales de cada país.

Además del mes de Ramaḍān la oración colectiva se intensifica en momentos claves del calendario musulmán. Concretamente en seis solemnidades: al-Hiŷra (año nuevo),‘Āšūrā’ (décimo día del primer mes del año), Māwlid al-Nabī (Nacimiento del Profeta), al-ʼIsrāʼ wa-l-Miʻrāŷ (Viaje Nocturno y Ascensión), ‘Īd al-Fiṭr, ‘Īd aṣ-Ṣagīr (fin de Ramaḍān o Fiesta Pequeña) e ‘Īd al-Aḍḥā, ‘Īd al-Kabīr (Sacrificio o Fiesta Grande).

Para la correcta ejecución de los rezos, los musulmanes disponen de horarios fiables para realizar las oraciones -diarias o especiales- conforme a los requerimientos ortodoxos. Ello implica un cálculo preciso, basado en la observación astronómica, que varía según las coordenadas geográficas en las que se ubique cada comunidad. Para subsanar esta carencia es usual la publicación de horarios y calendarios adecuados a cada ciudad, o al menos por aproximación, a cada país.

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