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A 23 años de un milagro eucarístico en pleno Buenos Aires

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Por esos días el Papa Juan Pablo II elegía obispo auxiliar de Buenos Aires al sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio...

La presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía no se conoce por los sentidos, sino por la fe, enseña el Catecismo de la Iglesia (pto. 1381) siguiendo a santo Tomás de Aquino. Pero hace 23 años comenzaron a darse en una parroquia de Buenos Aires unos extraños acontecimientos que invitan a seguir creciendo en el amor al sacramento que “se eleva por encima de todos los sacramentos” (pto. 1374).
 
Ocurrió en la parroquia de Santa María, en Almagro, Buenos Aires. Tras la misa del 1 de mayo de 1992, cuando un ministro de la Eucaristía fue a hacer la reserva del Santísimo Sacramento encontró dos pedazos de hostia sobre el corporal del Sagrario.

Consultó al sacerdote quien le indicó que los colocara en un recipiente con agua para que se disolvieran, como está previsto en estos casos. Durante días no se observó ningún cambio pero una semana más tarde, el viernes 8 de mayo, encontraron que los pedazos tenían un color rojizo, como si fuera sangre.
 
Pero ese fue apenas el primer signo, ya que dos días después, domingo 10 de mayo, durante las misas vespertinas en las patenas que utilizaron los sacerdotes para distribuir la comunión pudieron observarse algunas gotitas de sangre.

Se informó de los acontecimientos a las autoridades eclesiásticas para que se procediera con la debida prudencia, y se fueron conservando los recipientes y la evidencia.
 
Para situar temporalmente aquellos primeros signos en mayo de 1992, sin que esto implique expresar una relación, por esos días el Papa Juan Pablo II elegía obispo auxiliar de Buenos Aires al sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio.
 
Pero los signos no acabaron allí. Dos años después, el domingo 24 de julio de 1994, durante la misa de niños, cuando el ministro de la Eucaristía destapó el copón, vio una gota de sangre que corría por el lado interno del copón.
 
Y en agosto de 1996, luego de la celebración por la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, se colocó otra hostia para que se disuelviera en agua. El 26, se descubrió que la hostia había asumido una forma similar a un trozo de carne.
 
Cada instancia fue debidamente documentada y comunicada al arzobispado de Buenos Aires, y desde él, a la Santa Sede.
 
¿La carne de Cristo?

Si bien en cada hostia consagrada está Cristo entero, en este caso donde empíricamente se observa un trozo de carne, ¿se está ante el cuerpo del Salvador?
 
Ricardo Castañón Gómez fue convocado en 1999 por el arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio a realizar una investigación sobre esa evidencia.

Según explica Castañón Gómez en conferencias, los científicos por él consultados, de diversas partes del mundo e incluso sin saber la procedencia de la muestra, aseguran que la carne era parte del ventrículo izquierdo del músculo de un corazón de una persona de aproximadamente 30 años que había sufrido mucho al morir.
 
Las conclusiones de Castañón, según expresa, provienen de consultas con distintos especialistas como Frederick Zugibe, patólogo con experiencia analizando la Sábana Santa.

Otro consultado es Robert Lawrence, médico forense experto en tejidos, quien asegura en una observación con microscopio grabada, a la que este periodista tuvo acceso, que observa presencia de glóbulos blancos en el tejido estudiado, células que si un tejido es extraído de un cuerpo y luego colocadas en agua, se disuelven a los pocos minutos. Sin embargo, las células estaban vivas al momento de ser tomada la muestra.
 
Más allá de la ciencia

Independientemente de los estudios sobre los hechos, los resultados convencerán a unos y no lo harán a otros. Pero el hecho, en cuya difusión la parroquia y la arquidiócesis han sido siempre prudentes, conmueve a quienes se acercan a enterarse más.

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