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Cuando “El marciano” se convirtió en “Marte: operación rescate”

20th Century Fox
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El film habla de la generosidad humana: ante la tragedia y la dificultad del prójimo, no importa la complejidad del reto ni la distancia ni el coste

Hace un par de años se publicó una fascinante novela, "The martian". Ahora se anuncia la película que Ridley Scott ha rodado basándose en ella aunque por el camino al menos en España el título que parecía lógico se ha transformado arruinando por el camino parte de la intriga de la trama.

La propia historia de la novela ya merecería su propia película. Su autor, Andy Weir, es un científico que un buen día se planteó el reto de escribir una historia de ciencia-ficción que fuese lo más fiel posible a la realidad sin alejarse de una narrativa atractiva. Y vaya si lo consiguió. El autor comenzó escribiendo los capítulos y publicándolos gratis en Internet en forma de serial, con un éxito tal que a petición de los lectores dio formato Kindle al conjunto y lo publico en Amazon al menor precio posible: $0,99. Obtuvo un éxito tremendo.

El protagonista (interpretado por Matt Damon) es uno de los participantes en la primera misión tripulada a Marte. Allí les sorprende una tormenta de arena y en los preliminares de la huída del planeta resulta atravesado por un soporte de una antena. Sus compañeros le dan por muerto (su traje deja de emitir la señal que indica que sigue con vida) y parten del planeta rojo.

Pero resulta que Mark Watney (así se llama "el marciano" al que alude el título) no está realmente muerto. La referida pieza ha atravesado su traje hiriéndole en el costado, su reserva de oxígeno se agota (le queda el suficiente para apenas unos minutos), tiene el intercomunicador estropeado, sus compañeros se han marchado… y no queda ninguna nave en la que pueda escapar del planeta.

Eso sólo en el primer capítulo.

Los amantes de la aventura y la ciencia-ficción disfrutan de lo lindo con una trama que atrapa e impide permite soltar el libro. La parte científica pura y dura (sus cálculos para obtener oxígeno o alimento) es lo suficientemente precisa como para asombrarte y lo acertadamente instructiva como para no asustar ni aburrir a los menos interesados en esas cuestiones.

Y lo mejor es que está todo aderezado con unos fabulosos toques de sentido del humor y de un ingenio divertido que hacen que en cero coma desees que Mark logre sobrevivir y salir de Marte. Descubres la simpatía que despierta en ti un hombre que se ha quedado completamente solo, en un planeta ubicado a 250 millones de kilómetros, con un plazo de cuatro años para que llegase una misión de rescate y que sin posibilidad incluso de comunicarse con la Tierra nunca se rinde porque nunca pierde aquello que hace que merezca la pena luchar por la vida: la esperanza.

“El marciano” no concibe en ningún momento la posibilidad de dejarse vencer por las circunstancias más adversas que pudiera imaginarse. La odisea que atraviesa en completa soledad resulta ejemplar al no dudar ni un solo instante en que debe hacer lo inimaginable para mantenerse con vida, recurriendo para ello al mayor esfuerzo posible por parte de su intelecto, a un esfuerzo incesante y en momentos seleccionados, a un imprescindible toque de humor para que una tragedia no se convierta en un drama, aunque sin necesidad de convertirlo en comedia.
 
Por los primeros vídeos promocionales parece ser que el por desgracia irregular aunque no por ello menos genial Ridley Scott le ha tomado completamente el pulso a la mezcla entre aventura, sentido del humor (que no comedia) y fuerte carácter instructivo de la obra, así que probablemente la película le haga toda justicia y suponga un espectáculo vibrante en el cine que puede conseguir algo que creo que el libro logra sin apenas esfuerzo aparente: ilusionar por la Ciencia y provocar el deseo de que sigamos conquistando el Universo, con sincera humildad ante la infinitud de la Creación pero con el orgullo de saber que formamos parte de todo lo que existe y que no tendría sentido quedarnos encerrados en este maravilloso pero pequeño mundo.

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